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jueves, 14 de septiembre de 2017

Tarta de merengue, LA tarta de cumpleaños









Puede que a Tolkien un anillo le pareciera suficiente razón para juntarlos a todos pero en mi familia lo único capaz de juntarnos a todos es una tarta, específicamente, la tarta de merengue. Ningún anillo por mágico que sea podrá nunca igualar al embrujo que suscita en ellos una tarta de merengue. En mi familia es la única tarta de cumpleaños que parece merecer el nombre. Yo no opongo resistencia porque los quiero pero a mi personalmente el merengue, la nata y todo este tipo de nubes de azúcar me parece que están sobrevalorados.

No es que no me gusten, los Trolls de Moria no me gustan, esto es otra cosa. A mi por ejemplo una tarta de chocolate bien hecha, es decir una tarta de chocolate que sea lo más parecido a comer una onza de chocolate de la mejor calidad me parece el cielo en un plato, es un don que con el que nací y que no parece que provenga de ninguno de mis progenitores porque detestan por igual las tartas de chocolate. Es una pena porque se me dan bien las tartas de chocolate y hasta hace poco la perspectiva de tener que hacer merengue me daba vértigo. La única razón de que haya terminado intimando con el merengue son mis circunstancias, es mi familia, porque soy consciente de que mucha gente cree que no tener la receta perfecta para una tarta de cumpleaños es un problema muy poco serio pero yo no la tenía y a mi me parecía vivir en la ignominia.

No es que me faltaran recetas de pasteles, me faltaba la receta con una nota a pie de página que dijera "mi familia ha reventado de felicidad al comer esta tarta". Y la única capaz de hacerlo es la maldita tarta de merengue. Lo bueno de todo esto es que ya la tengo, de hecho hace ya casi un año que la tengo y cada vez que la vuelvo a hacer me reafirmo en la necesidad de compartirla con todos vosotros.

La tarta en cuestión es una variante de lo que en mi familia se considera la madre de las tartas, la Colineta. Es una tarta  que tengo fuertemente asociada a mi infancia que consiste en un  bizcocho almibarado cubierto de crema de yema y merengue. Y dicho así no suena ni la mitad de solemne y maravillosa que es.



Mis tíos y abuelos solían comprarla en una pequeña pastelería de Ondarroa siempre que la ocasión lo pidiese. Hasta que intenté hacer merengue por primera vez no comprendí bien porque ninguna de las reposteras de mi familia se atrevía con la colineta. La verdad es que la primera vez que hice merengue me fue muy mal, lo hice porque era valiente pero al igual que Jon Snow no sabía nada.

Hice un merengue francés que supuestamente era el más sencillo. Primero hay que batir las claras hasta que empiecen a espumar y después añadir el azúcar poco a poco. Al principio me pareció que quedo precioso pero en cuanto lo decoré la tarta comprendí que el barco se hundía. El merengue francés no sirve para decoración de bizcochos, no es suficientemente estable, yo lo aprendí así. Después lo intenté con el italiano, el merengue más estable que hay, pero sin termómetro porque la valentía del ignorante seguía conmigo y  creía que había entendido lo del punto de bola floja pero no. Me salió mal. Después quemé la batidora. Después me compré una batidora mejor y descubrí el merengue suizo y todo el ciclo de catastróficas desdichas terminó, más o menos.


¡Hola!Bienvenidos a mi nuevo programa de cocina, "
¡Creando un puto desastre gigante con Natalie! 

Me contaron una vez que la tía de mi pareja, que no tenía batidora, solía usar el brazo de su hijo para hacer merengue y que le iba animando con voz autoritaria mientras lo hacía "¡más fuerte!, ¡más rápido!" No todo el mundo comprende la agonía del chico, lo sé, uno debe haber intentado al menos una vez hacer merengue a mano para entenderlo, es un proceso largo duro y cruento al menos para aquellas personas que, como yo, tienen el biceps más fofillo y tierno que fornido. Desde que escuché aquella historia cada vez que tengo que apostar algo con mi pareja  apuesto a que si pierde tiene que hacer merengue a pelo. Nunca se ha atrevido que no es lo mismo que decir que nunca ha perdido, porque si que lo ha hecho.

Lo cierto es que mi batidora suele trabajar al menos 10 minutos para conseguir el punto del merengue. A velocidad media-alta y por eso no recomiendo a nadie hacerlo a mano si no le va la vida en ello.

