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jueves, 3 de marzo de 2016

Carciofi alla giudea o alcachofas enteras fritas al estilo judeo-romano




"¿Cómo sugerir, por ejemplo, una ciudad sin palomas, sin árboles y sin jardines, donde no puede haber aleteos ni susurros de hojas, un lugar neutro, en una palabra? 
El cambio de las estaciones solo se nota en el cielo. La primavera se anuncia únicamente por la calidad del aire, o por los cestos de flores que traen a vender los muchachos de los alrededores. Una primavera que venden en los mercados."

Albert Camus, La peste.


Nunca he sido el tipo de persona que pierda los papeles con una alcachofa pero desde que conozco la existencia de los carciofi alla giudea, las alcachofas al estílo judío típicas de la Roma, las miro de otra manera. Los carciofi se confitan primero y después se fríen en abundante aceite muy caliente hasta que se abren como una flor de pétalos crujientes y color caramelo. Es un plato fantástico que se come con sal y nada más porque no hace falta más.

Elizabeth Minchilli sujetando una alcachofa romana. Foto: Elizabeth Minchilli

Las alcachofas ideales para hacer carciofi alla giudea son las de la variedad que sostiene Elizabeth Minchilli en la foto superior. Son moradas y son gigantes y francamente díficiles de encontrar en mi pueblo y alrededores.  Si sé que existen es gracias a Minchilli, que sí que es una de esas personas que pierde la cabeza con las alcachofas y además vive en Roma.

A Minchilli le gusta decir que su trabajo consiste en escribir sobre casas bonitas, comida deliciosa y gente interesante. Ha escrito un libro titulado "Comiendo Roma. Viviendo la buena vida en la ciudad eterna". No sé por qué, pero se le ve contenta. En invierno su instagram se tiñe de púrpura al igual que los mércados de Roma. Enero, febrero y marzo son un tiovivo alcachofas, pasta, expreso con helado, edificios antiguos y envidia sana. Si os gusta pasarlo mal viendo fotos edulcoradas de gente que vive mejor que vosotros, o creéis que aún no sabéis ni la mitad de lo que querríais de la comida Italiana os recomiendo que echéis un ojo a su blog  (en inglés) seguro que os quedáis.



A pesar de que no dí con la alcachofa adecuada no pude quedarme quieta y al final me conforme con hacerlo con alcachofas blancas de Tudela y no me arrepiento de nada porque  el resultado fue un éxito rotundo. Nadie merece privarse de carciofi alla giudea por muy lejos de Roma que esté. 

Para hacer este plato he confiado una vez más en Mina Holland y en su atlás comestible donde comparte una receta muy fiable y bien detallada de Jacob Kennedy para hacer las alcachofas y no morir en el intento. Debéis saber que este es el  tipo de plato para el que no es ninguna tontería contar con un termómetro de cocina o una freídora con control de temperatura. El ojo de buen cubero puede no dar el resultado crujiente esperado. No es una receta difícil pero tiene su aquel y es mejor estar preparado.


Alcachofas en un puesto romano. Foto: Elizabeth Minchilli.

Espero que las probéis y os gusten tanto como a nosotros.




viernes, 20 de noviembre de 2015

Lasaña de berenjenas y el sindrome Garfield





Stendhal fué a florencia y quedó tan abrumado por su belleza que acabó sufriendo lo que hoy en día se conoce como el síndrome de Stendhal.
"Había llegado a ese punto de emoción en el que se encuentran las sensaciones celestes dadas por las Bellas Artes y los sentimientos apasionados. Saliendo de Santa Croce, me latía el corazón, la vida estaba agotada en mí, andaba con miedo a caerme".
Yo fui a Florencia y me perdí. Me perdí exactamente en el mismo lugar en que Stendhal sintió que la belleza de la ciudad había acabado con su vida. Donde a el le fallaron las piernas, yo dí doscientas cuarenta vueltas buscando a mi padre. Todo el rato me lo pase tranzando círculos alrededor de un mismo eje, la basílica de Santa Cruz, y a cada paso aumentaba dentro de mi un sentimiento de orfandad cada vez más claro. No, yo no sufrí ningún síndrome de Stendhal, solo un pequeño ataque de pánico. Al final encontré a mi padre sentado en un banco con cara de tener la hija más extraña del mundo, el sostiene que había estado allí todo el rato, pero a día de hoy todavía no me lo creo. 

