Mostrando entradas con la etiqueta Verduras. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Verduras. Mostrar todas las entradas

jueves, 3 de marzo de 2016

Carciofi alla giudea o alcachofas enteras fritas al estilo judeo-romano




"¿Cómo sugerir, por ejemplo, una ciudad sin palomas, sin árboles y sin jardines, donde no puede haber aleteos ni susurros de hojas, un lugar neutro, en una palabra? 
El cambio de las estaciones solo se nota en el cielo. La primavera se anuncia únicamente por la calidad del aire, o por los cestos de flores que traen a vender los muchachos de los alrededores. Una primavera que venden en los mercados."

Albert Camus, La peste.


Nunca he sido el tipo de persona que pierda los papeles con una alcachofa pero desde que conozco la existencia de los carciofi alla giudea, las alcachofas al estílo judío típicas de la Roma, las miro de otra manera. Los carciofi se confitan primero y después se fríen en abundante aceite muy caliente hasta que se abren como una flor de pétalos crujientes y color caramelo. Es un plato fantástico que se come con sal y nada más porque no hace falta más.

Elizabeth Minchilli sujetando una alcachofa romana. Foto: Elizabeth Minchilli

Las alcachofas ideales para hacer carciofi alla giudea son las de la variedad que sostiene Elizabeth Minchilli en la foto superior. Son moradas y son gigantes y francamente díficiles de encontrar en mi pueblo y alrededores.  Si sé que existen es gracias a Minchilli, que sí que es una de esas personas que pierde la cabeza con las alcachofas y además vive en Roma.

A Minchilli le gusta decir que su trabajo consiste en escribir sobre casas bonitas, comida deliciosa y gente interesante. Ha escrito un libro titulado "Comiendo Roma. Viviendo la buena vida en la ciudad eterna". No sé por qué, pero se le ve contenta. En invierno su instagram se tiñe de púrpura al igual que los mércados de Roma. Enero, febrero y marzo son un tiovivo alcachofas, pasta, expreso con helado, edificios antiguos y envidia sana. Si os gusta pasarlo mal viendo fotos edulcoradas de gente que vive mejor que vosotros, o creéis que aún no sabéis ni la mitad de lo que querríais de la comida Italiana os recomiendo que echéis un ojo a su blog  (en inglés) seguro que os quedáis.



A pesar de que no dí con la alcachofa adecuada no pude quedarme quieta y al final me conforme con hacerlo con alcachofas blancas de Tudela y no me arrepiento de nada porque  el resultado fue un éxito rotundo. Nadie merece privarse de carciofi alla giudea por muy lejos de Roma que esté. 

Para hacer este plato he confiado una vez más en Mina Holland y en su atlás comestible donde comparte una receta muy fiable y bien detallada de Jacob Kennedy para hacer las alcachofas y no morir en el intento. Debéis saber que este es el  tipo de plato para el que no es ninguna tontería contar con un termómetro de cocina o una freídora con control de temperatura. El ojo de buen cubero puede no dar el resultado crujiente esperado. No es una receta difícil pero tiene su aquel y es mejor estar preparado.


Alcachofas en un puesto romano. Foto: Elizabeth Minchilli.

Espero que las probéis y os gusten tanto como a nosotros.




viernes, 18 de diciembre de 2015

Los pimientos del piquillo rellenos de bacalao que toda navidad necesita





Todos los años sobre estas fechas todo mi mundo gira sobre la misma obsesión: los pimientos del piquillo rellenos de bacalao. Uno de mis platos navideños favoritos. Todos los años me prometo que conseguiré hacer los pimientos rellenos con los que siempre he soñado y todos los años, hasta este, he fracasado estrepitosamente en el intento. Los del año pasado de sabor estuvieron correctos pero parecían estar rellenos más de argamasa que de la bechamel cremosa y casi líquida que había previsto. Lo que pasa es que en general siempre es un mal negocio hacer un plato que no dominas en el último momento y bajo la presión condescendiente de gente que entra y sale de la cocina para comprobar que en efecto, otro año más, lo has conseguido, has convertido tu cocina en un verdadero vórtice de entropía.

La planificación nunca ha sido mi mayor virtud pero este año he decidido ir en contra de mi biología y aliarme con el tiempo y mi nuevo mejor amigo, el congelador. Digamos que he madurado y que además he conseguido desentrañar la formula para hacer los pimientos rellenos de bacalao perfectos. Los pimientos con los que siempre había soñado, unos de de piel fina y sedosa rellenos de una bechamel cremosa y casi líquida en la que el bacalao lejos de tener que intuirse se manifiesta en su total grandeza. Los tengo congelados ya junto a la salsa para descongelarlos el día de navidad y triunfar sin mover prácticamente ni un dedo.


Este es un plato elaborado que requiere su tiempo. Me gusta tanto que solo concibo hacerlo para aquellos que respeto y quiero. Cada minuto invertido en su elaboración te es devuelto multiplicado en placenteras oleadas de consolación y gratitud. Yo aun no he podido olvidarme de la primera vez que los probé, fue en navidad en casa de Begoña y eran de carne y rebozados, de la vieja escuela. Fueron extraordinarios.