Como he dicho básicamente hay tres tipos de merengue: el francés, el suizo y el italiano. El más sencillo y el menos estable es el francés hay que usarlo de inmediato es ideal para hornear. El merengue suizo es más estable que el francés para hacerlo hay que calentar las claras junto al azúcar al baño maría hasta que el azúcar se haya disuelto y después montarlo. A mi me gusta porque es muy fácil de hacer, es decir es difícil que salga mal, y aunque lo ideal es consumirlo el mismo día mantiene la dignidad de un día para otro e incluso más. El merengue italiano por otro lado, es la mejor opción para decorar tartas el azúcar se añade a las claras en forma de almíbar caliente por lo que las claras se cuecen ligeramente y el merengue adquiere más cuerpo.*

Esta vez he decidido compartir la receta del merengue suizo porque me parece que es perfecto para quitar el miedo, nunca sale mal y al principio esto es importante. Porque soy una gran fan de Beckett y su frase: "Lo intentaste. Fracasaste. Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor"es uno de mis lemas en la vida. Se aprende fracasando mejor, pero a veces podemos ahorrarnos ese engorro y no hace falta fracasar con el merengue la primera vez, a veces sale bien y cuando sale bien y plantas una montaña de un impoluto blanco geométrico en la mesa y ves que todos los ojos empiezan a parpadear como si estuvieran mirando al sol de una primavera que ha estallado de golpe te das cuenta de que hasta dos manos izquierdas pueden hacer este mundo un poco más bonito.




Mi intención era hacer una colineta clásica como ésta de Lekeitio que sale en esté capitulo de no es país para sosos. Pero no ha podido ser.



El tema es que cada vez que intentaba hacer algo parecido, escuchaba una voz en off que decía "le falta fruta".  No es que escuche voces, es la criatura con la que vivo que desde que le enseñé el arte de la crítica gastronómica a demostrado un talento innato para ello. A veces me arrepiento de haber alimentado la fiera pero está vez admito que tenía razón  y que el bizcocho almibarado con crema y merengue necesita un poco de ese frescor acidulce que le dan las fresas. Esta es una tarta para paladares europeos para paladares que saben bien lo que es una tarta con fundamento, una tarta con actitud, presencia y modales. Espero que os guste tanto como a mi familia.  







viernes, 23 de enero de 2015

Los pastelitos de limón de juego de tronos



Cuando terminé de ver todas las temporadas de juego de tronos en poco más de un mes y me puse a buscar la receta de los pastelitos de limón preferidos de Sansa Stark tenía más o menos asumido que era una pequeña friqui. Cuando descubrí que Chelsea Monroe-Cassel y Sariann Lehrer, dos mujeres bostonianas, no sólo tenían un blog de cocina,  "The inn at the crossroads" (La posada en la encrucijada), dedicada exclusivamente a los banquetes de juego de tronos sino que habían publicado un libro entero, "Festín de hielo y fuego",  sobre el mismo tema, y con bastante éxito, descubrí que lo mio era, de hecho, bastante trivial. Que me hiciese inmediatamente con un ejemplar del libro y que estos pastelitos sean tan solo un ejemplo de las recetas inspiradas en los siete reinos que vendrán a parar al blog es algo que a nadie debería de sorprender.

El libro en cuestión es un recetario inspirado en su mayoría en técnicas de la Edad Media, en el que los platos están divididos por reinos. Cada uno de ellos viene acompañado por una cita del libro en la que aparecen. Cuenta además con un prologo escrito por el mismisimo George R. R. Martin, en el que confiesa su total ineptitud en la cocina. Por soprendente que parezca dice ser incapaz de cocinar nada más sofisticado que los huevos con bacon del desayuno. Lo creas o no, el autor cuya obra ha inspirado un recetario de cocina completo, jamás cocinó ni uno solo de los platos que describe con meticulosa puntualidad en sus libros al igual que tampoco mato de verdad a todos esos personajes. Si lo hubiera hecho sería uno de los mayores asesinos en serie de la historia conocida.

Los 284 aasesinatos de juego de tronos de manera grafica.

Todos sabemos que la piedad, la compasión y la justicia no se cuentan entre sus muchas cualidades. Yo aún no me había recuperado del todo de la dramatica caida de Dumbledore cuando Martin, el compasivo, decidió clavar la cabeza de Edd Stark en un pica. Después de eso la hostilidad siguió en aumento hasta el punto de que he llegado a estar convencida de que no quedará un solo personaje vivo para el final.