La semana  pasada sí que sufrí un síndrome provocado por la belleza que contemplaba pero no tuvo nada que ver con ningún museo, ni ninguna majestuosa catedral, ni con ninguna de las 7 artes. Fue mientras veía YouTube, uno de los últimos programas de Robin Food. David de Jorge preparaba una lasaña de berenjenas que al principio no me llamó demasiado la atención pero que a medida que iba tomando forma, alzándose como una catedral deliciosa capa, sobre deliciosa capa, sobre deliciosa capa, senti como me ponía en contacto cada vez más con mi gato interior. Al ver aquella cosa salir del horno afloró en mi toda la glotonería de Gardfield ya con toda libertad. El sindrome Garfield se había apoderado de mi irremediablemente así que al día siguiente me faltó tiempo para correr a comprar unas berenjenas, unas láminas de pasta para lasaña y un poco de queso ricotta. Volví a casa con la sensación de estar en el camino correcto.



Sabía que nada saldría mal pero por si acaso procuré contar con la compañía de Nina Simone "Birds flying high you know how I feel. Sun in the sky you know how I feel. Ouh. I'm feeling goooood" Saqué el tomate casero y los pimientos caseros que hace la familia de mi novio todos los años y todo fue viento en popa. Los pimientos no estaban en la receta pero a mi me encantan así que improvisé. Además tuve la suerte de contar con la presencia inesperada de mi tía que vino a comer el día correcto, el día de la lasaña.



Como era de esperar nos gustó mucho a todos. Es una de las mejores lasañas de verdura que he comido nunca y el hecho de que sea tan ligera solo suma puntos.  La combinación de sabores funciona como un reloj y el sabor es francamente superior a lo que uno esperaría de una cosa hecha enteramente de vegetales. Si te cuesta comer tu ración de verduras este es uno de esos platos que te interesa añadir a tu dieta. La receta es muy sencilla la pura verdad es que lo más difícil es tener el auto control necesario para no sacarla del horno demasiado pronto. 





Espero que la probéis y os guste tanto como a mi. Estoy segura de que si la hacéis una vez de ninguna manera será la última. 










miércoles, 30 de septiembre de 2015

Pesto genovés. Un señor pesto. Otra receta para dummies.




Un ajo, un puñado de albahaca, unos cuantos piñones, algo de queso, una pizca de sal y un riego de aceite así tomados, de uno en uno, parecen poca cosa. Pero majados uno sobre otro con movimientos rotatorios como los de las esferas celestes forman una salsa, cruda, bestial y dolorosamente perfecta a la que los ligurianos llamaron pesto y después con el orgullo que se merece "pesto genovese".

Solo son siete ingredientes, los que se necesitan para hacer la salsa de la que nunca nadie tuvo suficiente siete ingredientes tan elementales como los siete colores del arcoiris, como los siete días de la semana, como los siete pecados capitales.

El pesto surgió del esfuerzo de una mano pobre alimentada de ajo, de cebolla y de sopa. Una mano curtida por el sol de días largos mucho anteriores a los lujos de los certificados de origen DOP y otras pijadas del primer mundo. Aquella mano armada de piedra y madera hacía el pesto a veces con cebolla, siempre sin piñones y con albahaca cuando había pero también con perejil y/o mejorana. No le importaba. En su cocina el pesto era un condimento utilizado principalmente para la sopa, la sopa eterna.


Aunque hoy en día existen tratados filosoficos sobre el arte de hacer el auténtico pesto en realidad hasta después de la segunda guerra mundial, el pesto era un concepto mucho más abierto de lo que es hoy día, es un invento relativamente reciente. John Dickie relata en su "Delizia! La historia épica de la comida italiana" uno de los acontecimientos claves para entender bien esta salsa y el sentimiento de orgullo territorial que genera en todo genovés.