Hace tiempo leí una historia de la que tampoco he podido olvidarme y que me gustaría recordar ahora que viene a cuento. Es sobre una navidad distinta en el desierto del Kalahari y de un buey que solo era hueso y pellejo pero en realidad no lo era. 

Richard Lee, profesor de la Universidad de Toronto, cuenta una graciosa historia sobre el significado del intercambio recíproco entre cazadores y recolectores igualitarios. Lee había seguido a los bosquimanos durante la mayor parte del año por el desierto de Kalahari, observando lo que comían. Los bosquimanos eran muy serviciales y Lee quiso mostrarles su gratitud, pero no tenía nada que ofrecerles que no alterara su dieta normal y su pauta de actividad habitual. Cuando se acercaban las Navidades, supo que probablemente los bosquimanos acamparían al borde del desierto junto a aldeas en las que a veces obtenían carne mediante el comercio. Con la intención de donarles un buey como regalo de Navidad, fue en su jeep de aldea en aldea tratando de encontrar el buey más grande que pudiera comprar. Finalmente localizó en una aldea lejana un animal de proporciones monstruosas, cubierto con una gruesa capa de grasa. Como sucede con muchos pueblos primitivos, los bosquimanos anhelan la carne grasienta porque los animales que cazan son normalmente enjutos y correosos. Al volver al campamento, Lee llevó aparte a sus amigos y les dijo uno a uno que había comprado el buey más grande que jamás había visto y que le iba a dejar que los sacrificaran en Navidad. El primer hombre que oyó la buena noticia se alarmó visiblemente. Preguntó a Lee dónde había comprado el buey, de qué color era, cuánto medían sus cuerno, y movió después la cabeza. "Conozco ese buey -dijo-. ¡Si sólo es huesos y pellejo! ¡Tienes que haber estado borracho para comprar ese despreciable animal!". Convencido de que su amigo no sabía realmente de qué buey estaba hablando, Lee se lo confió a otros bosquimanos, encontrando la misma reacción de asombro: "¿Has comprado este animal sin ningún valor? Naturalmente nos lo comeremos -solían decir todos-, pero no nos saciará. Comeremos y nos iremos a casa a dormir con las tripas rugiendo". Cuando llegaron las navidades y se sacrificó finalmente el buey, la bestia resultó estar verdaderamente cubierta de una gruesa capa de grasa y fue devorada con sumo placer. Había carne y grasa más que suficientes para todo el mundo. Lee se dirigió a sus amigos e insistió en una explicación. "Sí, claro que supimos desde el principio cómo era realmente el buey -admitió el cazador-. Pero cuando un joven sacrifica mucha carne, llega a creerse un hombre importante o un jefe, y considera a todos los demás como sus servidores o sus inferiores. No podemos aceptar esto -continuó-. Rechazamos al que se jacta, porque algún día su orgullo le llevará a matar a alguien. De ahí que siempre hablemos de la carne que aporta como si fuera despreciable. De esta manera ablandamos su corazón y le hacemos amable." 
Marvin Harris, Vacas, cerdos, guerras y brujas.


La navidad es eso, es sobre la gente que nos pone los pies en la tierra. No sobre los regalos, ni sobre los bueyes y las angulas y los banquetes, sino sobre las personas con las que nos sentamos en la mesa y con las que abrimos los regalos. Coincidiréis conmigo en que ellas se merecen estos pimientos.

Espero que os animéis a hacer los pimientos este año y que los disfrutéis en la mejor compañía tanto como yo. Felices fiestas a todos. Zorionak eta urte berri on.



viernes, 20 de noviembre de 2015

Lasaña de berenjenas y el sindrome Garfield





Stendhal fué a florencia y quedó tan abrumado por su belleza que acabó sufriendo lo que hoy en día se conoce como el síndrome de Stendhal.
"Había llegado a ese punto de emoción en el que se encuentran las sensaciones celestes dadas por las Bellas Artes y los sentimientos apasionados. Saliendo de Santa Croce, me latía el corazón, la vida estaba agotada en mí, andaba con miedo a caerme".
Yo fui a Florencia y me perdí. Me perdí exactamente en el mismo lugar en que Stendhal sintió que la belleza de la ciudad había acabado con su vida. Donde a el le fallaron las piernas, yo dí doscientas cuarenta vueltas buscando a mi padre. Todo el rato me lo pase tranzando círculos alrededor de un mismo eje, la basílica de Santa Cruz, y a cada paso aumentaba dentro de mi un sentimiento de orfandad cada vez más claro. No, yo no sufrí ningún síndrome de Stendhal, solo un pequeño ataque de pánico. Al final encontré a mi padre sentado en un banco con cara de tener la hija más extraña del mundo, el sostiene que había estado allí todo el rato, pero a día de hoy todavía no me lo creo. 