Por esta cualidad tan suya de querer acabar con toda su obra Martin ha sido nombrado mayor troll de la literatura, seguido muy de cerca por otro gran aguafiestas llamado William de apellido Shakespeare.



"Aquí tengo la lista de los personajes que mataré. Son basicamente todos vuestros favoritos."



Al ser interrogado por el porqué de su sadismo responde que el lo que busca es sorprender a los lectores, que tengan miedo de pasar la página, y que jamás olviden que su héroe corre peligro, que se acerca el invierno y se está librando una guerra.

Gracias a la tecnologia y el extraño habito que tiene la gente de grabarse mientras ve la tele, es posible ver las reaccciones que suscitó la emisión de su espantosa "boda roja" (red wedding). 



Nadie lo invita ya a ninguna boda.

Otra de las raras cualidades de Martin es el gusto por describir los aspectos más viscerales y humanos de sus personajes sin filtro alguno. Muchos de sus lectores se han mostrado ofendidos con la concrección a la que llegan sus escenas de sexo y muchos más aún han sentido la necesidad de levantarse a comer algo durante el relato minucioso de alguno de los banquetes celebrados en desenbarco del rey. Porque George no se contenta con mencionar los sempiternos cafés y cigarrillos a los que los escritores nos tienen acostumbrados. Y desde luego no es el tipo de escritor que se contente con un sandwich comido de mala manera ante el ordenador. Mientras que en la mayoría de los libros la aparición de la comida es meramente anecdotica, en su obra los platos descritos con minucioso detalle, llegan a tener tanta presencia, que casi puede ser considerados un personaje más. La importancia de este hecho ya la menciono mucho antes que yo y mucho mejor Virginia Woolf:

"Hecho curioso, los novelistas suelen hacernos creer que los almuerzos son memorables, invariablemente, por algo muy agudo que alguien ha dicho o algo muy sensato que se ha hecho. Raramente se molestan en decir palabra de lo que se ha comido. Forma parte de la convección novelística no mencionar la sopa, el salmón ni los patos, como si la sopa, el salmón y los patos no tuvieran la menor importancia, como si nadie fumara nunca un cigarro o bebiera un baso de vino. Voy a tomarme, sin embargo, la libertad de desafiar esta convección y deciros que aquel día el almuerzo empezó con lenguados, servidos en fuente honda y sobre los que el cocinero del colegio había extendido una colcha de crema blanquísima, pero marcada aquí y allá, como los flancos de una gama, de manchas paradas. Luego vinieron las perdices, pero si esto os hace pensar en un par de pájaros pelados y marrones en un plato os equivocáis. Las perdices, numerosas y variadas, llegaron con todo su séquito de salsas y ensaladas, la picante y la dulce; sus patatas, delgadas como monedas, pero no tan duras; sus coles de Bruselas, con tantas hojas como los capullos de una rosa, pero más suculentas. Y en cuanto hubimos terminado con el asado y su séquito, el hombre silencioso que nos servía, quizás el mismo bedel en una manifestación más moderada, colocó ante nosotros, rodeada de una guirnalda de servilletas, una composición que se elevaba, azúcar toda, de las olas. Llamarla pudin y relacionarla así con el arroz y la tapioca sería un insulto. Entretanto los vasos se vino habían tomado una coloración amarilla, luego un rubor carmesí; habían sido vaciados; habían sido llenados. Y así gradualmente, se encendió, a media espina dorsal, que es la sede del alma, no esta dura lucecita eléctrica que llamamos brillantez, que centellea y se apaga sobre nuestros labios, sino este resplandor más profundo, sutil y subterráneo que es la rica llama amarilla de la comunión racional. No es necesario apresurarse. No es necesario brillar. No es necesario ser nadie más que uno mismo. Todos iremos al paraíso y Van Dyck se halla con nosotros: en otras palabras, que agradable le parecía a uno la vida, que dulces sus recompensas, qué trivial este rencor o aquella queja, qué admirable la amistad y la compañía de la gente de su propia especie mientras encendía un buen cigarrillo y se hundía en los cojines de un sillón junto a la ventana."  Virginia Woolf, Una habitación propia.
Pero pongamonos de humor para hacer la receta:



