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jueves, 16 de agosto de 2018

No-ensalada de salmón, aguacate, semillas de calabaza y berros






Yo nunca he ocultado mi antipatía casi clínica hacia las ensaladas. No me gustan en general. Jamás me verás pedir una ensalada en un restaurante porque no me gusta que jueguen con mis sentimientos ni con mi dinero.

 Sé que mucha gente cree que la comida más saludable que uno puede comer es una ensalada. Yo discrepo, con educación y respeto, y no pretendo crear cátedra en este blog, pero una puede llevar una dieta más que saludable sin tener que andar comiendo vegetales crudos, lo digo en serio. La cocina se invento por algo. Pero si Nigella Lawson abriese un restaurante podría darse el caso improbable de que me vierais pedir una ensalada  porque llevo un tiempo obsesionada con su ensalada de aguacate, y ahora con esta de salmón. Yo las llamo no-ensaladas. Y las celebro con la misma demencia con la que el sombrero loco celebraba los no-cumpleaños. O como diría Italo Calvino las hago durar y les doy espacio.

"El infierno de los vivos no es algo que será; hay uno, es aquél que existe ya aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Dos maneras hay de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de no verlo más. La segunda es peligrosa y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacerlo durar, y darle espacio."

 Italo Calvino, Las ciudades invisibles. 




Pasemos a otro terreno pantanoso. El del salmón. El salmón es un pescado que tiene muy buena publicidad y le gusta a mucha gente. A mi de pequeña me parecía que olía a trastero. Como a sudor o a humedad. Con el tiempo se me ha pasado y lo como muchas veces. Pero es un pecado que me cansa con una facilidad que no supera ningún otro. 

Si los dioses tuvieran que imponerme una pena como la de Sísifo bien podrían en vez de castigarme a subir una piedra hasta lo alto de la montaña para verla caer instantes después, castigarme a comer un trozo de salmón para ver que resurge en el plato igual al que me acabo de comer. 

Aunque no lo parezca, me gusta el salmón pero como lo como habitualmente me gusta cambiarle el sabor. No me gusta que el salmón salmonee, por así decirlo. Lo marino en cítricos, en miso etc y así parece que es otra cosa cada vez. Desde que hice esta ensalada por primera vez además, lo hago siempre hervido. Sé que suena terriblemente aburrido. Salmón hervido. No gracias. Pero te prometo que este no es aburrido. He comparado comer salmón todos los días con el mito trágico por excelencia, por favor, me merezco al menos el beneficio de la duda.

El tema del salmón hervido es que es muy fácil que quede jugoso, con el interior rosado y templado no demasiado hecho pero tampoco crudo. Es cierto que pierde la costra crujiente que se crea cuando lo haces a la plancha pero cuando vives en una casa ínfima con cocina americana o simplemente no toleras bien ir a la cama oliendo a pescado es un lujo asequible porque es inodoro. Podéis llamarme doña olores, si queréis, pero a mi estas cosas me importan y me afectan.




O acaso no habéis tenido también una de esas noches en las enciendes unas velas aromáticas, te pones  el único pijama decente que tienes, te untas la cara con una  mascarilla hidrante porque te preocupa hacerte mayor y miras por la ventana un atardecer con la música relajante de jazzamor de fondo y te sientes, un poco aunque sea, como una persona respetable. Y en ese momento en que el sol llega por fin a esconderse te acuerdas de que tienes que hacer salmón para cenar y sientes como toda esa calma, esa burbuja etérea de glamour revienta al instante. No te volverá a pasar, no con esta receta. De hecho esta es una de las recetas más plácidas y más glamourosas de hacer salmón que yo conozca.

Todo empieza cuando pones el salmón en una sartén y lo cubres con agua. Oyes fluir el agua y enciendes el fuego. Esperas a que las burbujas empiecen, nada aparatoso, nada que perturbe la música, no necesitas ni siquiera encender el extractor. Después lo apartas de fuego y dejas que el salmón se haga tranquilamente mientras tuestas las pipas de calabaza y escuchas como explotan y expulsan un aroma como a pan tostado. Cojes una ensaladera la decoras con hojas verdes desmigas sobre ellas el salmón, el aguacate y viertes las pipas sobre todo ello como una lluvia. Todo en silencio. Ninguna pirotecnia nada que perturbe el atardecer que acabas de ver. Es maravilloso. Y si no me crees puedes ver el vídeo y decirme que tienes alma y  que no te has enamorado porque no me lo voy a creer. 