La semana  pasada sí que sufrí un síndrome provocado por la belleza que contemplaba pero no tuvo nada que ver con ningún museo, ni ninguna majestuosa catedral, ni con ninguna de las 7 artes. Fue mientras veía YouTube, uno de los últimos programas de Robin Food. David de Jorge preparaba una lasaña de berenjenas que al principio no me llamó demasiado la atención pero que a medida que iba tomando forma, alzándose como una catedral deliciosa capa, sobre deliciosa capa, sobre deliciosa capa, senti como me ponía en contacto cada vez más con mi gato interior. Al ver aquella cosa salir del horno afloró en mi toda la glotonería de Gardfield ya con toda libertad. El sindrome Garfield se había apoderado de mi irremediablemente así que al día siguiente me faltó tiempo para correr a comprar unas berenjenas, unas láminas de pasta para lasaña y un poco de queso ricotta. Volví a casa con la sensación de estar en el camino correcto.



Sabía que nada saldría mal pero por si acaso procuré contar con la compañía de Nina Simone "Birds flying high you know how I feel. Sun in the sky you know how I feel. Ouh. I'm feeling goooood" Saqué el tomate casero y los pimientos caseros que hace la familia de mi novio todos los años y todo fue viento en popa. Los pimientos no estaban en la receta pero a mi me encantan así que improvisé. Además tuve la suerte de contar con la presencia inesperada de mi tía que vino a comer el día correcto, el día de la lasaña.



Como era de esperar nos gustó mucho a todos. Es una de las mejores lasañas de verdura que he comido nunca y el hecho de que sea tan ligera solo suma puntos.  La combinación de sabores funciona como un reloj y el sabor es francamente superior a lo que uno esperaría de una cosa hecha enteramente de vegetales. Si te cuesta comer tu ración de verduras este es uno de esos platos que te interesa añadir a tu dieta. La receta es muy sencilla la pura verdad es que lo más difícil es tener el auto control necesario para no sacarla del horno demasiado pronto. 





Espero que la probéis y os guste tanto como a mi. Estoy segura de que si la hacéis una vez de ninguna manera será la última. 










miércoles, 25 de marzo de 2015

El famoso hummus extra cremoso y extra fácil



Nació en el creciente Fértil, también conocido como la cuna de la civilización, lugar donde se considera que se originó la revolución neolítica en Occidente y se inventarón la rueda, la agricultura, la escritura o el vidrio. Ya era guay en los tiempos de la biblia y dicen de el que es sexy, humilde, elegante, polémico, extraordinariamente sano, capaz de solucionar el conflicto de oriente medio y mucho más viejo que Matusalén. Es el nuevo mejor amigo de los deportistas, el antidepresivo más barato y los vegetarianos no sabrían vivir sin el. Habló del hummus, la pasta de garbanzos de origen árabe de la que todo el mundo habla.



Hummus, en árabe, significa literalmente "garbanzo". El nombre completo del plato que conocemos como hummus es "ḥimmaṣ bi ṭaḥīna" que significa "garbanzos con tahina" o garbanzos con pasta de sésamo. Es muy probable que lo estés pronunciando mal, por cierto, porque la hache no es muda sino aspirada, se pronuncia "jummus" y la manera tradicional de comerlo es cogiéndolo con pan de pita del recipiente que se comparte con el resto de comensales. 

Además del garbanzo y la tahina los ingredientes básicos del hummus tradicional son el limón, el ajo y el aceite de oliva en cantidades variables según el gusto del cocinero y del país en el que se elabore. Además suele aderezarse con especias como el comino y el pimentón y aquello que nos gusta llamar nuestro toque personal.


Cuenta el ministro de Turismo de Líbano que en su país es un plato tan omnipresente que  los camareros casi ni te preguntan si lo quieres: dan por hecho que lo vas a tomar. Tanto es así que oriente ha asistido al nacimiento de un nuevo tipo de restaurante especializado, dedicado exclusivamente a su elaboración: las hummuseras. El debate sobre cual de ellas hace el mejor hummus es tan popular allí como lo es aquí el de qué bar hace el mejor pincho de tortilla.

Aunque poco se sabe sobre su origen, y por si israelies, palestinos y libaneses no tuvieran ya suficientes guerras que atender , los tres pueblos llevan años peleándose también en el ámbito gastronómico por la paternidad del hummus.
La guerra comenzó cuando Israel empezó a exportarlo como si fuera un invento nacional propio. Entonces Líbano decidió demandar a sus vecinos por ello ante la justicia internacional. No se oponían a que el plato se denominara como una “especialidad de Oriente Próximo”, pero calificaban de “increíble” que Israel se arrogara la invención del mismo. (El comidista)
Pocos años después de que Israel consiguiera el récord Guiness del plato de hummus más grande jamás creado, Líbano, decidido a no ceder un palmo, se lo arrebató elaborando un mastodonte que duplicó en tamaño, al de sus adversarios. 10452 kilos pesó la broma que tuvo que ser elaborada por 300 cocineros a los que les sobró tiempo para hacer un árbol, bastante apañado, de decoración.