Se preguntó si Sansa Stark también tendría frío, estuviera donde estuviera. Lady Catelyn le había dicho que Sansa era un niña dulce a la que le encantaban los pastelillos de limón, las túnicas de seda y las canciones de caballería, pero aquella niña había visto como decapitaban a su padre y luego la habían obligado a casarse con uno de los asesinos.
Las dos primeras recetas que he utilizado para hacer los pastelitos de limón son muy distintas entre sí. La primera proviene del recetario oficial de juego de tronos que he mencionado anteriormente. Es una receta medieval simple y directa y el resultado deja bastante que desear. Yo solo la recomendaría a fanses de juego de tronos ya con carné y todo o a personas a las que le gusten los pasteles muy rudimentarios que se parecen sospechosamente en todas sus cualidades a las galletas. 


La otra pertenece al chef Tom Colicchio que fue el encargado de diseñar el menú de las furgonetas de comida (food-trucks) de juego de tronos que se desplegaron por distintas ciudades de Estados Unidos para la promoción de la última temporada de la serie. Sé lo que  estás pensando. ¿Es qué tienen una furgoneta de comida para todo? La respuesta es sí, la tienen. 

Dentro del menú que se servía en las furgonetas estaban la trucha crujiente con salsa de almendra y mostaza, el conejo al horno... y por suspuesto los pasteles de limón que puedes probar en casa haciéndolos tu mismo con muy poca dificultad. Al hornearlos se dividen en dos, un bizcocho ligero en la parte superior y una crema de limón sedosa en el fondo. Parece magia pero en realidad es una tontería y si no te disgusta el limón te encantarán.






miércoles, 31 de diciembre de 2014

Cupcakes de terciopelo rojo con frosting de queso crema y feliz año nuevo





Dijo Huxley que "62.400 repeticiones hacen una verdad" y el hotel Walforf Astoria de Nueva York lo sabe muy bien, ya que lleva desde la década de los cincuenta, y sin éxito aparente, desmintiendo una leyenda urbana que concierne a su tarta de terciopelo rojo (red velvet cake en inglés) también conocida como "tarta Waldorf Astoria" o "tarta de 300$". La leyenda dice así. Una huésped del hotel quedo tan gratamente sorprendida con su porción de tarta que pidió al camarero si por favor podría conseguir la receta. El camarero raudo y veloz corrió a explicárselo al chef y unos días después la señora recibió una carta con el recibo del hotel y la carísima receta escrita por el chef de su puño y letra. 300$ le costo la tontería. La señora horrorizada decidió amortizar la inversión  y aireo la receta a los cuatro vientos de manera que no quedará persona en el mundo que no tuviera acceso a ella. Bastantes décadas después, en 2006, el Waldorf Astoria se decidió a publicar sus propias recetas en un libro, The Waldorf-Astoria Cookbook, que contiene 119 recetas de su restaurante y además la receta de la tarta de la discordia, el "red velvet cake" que sigue presente en su menú hasta día de hoy. El libro se puede adquirir por el módico precio 35$, a aquella señora debió disgustarle soberanamente la noticia. 

Nadie sabe a ciencia cierta quien tuvo la brillante idea de teñir la tarta de rojo intenso con colorante artificial  pero lo que sí se sabe es que no fue el hotel Waldorf y que sucedió alrededor del año 1959. La tarta de terciopelo -sin el adjetivo rojo- sin embargo, data de antes, del periodo posterior a la guerra de secessión. Aquel pastel, aunque jugoso y suave era de color marrón, no rojo, y por tanto, tampoco es cierto que sea rojo porque originalmente se hacia con remolacha (aunque se podría conseguir un rojo burdeos bastante respetable con ella, he aquí un ejemplo de mano de Pamela Moxley.).  Mucho más sutil es el rojo que se obtiene solamente de la reacción de los ingredientes clásicos de la tarta: cacao en polvo natural (no alkalinizado), vinagre, bicarbonato y un líquido ácido (como el buttermilk). A pesar de ello muchos afirman que es este el origen del nombre "terciopelo rojo" del pastel, no el rojo intenso de hoy en día, sino el apenas apreciable color marrón rojizo de una tarta de chocolate.