Yo he modificado la receta porque, como ya he dicho,  no me gusta que el salmón salmonee, me gusta darle otros sabores, como el de miso, ajo, sal vikinga, limón, mostaza... Nigella lo aromatiza al hervirlo pero a mi me parece que de esta manera no da tiempo a que el salmón se impregne de los aromas y por eso yo siempre lo marino un día antes.

 Podéis hacerlo como queráis. Y espero que lo hagáis porque os va a gustar tanto como a nosotros. Lo he hecho para mucha gente y nadie me ha dicho nunca que mi entusiasmo por ella sea infundado. Mi pareja por otro lado pierde los papeles cada vez que la hago. Le encanta. Y yo que me alegro.




sábado, 14 de enero de 2017

Ensalada de aguacate y queso feta





Nigella Lawson suele decir que la gente que cocina no es, como se suele pensar, gente de alma cándida que disfruta cebando a sus seres queridos, sino que es más bien gente con severos problemas de control. Yo no digo que esto sea siempre cierto, solo digo que en mi caso sin duda lo es.

Una de las razones por las que tomé las riendas de la cocina en mi casa es que, además de disfrutar cocinando, podía imponer a mi voluntad lo que se comía. Es una sensación fantástica, no estar a merced de nadie en lo que respecta a lo que hay de comer, especialmente para alguien que no nació con el don de comer de todo. 

Fui una niña extremadamente repelente en el tema de la comida y me siguen quedando secuelas de ello. No solo comía pocas cosas sino que las pocas cosas que comía eran sometidas a operaciones quirúrgicas de alto riesgo en las que cada componente del plato era separado de sus familiares. Mi locura llegaba tan lejos que si por ejemplo había sopa comía primero el caldo y después los fideos. El único arroz con tomate que entendía era el arroz ahogado en tomate. Apilaba el arroz en un volcán en cuyo agujero vertía el tomate. Después sumergía pequeñas porciones de arroz de manera que el único sabor que sobrevivía era el del tomate. Preguntadme cual era mi pizza favorita. Era la margarita, por supuesto y, sí, comía primero el queso y después la masa con tomate. La paella, que ahora tanto adoro, fue en tiempos la prueba terrenal del infierno espiral de Dante. Hasta el punto de que el recuerdo más lejano de la infancia que tengo es la tremenda bronca que me echó el padre de la familia con la que viajamos a Canarias porque no podía sobreponerme al trauma de tener paella para comer. La infinita tristeza que sentí sentada en aquella mesa, es el único recuerdo de Canarias que tengo, y una de las razones más profundas que afirman mi postura en contra de obligar a los niños a comer cosas que superan su madurez. Al final, lo he dicho muchas veces, aprendemos a comer de todo, algunos nacen con el don de un paladar absoluto y otros con un paladar desafinado que tenemos que educar y someter  hasta que se rinde.



Si empecé muy tempranamente a preguntarme por el sentido de la vida fue sin duda alguna a causa de la maldita ensalada. Hubo un tiempo en que no podía escuchar la palabra sin sentir que el mundo entero se hundía en un abismo sin fondo. La ensalada ha sido durante mucho tiempo mi enemigo público número uno. Representaba todo lo que en mi opinión manchaba un plato. Para empezar está el tema de que es una mezcla de muchos elementos que dependiendo del paladar casan o no.