Record guiness Libarnés. 300 cocineros, 8 toneladas de garbanzos, 2 toneladas de tahina, otras 2 toneladas de zumo de limón y 70 kilogramos de aceite de oliva.
Todo esto que parece una chiquillada de patio de colegio del estilo "eres tonto" "y tu más", es en realidad un asunto bastante serio y además de motivos políticos esconde tras los camerinos un negocio que tan solo en los Estados Unidos alcanza ya los 4000 millones de dólares y subiendo. 2/3 de las empresas que se están haciendo las maletas gracias al hummus son empresas israelíes, lo que no ayuda a calmar los ánimos de sus vecinos.

Por si fuera poco, allende los mares, el hummus también es motivo de un intenso debate y de que algunos activistas la líen gorda en los supermercados al son de Lady Gaga, contra el hummus que Sabra and Tribe ,empresa israelí, comercializa allí. El resumen de su proclama es más o menos este: "Deja de comprar, deja de comprar, Sabra and Tribe. Apoya el boicot, no compres al apartheid israelí." 




Está claro que el hummus levanta pasiones y pocos lo saben mejor que Trevor Graham, cineasta estadounidense autor de la película llamada  "Make Hummus Not War" (Haz hummus no la guerra) donde juega con la idea de un oriente unido por los garbanzos de la discordia. Graham, optimista donde los haya, cree que el hummus podría ser el lazo de unión y la solución al conflicto entre los tres países eternamente enfrentados. 

La cuestión ahora es: ¿dónde se invento de verdad el hummus? y la respuesta es: ¿quién mato a Kennedy?. Es difícil aceptar que siempre habrá preguntas que la humanidad no podrá responder. Desde las más importantes ¿de dónde vengo? ¿a dónde voy? ¿cuál es el sentido de mi vida?, hasta las más idiotas ¿Por qué " separado " se escribe todo junto y " todo junto" se escribe separado? ¿por qué apretamos las teclas del mando más fuerte cuando se le acaban las pilas?. El origen de los platos tradicionales obedece casi siempre a este tipo de categoría de pregunta sin respuesta porque cuanto más se retrocede en el tiempo más se pierde la pista y más caminos se bifurcan.


Lo que se sabe sobre el origen de este peculiar paté es que la receta más antigua encontrada hasta la fecha data del siglo XII en Egipto. El escritor israelí Meir Shalev, descubrió que ya en el libro de Ruth de la Biblia se mencionaba un tal humitz, que se utilizaba como afrodisíaco y, se especula, es un posible antepasado del hummus actual. Claudia Roden, una de las máximas autoridades de la gastronomía de Oriente Próximo, opina que es bastante probable  que aquellas recetas se parecieran bien poco al hummus que conocemos hoy en día y duda que ninguna llevará tahina, limón o ajo. Roden apuesta por situar el nacimiento del hummus "moderno" algo más tarde, siglo XIX en Damasco, capital de Siria.

Una de las razones que podría explicar todo este tinglado histórico montado alrededor de un sencillo puré de garbanzos es que además de estar más bueno de lo que cabría esperar de la mezcla de un puñado de ingredientes de los más humildes es que el hummus es posiblemente una de las comidas más sanas del recetario humano. Es rico en proteínas de alta calidad y en hidratos de carbono de absorción lenta que ayudan a combatir los ataques de hambre y mantiene los niveles de azúcar en sangre gracias a su bajo valor glucémico. Por esta razón forma parte importante en las dietas de muchos deportistas además de ser ideal para personas con diabetes. Contiene además altas dosis de minerales como el hierro, fósforo, potasio, calcio y magnesio además de vitamina B, niacina, ácido fólico, tiamina y riboflavina, lo que ayuda a proteger y mejorar el estado de los diferentes órganos de nuestro cuerpo y el sistema muscular y nervioso.
A los garbanzos se le atribuyó durante mucho tiempo poderes afrodisíacos, tanto es así que se pensaba en la Edad Media, en Europa, que el consumo abusivo de esta gramínea era la causante del priapismo en los hombres. (Absolum)
Por si fuera poco se ha descubierto que el garbanzo contiene gran cantidad de triptófano, un aminoacido precursor de la serotonina, el neurotrasmisor que produce, entre otras cosas, la sensación de bienestar que tanto nos gusta. Ninguno de los momentos más felices de tu vida hubiesen sido posibles sin la presencia de la serotonina.


Hacer hummus en casa, especialmente si utilizas garbanzos de bote, es de lo más tonto que hay y no tiene ningún misterio. El único problema que yo he tenido es que me haya quedado seco pero eso se arregla añadiendo más líquido durante la marcha y con esta receta que comparto hoy no sucederá, porque si el hummus debe ser sedoso, cremoso y delicioso, este sin duda lo es. Las cantidades de los ingredientes no son del todo exactas porque dependen del gusto y del humor de cada uno y porque al ser una receta tan sencilla se pueden modificar durante la marcha sin ningún inconveniente. Incluso se pueden añadir innovaciones como el aguacate para hacer hummucate o remolacha, pimiento asado, pimentón, jalapeños... Es un plato de última hora excelente y además se puede guardar en la nevera para comerlo a lo largo de la semana como aperitivo a media tarde o llevarlo a la oficina o a clase en un tupper. Es además una excelente manera de dar de comer a ese amigo vegano que nunca tienes demasiado claro por qué sobrevive y te recuerda siempre que la mantequilla no crece en los arboles.