Con los colorantes disponibles hoy en día es fácil teñir la tarta de un color rojo espectacular al que nadie, excepto los quimiófobos, pueden resistirse. Y es que una tarta de chocolate roja, esponjosa y aterciopelada cubierta con un cremoso frosting blanco que resalta aún más su enigmático color es sin duda un pecado que muy pocos podrán resistirse a cometer. 

Me arrepiento de no haberla hecho antes, pero jamás pensé que me gustaría tanto una cosa tan bonita de ver y admitó que me decepciono un poco que no tuviera trampa ni cartón y que su aspecto sea tan apetecible como su sabor.  Éstas navidades han sido para mi la excusa perfecta para prácticar e hincharme a hacer este pastel. Hasta el día de hoy he hecho dos tartas con sus frosting y sus dos pisos y algo más de 2 docenas de cupcakes. Creo que ya he tenido suficiente para un tiempo aunque no estoy segura de que los que los han probado piensen igual porque han conquistado a todo el mundo, incluso a mi padre que le tiene cierta animadversión a la tarta de chocolate. Y es que aunque se dice que es de chocolate, el sabor del mismo es más sutil y anédotico que contundente.

Es una tarta perfecta para cualquier ocasión, un cumpleaños, San Valentin, Navidad e incluso una boda. Y mira que es difícil pero currándotelo un poco podrías hacerla incluso fea (opinión pesonal) dándole forma de armadillo como la tarta de boda de Julia Roberts en Magnolias de acero.



Yo, de momento, prefiero mantener las cosas simples y no complicarme la vida haciendo armadillos, ni ardillas, por eso he optado por compartir la versión en el formato más práctico que hay, el individual, el cupcake. (Si prefieres hacer una tarta solo tendrás que duplicar las cantidades y hornearla p.j. en un molde de 26 cm o en dos de 18 cm si los tuvieras. El tiempo de horneado será algo superior al indicado para los cupcakes y variará dependiendo del grosor de la tarta y del tipo de horno- Sabrás que está lista con el sofisticado método de insertar un palillo en el centro del pastel y comprobado que salga limpio.)

Espero que os gusten tanto como a nosotros. 

Feliz Año Nuevo.



viernes, 6 de junio de 2014

Hummingbird Cupcakes o cupcakes que no duran mucho




Recuerdo perfectamente la primera vez que vi un colibrí. Yo miraba a través de la ventana de un cuarto misnúsculo de los Estados Unidos. Por la ventana se podía ver un pequeño jardín privado presidido por un enorme árbol que bloqueaba cualquier paisaje más allá de él y del que ya no recuerdo más que su enormidad. Barruntaba yo melancólicamente, lo que sospecho que eran problemas insustanciales de adolescente, cuando de la nada apareció un simpático colibrí a beber del  bebedero para colibríes que teníamos en la casa. Y supe entonces, por qué lo teníamos. Pues aquel pájaro minúsculo, con su pequeño corazón latiendo mil veces por minuto y ese enigmático levitar me pareció un espectáculo digno de ver todos los días de nuestra vida. Lamentablemente la visita fue breve, pues los colibríes parecen siempre muy atareados y nunca se quedan quietos por mucho tiempo en un lugar. 

Si hay, en todo el reino animal, un pájaro que merezca dar nombre a una tarta ese es el colibrí o "Hummingbird" en inglés. La mayor parte de la dieta de este pequeño animal consiste en azúcar que obtiene a tráves del néctar de las flores; y además, no se contenta con cualquier néctar, debe ser uno con un 25% de contenido en azúcar y nunca menos de un 12%. Condición que la tarta "Hummingbird", cumple sobradamente. Esta tarta es un clásico del sur de los Estados Unidos, que contenta a todos los paladares y es sin duda merecedora de su nombre. Se dice, que es tan dulce que ni los colibríes pueden resistirse. 

Aunque realmente nadie sabe muy bien de donde proviene el nombre y además también es conocida con otros como: "Granny's best cake" (La mejor tarta de la abuela), "Nothing Left Cake" (La tarta de la que no queda nada), "Jamaican Cake" (tarta jamaicana) o "Cake That Won't Last" (tarta que no durará mucho). Todos ellos, nos dan una idea de que hablamos de una tarta esencialmente irresistible. 