Una ensalada es como el cajón que hay en todas las casas, el cajón para las cosas que no tienen un cajón. En el que te encuentras los tickets, los imperdibles que se pierden, alguna pila que nadie sabe si tiene bateria o no, bolis, llaves, hilos, linternas, un pin, post-its, navajas, un calcetín, un manual, un trozo de plástico que se guarda por si acaso etc. Además es el único plato en que las verduras se presentan, siempre, en su versión más perversa, crudas. Y por si no fuera pocos modales vienen perfumadas con la colonia que echa a los niños con piojos, el vinagre. Realmente no había nada peor que una ensalada para mi. Era el Grinch, el Joker, Darth Vather, Lord Voldemort y Ramsay Bolton. Digo era porque creo que lo he superado, pero realmente no. Sigo sin poder comer una ensalada normal, tengo un trauma muy grande que superar, lloré el océano atlántico yo sola por la maldita ensalada, dejadme vivir. Pero ya puedo comer algunas ensaladas, las que yo elijo, las que yo hago a mi imagen y semejanza. Esta es una de las que yo más quiero. No involucra ninguna verdura cruda porque el aguacate es un fruta, para los despistados. No apesta a vinagre sino que se envuelve en el suave terciopelo del aceite. Fue la primera receta que hice del libro Simply Nigella de Nigella Lawson y desde entonces no he dejado que pase una semana sin perder la oportunidad de comerla. Cierto que la he cambiado un poco. Nigella utiliza cebolla roja en vinagre. Por bonita que sea yo nunca he conseguido olvidar que es cebolla cruda pero esto es un tema mío y si toleras bien la cebolla cruda entonces te sugiero que hagas caso a Nigella la cortes en juliana, la introduzcas en un cuenco pequeño, la cubras con vinagre lo tapes con film y lo mantengas así durante al menos 20 minutos o más si es que lo tienes, el tiempo, porque el resultado es mejor. Parece ser que la cebolla pierde parte de la fuerza sobrenatural que tiene en su estado crudo y además, si es roja, se intensifica su color. Aunque he intentado hacer caso a Nigella, en este caso prefiero a mi amiga la cebolla frita que vale que no es tan saludable pero tampoco están los tiempos como para empezar a disculparse por freír cosas.

Como casi todas las ensaladas esta es tremendamente fácil de hacer. Con tener un cuchillo y un mano con movilidad ya es suficiente. Y todo el mundo parece satisfecho al comerla. Un amigo la describió como una ensalada "muy técnica" y por exótica que parezca jamás nadie ha objetado nada en contra de la nigella, ni siquiera aquellas personas que te sacan tarjeta roja en cuanto mencionas a mis amigas las especias. No es fácil encontrar Nigella en el supermercado, yo la compro por Internet, creo que merece la pena hacer el esfuerzo pero si no la tienes no pasa nada, el aguacate, el queso feta y la cebolla son un trío con el que disfrutareis seguro.

Espero que la probéis y os guste tanto como a nosotros.



jueves, 3 de julio de 2014

Los secretos de la ensalada china






Siempre que voy a un restaurante chino con mis amigos hay alguien que indefectiblemente pregunta a ver qué es lo que tiene la salsa esa tan buena que tiene la ensalada.  Mi pareja y mi hermana son este tipo de persona. A mi, que las salsas agridulces solo me producen placer cuando se alejan de mi vista, siempre me ha parecido muy curioso que una ensalada aparentemente tan sencilla levante en ellos tanta admiración y alabanza. Y tras años y años escuchando la misma canción por fin me he decidido a hacerla en casa, y resolver el misterio de una vez por todas. Al fin y al cabo, es solo una salsa. 

Lo único que verdaderamente temía es que tuviera ingredientes demasiado exóticos y difíciles de encontrar como diente de dragón, lágrimas de anguila o setas del Fujiyama. Afortunadamente no es el caso. Los encontré todos en un solo supermercado chino y a un precio bastante razonable. El resultado ha sido un éxito rotundo, según dicen los dos locos puestos en el tema, la salsa ha quedado igualita que la del restaurante. 

Uno de los ingredientes que he notado que no se incluye en muchas recetas de esta salsa que circulan por la red y que yo si incluyo en la mía, porque la "original" lo lleva, es el Ajinomoto. Quizá se deba a la polémica existente sobre el uso perjudicial de este ingrediente o a que puede no resultar fácil encontrarlo o al desconocimiento del uso del mismo. Yo jamás lo había utilizado antes para cocinar pero por lo que he leído si que lo he comido incontables veces ya que es un potenciador del sabor presente en muchos de los alimentos preparados, embutidos, snacks etc que consumimos habitualmente.  Joseph Zárate Salazar tiene un artículo muy interesante sobre este misterioso ingrediente en el que nos cuanta la historia bastante reciente de su descubrimiento: 