Espero que os guste.



martes, 3 de marzo de 2015

Coliflor asada con pimentón y ajo. O coliflor para los que no les gusta la coliflor





Hay muchos trucos para que la casa entera no huela a bomba fétida al cocer coliflor pero ninguno de ellos es capaz de eliminar el sabor a hediondez que sigue desprendiendo una vez en la boca de aquel a quien no le gusta. A mi al menos nada salvo lapidarla bajo una cantidad obscena de queso me ha ayudado a desarrollar afecto alguno por la coliflor hervida. Lo peor de todo es que en casa comemos coliflor prácticamente todas las semanas porque mi hermana ha descubierto que le vuelve loca y además entra dentro de las pocas cosas que se pueden comer con su dieta. 

En busca de una manera sana y sin embargo apetecible de comer está verdura del demonio descubrí que había un club secreto de personas que asan la coliflor en lugar de hervirla consiguiendo así un tono tostado maravilloso y un agaradable sabor acaramelado muy superior al hedor de la coliflor hervida. Si a esta ecuación de horno y coliflor le añadimos además otros elementos mágicos como las especias, la salsa de soja o el ajo conseguimos sin apenas ningún esfuerzo, ni olor indeseado, obrar un milagro y hacer una coliflor apta para todos los gustos, incluso para aquellos que, como yo, intentan mantenerse tan alejados de ella como les sea posible. 

Si aún no pertenecéis al club de los asadores de coliflor os ánimo a que lo hagáis porque os aseguro que no habrá vuelta atrás.


{RECETA DE COLIFLOR ASADA}

INGREDIENTES
  • 2-3 dientes de ajo, machacados
  • Un chorrito de aceite de oliva (al gusto)
  • 2 cucharaditas de pimentón de la vera
  • Perejil fresco picado
  • Pimienta negra molida
  • Sal
Otros ingredientes que suelo añadir
  • Un poco de parmesano rallado
  • Un chorrito de salsa de soja
  • Otras especias arómaticas como: comino, albahaca...
  • El zumo de medio limón o media naranja
  • Frutos secos


ELABORACIÓN

1. Precalienta el horno a 200ºC

2. Corta la coliflor. Pela y retira las hojas verdes del tallo. Colocala boca abajo y recorta con un cuchillo la mayor parte del tronco central hasta que los ramilletes comiencen a desprenderse de manera natural. Limpia los ramilletes obtenidos y sécalos con un paño o papel absorbente.






3. Écha los ramilletes en una bandeja apta para horno (o sobre papel de horno) y añade el resto de ingredientes. Remueve bien.



4. Hornea durante veinte minutos removiendo de vez en cuando para que se tueste por todos los lados sin que llegue a quemarse.

5. Sirve con perejil fresco picado un chorrito de aceite, salsa de soja o con la salsa de tu elección. Es un excelente acompañamiento para carnes o pescados asados.


FUENTES

1. Crumbs Food, Roasted Cauliflower (trust us, it's good!)
2. El comidista, coliflor asada con zanahoria y naranja.
3. Directo al paladar, colifror asada con pimentón y frutos secos. Receta de navidad.


viernes, 5 de diciembre de 2014

Muffins de calabaza integrales con glaseado de sirope dorado y limón





De vez en cuando la vida nos da calabazas y lo normal es que sea un bajón pero a mi este año unos amigos que me quieren bien me han dado tres calabazas de las otras, preciosas, que me han hecho disfrutar como una niña. 

Dos eran vascas, nacidas en mi pueblo, alargadas, pesadas verdes por fuera y naranja fosforescente por dentro. Riquísimas en puré y asadas. La tercera era una de una variedad difícil de encontrar en los comercios locales, la calabaza en la que uno piensa cuando piensa en la calabaza, la de halloween, la de Zipi y Zape, la del 1,2,3... Esa calabaza, esta calabaza:


Me dio hasta pena cortarla de lo bonita que era. La mire todos los días durante varias semanas admirada con su redondez y color naranja casi imposibles y no me atreví a sacrificarla hasta estar completamente segura de lo que iba a hacer con ella. Pensé que le debía eso y creo que he honrado bien su memoria resucitándola en pequeños pasteles, que todos sabemos que son las unidad de medida estándar en el cielo.

Es bonito que te regalen calabazas, pero es algo muy distinto que te las den. Que te las den significa normalemente que vas de culo. Mal, mal, muy mal. Se las daban a Zipi y Zape cuando suspendían. En el programa un dos, tres, la aparición de Ruperta la calabaza sonriente significaba que te ibas a casa.