El motivo de que sea más conocida como Hummingbird Cake, es que la tarta saltó a la fama en febrero de 1978 gracias a una edición de la revista "Southern Living". Aquella receta, que es considerada la original, la envió la señora L.H. Wiggins, que si no me equivoco, es la mujer de la foto. A partir de entonces se convirtió en la receta más demandada de la revista y solo recientemente a sido superada por otra favorita del sur de los Estados Unidos: la tarta de coco. Podéis leer la receta original, en inglés, aquí

No solo esta buenísima sino que además es también muy fácil de hacer (ni siquiera es necesario tener una batidora) y es una de las favoritas para reuniones en las que hay que alimentar a mucha gente porque se conserva y congela muy bien y además se debe servir en pequeñas porciones, porque la riqueza del bizcocho junto al frosting hacen que sea más saciante de lo habitual. 

Yo he optado por el formato cupcake en honor a los colibríes y su encantadora pequeñez. Y he usado la espectacular receta del blog DeNikatessen (un poco más elaborada que la original). Los cupcakes estaban deliciosos y han volado con la misma celeridad que los pajaritos que les dan nombre.


{RECETA DE HUMMINGBIRD CUPCAKES}

 INGREDIENTES (Para 10-12 cupcakes)
Para la base:
  • 1 cup (130 gr.) de harina de trigo común
  • ¼ cucharadita (tsp) de bicarbonato sódico
  • ¼ cucharadita (tsp) de canela 
  • ⅛ cucharadita (tsp) de sal
  • 1 huevo mediano
  • ½-⅔ cup (100-135 gr.) de azúcar blanco*
  • ¼ cup (60 ml.) de aceite de girasol
  • ½ cucharadita (tsp) de extracto de vainilla
  • ⅔ cup (150 gr.) de plátano maduro machacado (aprox. 1 plátano grande )
  • 75 gr. de piña machacada (en mi caso piña de lata en su jugo)
  • ¼ cup (20 gr.) de coco seco rallado
  • ⅓ cup (35 gr.) de nueces pacanas picadas (en mi caso nueces normales)
Para el Whipped Cream Cheese Frosting:
  • 200 gr. de queso tipo Philadelphia
  • 100 gr. de azúcar glas
  • ⅓ cup (80 ml.) de nata para montar (35% m.g.)
  • ½ cucharadita (tsp) de extracto de vainilla
Para la decoración (opcional)
  • Semillas de amapola o nueces picadas

PREPARACIÓN

1. Precalienta el horno a 175º C, con la rejilla en el centro del horno, y prepara los moldes de papel.

2. Tamiza la harina, la canela, el bicarbonato y la sal en un bol mediano. Reserva.

3. Aplasta con un tenedor el plátano hasta obtener un puré fino. Reserva.


4. Machaca o pica la piña con un tenedor o un cuchillo hasta conseguir trocitos muy pequeños. Reserva la piña junto al jugo que ha soltado al trocearla.


5. En un bol grande, bate el huevo con el azúcar hasta obtener una crema espesa de color pálido (2-3 minutos)




6. Añade el extracto de vainilla y el aceite y continua batiendo hasta que se hayan incorporado.


7. Añade el plátano, la piña (con su zumo), el coco y las nueces. Bate hasta que queden bien distribuidos.




8. Incorpórala la harina a la mezcla con ayuda de una espátula hasta obtener una mezcla homogénea.



9. Con ayuda de una cuchara o manga pastelera, rellena los moldes y hornea durante 18-20 minutos o hasta que al insertar un palillo en el centro del cupcake, éste salga limpio.


10 Saca el molde del horno y deja que repose 5 minutos antes de desmoldar. Después deja que se enfríen sobre una rejilla antes de decorarlos.


11. Para el frosting. Tamiza el azúcar glas.


12. En un bol mediano bate el queso junto con el azúcar a velocidad media-alta, hasta obtener una mezcla cremosa. (1-2 minutos).



13. Añade la nata líquida y extracto de vainilla. Continua batiendo hasta que la crema se vuelva suave y espesa. (2-3 minutos.).


14. Cubre el bol con plástico y mételo en la nevera hasta el momento de decorar los cupcakes.

15. Decora los cupcakes con ayuda de una manga pastelera y espolvorea unas cuantas semillas o nueces sobre el frosting.



NOTAS

*La cantidad de azúcar dependerá del tipo de plátano y piña que utilicemos. Cuanto más dulces sean menos azúcar necesitaremos. 

1. Debido a que los sabores de estos cupcakes son delicados y sutiles es recomendable utilizar aceites muy suaves y descartar los de oliva.