"Kikunae Ikeda era un profesor de universidad hasta que se volvió rico y prestigioso. «En las escuelas de Japón, lo recuerdan hasta hoy como uno de los diez inventores más grandes de la isla», cuenta el señor Nara. A principios del siglo XX, Ikeda era un bioquímico japonés de gafas y bigotes prolijos que descubrió que el glutamato era el aminoácido (la molécula orgánica constructora de las proteínas) que le daba ese sabor delicioso a la sopa de verduras y tofu que le preparaba su esposa. Ella le contó que su secreto era el kombu, un alga que al hervirse en agua produce dashi, un caldo rico en glutamato muy tradicional en Japón. En el laboratorio de la Tokio Imperial University donde enseñaba, Ikeda extrajo el glutamato del kombu y concluyó que este aminoácido dejaba un sabor particular en la lengua que no era salado, ni dulce, ni ácido, ni amargo: los cuatro sabores básicos que ya se conocían y que los libros de anatomía antiguos ubican erróneamente en las distintas regiones de la lengua. Se trataba de un quinto sabor al que llamó «umami», una palabra japonesa que significa «sabroso».
Pero Ikeda no estaba inventando nada: el umami —según los científicos del gusto— es un sabor característico del pollo, la carne curada, el pescado, el queso parmesano, la leche materna,  la salsa de soya,  las algas y el tomate. «El umami le da cuerpo a la comida», ha dicho Gary Beauchamp, jefe de la Monell Chemical Senses Center, un instituto científico que lleva casi medio siglo estudiando cómo percibimos los sabores. «Si lo agregas a una sopa, tendrás la sensación de que pasa de ser sólo agua salada a comida». Sucede lo mismo cuando alguien agrega queso parmesano (el alimento natural con más glutamato libre en todo el planeta) a su plato de spaghetti: lo que hace es estimular los receptores umami (llamados PR1) de su lengua y enviar un mensaje de felicidad al cerebro. Como un atleta que se inyecta esteroides para aumentar su musculatura, un plato soso necesita glutamato para mejorar su desempeño en la boca de quien lo prueba. El profesor Ikeda había encontrado el componente común en los platos que le gustaba a la gente desde hacía siglos.
La receta de una preparación exquisita puede ser simple o complicada, pero triunfará con una sola molécula. Cuando Kikunae Ikeda publicó su hallazgo en la Journal of the Chemical Society of Tokyo, ya había estabilizado el aminoácido para que todos tuvieran el umami al alcance de la mano. Era una fórmula sencilla: al combinarlo con sal y agua obtuvo un cristal soluble y fácil de almacenar, el Glutamato Monosódico (MSG por sus siglas en inglés). Los cristales tienen un sabor desagradable si se los prueba solos: un gusto cárnico y concentrado demasiado gigante para una astilla tan minúscula. El profesor sabía que sólo funcionaría como aditivo, así que patentó su invento con eficiencia japonesa, se asoció con el exitoso empresario Saburosuke Susuki, y ese mismo año comenzó a vender el sazonador en una botellita roja con el nombre de Ajinomoto («esencia del sabor»)."   
Joseph Zárate Salazar, Historia Sazonada del Ajinomoto 
Con o sin Ajinomoto, y si de veras sois amantes de esta ensalada espero que la probéis porque no os defraudará. 




{RECETA DE ENSALADA CHINA}

INGREDIENTES
Para la ensalada
  • Lechuga iceberg
  • Zanahoria 
  • Agar-agar en hebras* 
  • Jamon York o gambas (en mi caso pavo)
Para el aliño blanco agridulce
  • 1/2 taza de vinagre de arroz (preferible) o vino blanco*
  • 1/2 taza de azúcar
  • 3 cucharaditas de Ajinomoto
  • 1 o 2 cucharaditas de sal
  • 2 cucharadas soperas de aceite de girasol


PREPARACIÓN

1. Prepara la salsa de aliño agridulce. Bate todos los ingredientes con la batidora durante aproximadamente 5 minutos. Deja que la salsa repose al menos 2 horas.




2. Hidrata el agar-agar en agua fria al menos 15 minutos antes de preparar la ensalada


3. Corta la lechuga iceberg en tiras finas. Para que quede más crujiente sumergela en agua muy fría.


4. Prepara el resto de ingredientes. Corta en tiras finas la zanahoria y el jamón.

5. Mezcla todos los ingredientes y aliña con la salsa agridulce justo antes de servir.

Fuentes: Mundo recetas, Receta de Salsa China
El rincon de Maribel, Ensalada china


NOTAS

*Yo compré el agar-agar  en una tienda de alimentación oriental a un precio muy económico, pero también se puede encontrar en grandes supermercados en la sección internacional o en herbolarios.