En este momento, en algún lugar del mundo, un enamorado estará camelando a una Julieta con aquello de "Pero, ¡silencio!, ¿qué resplandor se abre paso a través de aquella ventana? ¡Es el Oriente y Julieta, el sol! ¡Surge esplendente sol y mata a la envidiosa luna, lánguida y pálida de sentimiento porque tú, su doncella, eres mas hermosa que ella!" Julieta entonces habrá cerrado la ventana a cal y canto, se habrá encerrado en su casa y habrá llamado a la policía. A un Romeo más le acaban de dar calabazas. En Cataluña esto lo hacían de manera mucho más civilizada y explicita: 
"Antiguamente, en algunas zonas rurales de Cataluña, cuando el pretendiente no era del lugar, se le invitaba a comer a casa de la chica: si le ofrecían fuego para el cigarro significaba que la familia aceptaba el noviazgo; si se le servía un plato de calabaza, quería decir que el mozo no era bien recibido y se tenía que marchar." Ya está el listo que todo lo sabe
Visto el panorama a nadie debería extrañar que en la Antigua Grecia, la calabaza fuera considerada como “antiafrodisíaca” y que en la Edad Media se recomendara mascar pepitas de calabaza para alejar los pensamientos lascivos e impuros. 

¡Qué he hecho yo para merecer esto! dirá la calabaza. ¡Qué he hecho para que me humillen pintándome caretos en halloween por un fantasma inventado! ¡para que me calumnien de esta manera tan descarada!. Y nadie lo sabe, pero la historia sigue porque de un tiempo a esta parte se vienen celebrando concursos de calabazas gigantes que terminan en las que probablemente sean las regatas más estrambóticas del siglo moderno. 

Topsfield en Topsfield, Massachusetts, el 3 de octubre de 2009. (Juan Tlumacki)

2010 en Ludwigsburg, Alemania, durante el festival anual de la calabaza en el castillo de Ludwigsburg. (Ralph Orlowski)


Estados Unidos, Canada y Alemania ya se han apuntado a las regatas de calabazas gigantes, donde los participantes avanzan, como pueden montados en calabazas previamente vaciadas. En Euskadi ya tenemos las estropadas pero la idea de montar en una calabaza es tan bruta que me cuesta creer que no tenga potencial como una nueva modalidad de herri kirolak en la ría de Bilbao. Tiempo al tiempo.

La mismisima Martha Stewart y hasta Dumbledore se han apuntado ya a las famosas regatas. La primera, tengo entendido, que naufragó por la lluvia pero Dumbledore siempre fue un señor muy sofisticado e inteligente...

Lishness Tom conduce su bote hecho de una calabaza gigante durante la Regata Pumpkinboat en Damariscotta, Maine, EEUU, el 9 de octubre de 2011. Joel Page 

Que si fue, que si vino, que si calabaza, que si pepino. Creo que ya es hora de dar paso a la receta de hoy, unos fantásticos muffins que se hacen en un abrir y cerrar de ojos y a los que la calabaza aporta muchísima jugosidad. He adapatado la receta de muffins de calabaza del prodigioso cocinero de youtube Donald Skehan y he dado en el clavo, porque he conseguido exactamente lo que buscaba.

Si os gusta el pastel de zanahoria debéis probar estos muffins. Si os gustan los muffins jugosos que se mantienen así varios días, debéis probar estos muffins. Si os gustan los muffins debéis probar estos muffins. Si os gusta la vida, debéis probar estos muffins. 

Espero que os gusten.


miércoles, 26 de noviembre de 2014

Puré de calabaza al curry rojo con leche de coco al estilo tailandés {picante}




Cuando Xabi y Ana escuchan la palabra puré al preguntar por la cena se les agria la cara y se arrastran hacia la cocina como si les hubiesen atado los pies con unos grilletes muy pesados. A mis amigos de 12 y 9 años respectivamente el puré les produce sarpullido y no me creen cuando les digo que a mi me encanta. Lo que harían ellos con las calabazas que les trae su tío del huerto sería algo parecido a lo que hacen esos dos niños con las suyas. Ponerlas en fila y en exposición hasta el fin de los días.


Mi infancia fue otra. Para mi el puré representaba la paz. El único alimento a base de verdura que no terminaba en llanto y que comía sin rechistar. E incluso ahora que estoy dejando de ser aquella niña escrupulosa que fui conservo ese pacto secreto de amistad con el puré. Me gusta en casi todas sus variantes y formas y lo hago tantas veces como puedo.

Lo bueno de los purés es que además de ser saludables y estar deliciosos son extraordinariamente sencillos de hacer. De hecho un principiante en la cocina con aletas de foca en lugar de manos podría acabar haciendo un brebaje bastante respetable y terminar aficionándose a la cocina. Yo comencé mi andadura con el de calabacín de mi madre, el mejor del mundo, y a partir de ahí la cosa ha ido a más y más hasta llegar a este de calabaza tan exótico que comparto hoy. 