2. El coco, se puede omitir y la piña, si es de lata, es preferible utilizar la que viene en su jugo en vez de en almíbar.

3. Los cupcakes se conservan bien unos días en la nevera.

4. Las semillas de amapola, las compré en la sección "bio" de un supermercado grande. 

viernes, 21 de marzo de 2014

Tarta Tatin de tomate cherry de Lorraine Pascale




"Las cosas claras y las tartas dulces" es un proverbio, apócrifo, que resume mi opinión sobre las tartas saladas. Dicho esto, el día en que vi a Lorraine Pascale hacer esta preciosa tarta de tomate salada, vestida con su también precioso e impoluto color blanco y su preciosa sonrisa brillante, me conquistó y no pude resistir la tentación de hacerla. 

Mi opinión sobre las tartas saladas no ha cambiado aunque puedo decir que ésta, que está a mitad de camino entre lo salado y lo dulce, me ha ayudado a ser más tolerante y a disfrutar con ellas. La verdad es que está buenísima y además es extraordinariamente fácil de hacer.

En cuanto a lo de Tatin, la peculiaridad de esta tarta es que se hace al revés. Es decir, que se hornea con la masa arriba y el relleno debajo y se le da la vuelta después. Según la wikipedia, que todo lo sabe, su creación se debe a un accidente muy afortunado:
"La tradición dice que el Tarte Tatin fue creado por accidente en el 'Hotel Tatin' en Lamotte-Beuvron, Francia en 1889, lugar del que deriva el nombre. El hotel era regentado por dos hermanas, Stéphanie Tatin (1838–1917) y Caroline Tatin (1847–1911). Existen múltiples versiones acerca del origen de la tarta pero la historia más aceptada menciona que un despiste de Stéphanie Tatin hizo que se cocinaran más de la cuenta las manzanas, y para no desperdiciarlas le pusieron la pasta encima y la hornearon, y después le dieron vuelta con cuidado, dando lugar a esta variante tan conocida en la cocina francesa." Wikipedia




{RECETA DE TARTE TATIN DE TOMATE CHERRY DE LORRAINE PASCALE}


INGREDIENTES
  • Una lámina de hojaldre
  • Tomates cherry maduros 
  • 2 cucharadas soperas de aceite de oliva
  • Una pizca de sal
  • Pimienta negra molida (al gusto)
  • 1-2 cucharadas de miel
  • 2 cucharadas de pan rallado
  • Un poco de harina 
  • Un huevo batido (para pincelar)
  • Un ramillete de albahaca fresca o un poco de albahaca seca.*  
  • Cebollino picado

PREPARACIÓN

1. Precalentamos el horno a 200 ºC

2. Cortamos el hojaldre del mismo diámetro que el molde o sartén que vayamos a usar.



3. Colocamos, los tomates en una sartén o molde aptos tanto para el fuego como para el horno. Cuanto más ordenados y juntos coloquemos los tomates mejor quedará la tarta. Rociamos los tomates con el aceite, la sal, la pimienta negra, la miel, una cucharadita de albahaca seca, un poco de cebollino y el pan rallado. Los ponemos al fuego 2 o 3 minutos. (No será necesario darles la vuelta pues se harán en el horno)




3. Apartamos del fuego y aceitamos ligeramente los bordes del molde para que no se nos pegue el hojaldre. Después colocamos con cuidado la tapa de hojaldre sobre los tomates, metiendo hacia dentro los bordes para sellar bien la tarta. Pincelamos con huevo y horneamos durante aproximadamente 20 minutos. O hasta que veamos que el hojaldre está dorado y bien hecho.


4. Sacamos del horno y dejamos reposar unos minutos. Si vemos que la tarta tiene exceso de líquido se lo quitamos y a continuación le damos la vuelta con ayuda de un plato, como si fuera una tortilla. Estará caliente por lo que es recomendable ponernos los guantes para hacerlo y darle la vuelta en la fregadera para manchar lo menos posible.

¿Qué es ese decorado en cruz? Os preguntareis. Al tapar la tarta me he dado cuenta de que se me había olvidado el pan rallado, así que, he tenido que destaparla y al hacerlo se me ha roto un poco el hojadre. El decorado, por tanto, no es más que un apaño para intentar tapar algún que otro agujero indeseado.

5. Decoramos la tarta con las hojas de albahaca fresca o de cebollino y servimos.