*El Ajinomoto o  glutamato monosódico se puede encontrar,  en supermercados orientales o en tiendas de alimentación Latinoamericana. También en la sección internacional de algunos supermercados. En caso de no querer usarlo se puede omitir aunque yo nunca lo he hecho.

*El vinagre de arroz se puede encontrar fácilmente en grandes supermercados y en tiendas de alimentación oriental.

1. La cantidad de azúcar se puede disminuir un poco a gusto de cada uno aunque prácticamente todas las recetas que he consultado hacen hincapié en que las cantidades de azúcar y de vinagre sean iguales.



viernes, 13 de junio de 2014

Ensalada para picnic de zanahoria, naranja y comino de Gordon Ramsay




Las zanahorias suelen ser unas meras invitadas en nuestros platos. Alegran y endulzan una infinidad de ellos sin que nunca nadie las aplauda ni las alabe. Las pobres están subestimadas. 

Segun David Leboitz, no es así en Francia, donde afirma que la ensalada de zanahoria rallada,  carottes râpées, es uno de los platos nacionales y un imprescindible en la carta de muchos bistrós y cafés. Incluso se vende al kilo en charcuterías y envasado para llevar en supermercados. 

La versión parisina de este plato es bastante sencilla y casi se limita a una pila de zanahoria rallada ligeramente aliñada con una mezcla de limón, aceite, azúcar, sal y pimienta. Y la verdad, es que la dulce y humilde zanahoria no necesita mucho más para lucir sus encantos.

Sin embargo, la versión que Gordon Ramsay propone en su programa, y libro, "Gordon Ramsay's Home Cooking " es mi favorita. Su ensalada es un poco más elaborada, aromática y contundente pero sin dejar la esencia fresca y sencilla del  plato de lado. Todos los sabores combinan a la perfección. Es dulce, ácida, amarga, aromática, crujiente y suave. Están todos los ingredientes que deberían estar y no sobra ninguno. 

Es un plato barato, fácil y sano. Perfecto para un picnic porque se puede preparar con antelación y aguantará muy bien el viaje y, por si fuera poco, esta buenísimo. 

Creo que esta receta es una de las mejores razones que se pueden dar para empezar a valorar un poco más a esta leal hortaliza con tantas posibilidades.




{RECETA DE ENSALADA DE ZANAHORIA, NARANJA Y COMINO}

INGREDIENTES
  • 5 zanahorias grandes
  • Ralladura y zumo de una naranja
  • 75 gr de pipas de calabaza
  • Pipas de girasol, al gusto
  • Semillas de amapola, al gusto (opcional)
  • 1 y 1/2 tsp de semillas de comino, tostadas
  • Una pizca de cayena seca (opcional)
  • 1 tbsp de mostaza de Dijon (o normal)
  • 1 tbsp de miel
  • 1 tbsp de vinagre de vino blanco (en mi caso de arroz)
  • 3-4 tbso de aceite de oliva
  • Hojas de cilantro fresco, aprox. 2 tbsp (en mi caso perejil)
  • Hojas de menta fresca, aprox 2 tbsp
  • Cebollino (opcional)
  • Sal marina

PREPARACIÓN

1. Lava, pela y ralla la zanahoria.


2. Mezcla en un bol grande la zanahoria, la ralladura y zumo de naranja las pipas y las semillas.


3. En un mortero, muele las semillas de comino, la cayena y la sal


4. Añade la mostaza , la miel, el vinagre, el aceite, las hojas de cilantro y las hojas de menta. Mezcla todo bien con una cuchara y echa la salsa al bol con la zanahoria. Mezcla de nuevo para que la vinagreta se reparta bien y sirve.



NOTAS

1. Todos los ingredientes opcionales no forman parte de la receta original de Gordon Ramsay. Son ingredientes que he adaptado yo.

2. La ensalada se conservará en buen estado en la nevera 2 días.

3. Para un mejor resultado, ralla la zanahoria lo más finente posible.