Lo  cierto es que rara vez sigo alguna receta cuando hago puré, suelo confiar en mi experiencia en la materia. Creo que así los hace todo el mundo y que por eso cada casa hace el puré de calabaza a su manera. Algunos lo hacen con caldo, otros con agua. Algunos lo hacen con nata, otros con leche, otros con queso. Hay quien lo anima con especias y quien se lleva las manos a la cabeza al escuchar mencionar las especias. En mi casa, desde que lo hago yo, el lema es el todo vale y por eso el puré nunca es el mismo, está, como todo en la vida, en constante periodo de prueba, en perpetuo ensayo y error. 

La razón por la que comparto este y no otro puré de los que suelo hacer es que creo que no es una receta demasiado intuitiva para gente no familiarizada con la cocina tailandesa o con la cocina exótica y que realmente es un mezcla que merece la pena probar porque funciona tan bien como un reloj suizo. Quizá aquí, a las orillas del mar cantábrico, no sea normal mezclar la calabaza con curry y con leche de coco pero normal no es el adjetivo al que debería uno aspirar. Dijo Marilyn Monroe que ella "sólo quería ser maravillosa" y yo estoy de acuerdo ¿no es acaso lo que todo el mundo quiere? ¿incluso un simple puré de calabaza?. 


Espero que reunáis la valentía, y deis una oportunidad a este puré sencillamente maravilloso de inspiración tailandesa. No os dejará indiferentes y animo especialmente a probarlo a aquellos enemigos férreos de las especias que comienzan a estornudar al mencionar el curry. Pensad en la salsa de tomate y lo mucho que mejoro cuando a alguien se le ocurrió que quizá con albahaca y orégano estaría más bueno. ¿Alguien se atreve hoy a negar que aquello fue algo menos que una idea maravillosa?

Sin más preámbulos os dejo la receta, espero que os guste.



martes, 11 de noviembre de 2014

Quinoa a lo Kandinski con verduras asadas y granada








Esta de moda la quinoa, como la barba, los iphones y los leggins (mallas de toda la vida). El pseudocereal es más cool entre los hipsters que la máquina de escribir, el mostacho y la polaroid juntas y se han inventado más recetas con ella en estos últimos años que canciones sobre amor (me he pasado, pero se entiende). A pesar de ello a mi me gusta. A pesar de que este a precio de oro y de que comience a ser cansino escuchar a gente predicar sobre sus bondades infinitas. 


La verdad es que razones no le faltan al pseudocereal para estar en la cresta de la ola. Como ya comenté en la entrada sobre las hamburguesas de quinoa, nutricionalemente hablando, es una de las mejores cosas que puedes llevarte a la boca.  La FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) le dedicó el año pasado entero y llegó a afirmar que: “La Quínoa posee el balance de proteínas y nutrientes más cercano al ideal de alimento para el ser humano”. La quinoa provee la mayor parte de sus calorías en forma de hidratos complejos, aporta 16 gramos de proteínas por cada 100 gramos y 6 gramos de grasa en su mayoría insaturadas. Ácidos omega 6, omega 3, potasio, magnesio, calcio, fósforo, hierro y zinc, vitaminas del complejo B en cantidades apreciables y vitamina E con función antioxidante. (Vitonica) Lo tiene todo.


Pero uno no come solamente para no morirse, también lo hace para disfrutar y no querer morirse. Y por eso es importante añadir alegría, color y sabor al cocinarla porque al igual que el arroz y la pasta la quinoa es algo insípida en solitario. Y en mi opinión no hay mejor manera animar este pseudocereal que añadiendo verduras de temporada asadas o salteadas. Tantas como para que el resultado final parezca un plato hecho por el mismísimo Kandinski de todo el revoltijo de colores que contiene. 

A esta categoría pertenece la receta que comparto hoy. Es la manera en que más me gusta y aunque normalmente suelo hacerla con verduras salteadas, merece la pena tomarse la molestia de encender el horno y asar las verduras porque el sabor que se consigue de esta manera es insuperable. Especialmente si hablamos de calabaza y de pimientos, que sudan y se secan hasta comprimirse en su propia esencia.

Esta vez he intentado mantener la cosa sencilla y saludable pero si no es que eres vegetariano o tu condición te lo impide, no descartes añadir algo más de color con carnes como el pollo, pavo en tiras, bacón o chorizo, sí chorizo. Estoy convencida de que no hay alma humana capaz de no rendirse a la quinoa tras probar este plato, al sentir que los granos -no demasiado cocidos- crujen y explotan entre los dientes junto al sabor tostado de las verduras y el frescor y acidez de las granadas y del perejil. Ains, Morfeo debe haberla probado.

Y si te dijera que la comida sana puede saber increíblemente bien.


Espero que vosotros también lo probéis, no me cabe la menor duda de que os gustará.



viernes, 3 de octubre de 2014

Tortitas de puerro con crema agria de limón de Smitten Kitchen





Me gustan las ofertas, me gusta comprar algo y que den otra cosa gratis, aunque no me haga falta y sea mentira, me sienta bien igual. Me gusta el concepto gratis. Las mejores cosas son gratis. El oxigeno por ejemplo, me gusta bastante y es gratis. Mirar el mar, los besos, la risa. Todo eso esta muy bien, hace falta. Y mientras escribo esto recuerdo la sabiduría de aquel poema de Wislawa Szymborska:


"La vida en la tierra sale bastante barata.
Por los sueños, por ejemplo, no se paga ni un céntimo.
Por las ilusiones, sólo cuando se pierden.
Por poseer un cuerpo, se paga con el cuerpo.

Y por si eso fuera poco,
giras sin billete en un carrusel de planetas,
y junto a éste, de gorra, en un torbellino de galaxias,
en unos tiempos tan vertiginosos
que nada aquí en la Tierra llega ni siquiera a moverse.

Porque mira bien:
la mesa está donde estaba,
en la mesa una carta, colocada como estaba,
a través de la ventana un soplo solamente de aire,
y en las paredes ninguna terrorífica fisura
por la que el viento se te lleve a ninguna parte."

Wislawa Szymborska, Aquí.

Me gusta Szymborska. Me gustan las palabras sencillas que hablan de cosas grandes. Me gusta el otoño y me gustan los puerros. Me gustan más aún cuando están en oferta. Y aún me gustan más cuando están cocinados, en porrusalda, en vichyssoise, en pastel y también en tortita. También me gusta Deb Perelman. Una mujer que sabe lo que hace en la cocina y sabe trasmitir que lo sabe con humor y grandes dosis de sencillez. Sigo todos los platos que prepara en su minúscula cocina neoyorkina y muchas veces incluso me animo a hacerlos. Tengo su libro "The Smitten Kitchen Cookbook" y de allí he sacado esta fantástica receta de tortitas de puerro con salsa de limón perfecta para aprovechar el cargamento de puerros que compré gracias a una oferta.

He compartido otras tortitas de verdura, como las de zanahoria y las de calabacín, pero éstas son mis favoritas. El delicado sabor dulce del puerro, con su olor a cebolla con modales refinados y el toque de la salsa de limón algo más salvaje las hacen irrestibles. 

Espero que las probéis y que os gusten tanto como a mi.





{RECETA DE TORTITAS DE PUERRO}

INGREDIENTES
  • 750-800 gr de puerro*
  • 1 cebolleta grande finamente picadas
  • Harina 30 gr (1/4 cup)
  • 1 huevo
  • 1 cucharadita (tsp) de levadura
  • 1/2 cucharadita de sal 
  • Una pizca de cayena molida (opcional)
  • Pimienta
  • Aceite
Para la crema de limón
  • 1/2 taza (cup) de sour cream**
  • 1 cucharada de zumo de limón
  • Ralladura de limón
  • Una pizca de sal
  • 1 diente de ajo pequeño finamente picado
  • Un poco de perejil fresco picado (opcional)



ELABORACIÓN

1. Limpia y corta finamente la cebolleta y el puerro (parte blanca y verde pálida). Y mezcla los ingredientes secos.

2. Llena una cazuela con abundante agua con sal y lleva a ebullición. Cuando rompa el hervor echa el puerro picado y cuece unos 3-4 minutos, hasta que se haya ablandado pero no demasiado.



3. Escurre el puerro con un colador o gasa hasta sacar el máximo agua posible.


4. Echa el puerro en un bol y añade la cebolleta y la mezcla de ingredientes secos.



5. Bate el huevo échalo en la mezcla de puerro. Remueve bien.



6. Precalienta el horno a 120ºC

7. Calienta una sartén con 2-3 cucharadas de aceite a fuego medio, cuando este caliente coloca sobre ella pequeñas bolas de masa y aplanalas, ligeramente, con ayuda de una pala. Fríe hasta que las tortitas estén doradas por los dos lados, unos 3 minutos por cada lado. (Es posible que sea necesario ir ajustando el fuego para que las tortitas no se hagan ni demasiado rápido ni demasiado despacio)


8. Coloca las tortitas sobre papel absorvente una vez estén echas y después metelas en el horno para que se conserven crujientes y calientes y se terminen de hacer por dentro. (10 minutos es suficiente)


9. Mientras las tortitas están en el horno prepara la crema de limón. Para ello mezcla todos los ingredientes y sazona al gusto con sal.

10. Sirve calientes (o frías) acompañadas de la crema agria de limón. (Combinan muy bien también con huevo.)

NOTAS

*905 gr en la receta original. Deb perelman asegura que 905 gr de puerro equivalen a 3 puerros muy grandes pero deben ser puerros  neoyorkinos porque ni 5 grandes de aqui consiguer llegar a pesar 905 gr.

**No suele ser fácil encontrar sour cream en los supermercados por lo que yo suelo hacer la salsa o bien con creme fraiche, o con yogur (mejor griego) y un poco de queso de huntar.

1. La parte verde oscura del puerro que se debe descartar para hacer esta receta sirve para hacer caldo. Yo suelo guardarla en la nevera si tengo previsto hacer caldo pronto o en el congelador si no es así.



FUENTES

1. The Smitten Kitchen Cookbook.