"En julio de 2001, Génova albergó la conferencia del G8. La llegada de George Bush, Tony Blair y otros líderes de las naciones económicamente más poderosas fue una oportunidad para que la ciudad se mostrar al mundo, lo cual significaba, como es obvio, mostrar su comida. Los dieciséis chefs con estrella Michelín de la región de Liguria formaron equipos de cuatro para preparar dos almuerzos y dos cenas para los asistentes VIP. Un mes antes del inicio de la conferencia los menús fueron remitidos al Ministerio de Asuntos Exteriores italiano para su aprobación. Dos platos fueron descartados. El primero era el conejo, al parecer porque se creía que los británicos y los estadounidenses los consideraban animales domésticos pertenecientes a la misma categoría que perros y gatos. Asombrosamente, el segundo plato que descartaron los asesores diplomáticos fue aquel del que Génova, con justicia, se siente más orgullosa: el pesto genovese fue sustituido en el menú por una <<salsa de albahaca>>. ¿Y cuál es la diferencia crucial entre este plato y la receta ortodoxa del pesto? Que no lleva ajo. 
Para muchos, eliminar el ajo del pesto constituyó una clara metáfora de cómo estaba siendo saneada la ciudad durante los preparativos del G8: había estrictas zonas de exclusión y se indicó a los habitantes que retiraran la colada de las cuerdas que cruzan las estrechas callejuelas. No se sabe muy bien por qué se dio la orden de incluir la <<salsa de albahaca>>. Tal vez fuera porque su olor acre no animaría  a los delegados a intimar; tal vez fuera porque los japoneses encuentran el ajo especialmente desagradable. Pero el clima político de la época, una posible explicación pronto adquirió una vis de certidumbre: Silvio Berlusconi había vetado el símbolo de la cocina de la ciudad. El magnate de los medios, a la sazón primer ministro italiano, es conocido por su aversión hacia el ajo y la cebolla. Los manifestantes antiglobalización con un marcado orgullo local no tuvieron ninguna duda y se equiparon con cabezas de ajo para lanzárselas a Berlusconi durante la conferencia. 
Trágicamente, la violencia en las calles de Génova durante el G8 resultó mucho más grave. El 20 de julio, en la Piazza Amimonda, Carlo Giuliani, un joven residente de veintitrés años, murió a causa de un disparo de un carabiniere de veinte. El agente en cuestión sería absuelto de cualquier delito. La noche siguiente, la policía registró una escuela en la que dormían más manifestantes antiglobalización. A consecuencia de lo sucedido, veintiocho policías y miembros del personal médico están siendo juzgados. Entre los cargos figuran las alegaciones de que propinaron violentas palizas y negaron atención médica a las víctimas (algunas de las cuales tenían miembros fracturados) que orinaron sobre los detenidos, que cantaron canciones fascistas y que dejaron pistas falsas en forma de dos cócteles molótov. Uno de los acusados ha reconocido que llevó cócteles molótov a la escuela. Es altamente probable que los acusados nieguen el resto de los cargos. Tal como observaba con amargura el pugnaz satírico Beppe Grillo en aquel momento: <<Después del G8, Génova ya no es la misma. Ahora, pesto alla genevose significa otra cosa>> "
John Dickie, Delizia! La historia épica de la comida italiana.
Unos años más tarde los carabinieri denunciaron a ocho empresas, entre ellas Nestle-Barilla, por producir pesto alla genovese con ingredientes tan locales como la albahaca vietnamita y el ajo de china. Un disparate, qué digo, ¡una infamia! para los italianos, porque es precisamente en los ingredientes locales donde reside la autenticidad de un bien llamado pesto genovese.

A nadie debería extrañar que italia sea el país con más productos DOP (Denominación de Origen Protegida) e IGP (Indicación Geografica Protegida) de la Unión Europea. Todos estos productos juntos generan para el país, unas ventas anuales de unos 8000 millones de euros. Ahí es nada. Entre ellos están por ejemplo: el vinagre Bálsamico de Módena DOP, la Leche de Búfala de Campania DOP, el Gorgonzola DOP, la Naranja Roja de Sicilia IGP,  el Jamón de San Daniele DOP,  el aceite virgen extra Riviera Ligure DOP y por supuesto la albahaca de de Liguria DOP.  

La albahaca obtuvo su certificado en octubre del 2004, 2 años más tarde se creo al oeste de la ciudad un lugar con el que a veces sueño, el Parque de Albahaca de Prá. Una amiga mia hubiese jurado, como lo hizo toda la prensa internacional, que la empresa estaba gafada ya desde el principio porque 2 meses más tarde una tormenta "monstruosa" de verano y unas piedras de granizo "del tamaño de pelotas de golf" destrozaron los invernaderos y el 80% de la albahaca. 



Yo  por mi parte todos los veranos plantó en mi balcón tres o cuatro plantas de albahaca con el único propósito de hacer pesto. Siempre termino llorando porque los bichos me están comiendo la planta pero aún así merece la pena. Ese campo verde y perfecto en el que la albahaca rebosa vitalidad, que se ve en la foto, me parece tan bonito que hasta me conmueve. Es uno de los invernaderos de Prá uno de los que resurgió de sus cenizas.

No existe una receta definitiva de pesto ni existirá jamás. El pesto es tan personal como la huella dactilar. Aun así existen ciertas reglas bastante estrictas en lo que a sus ingredientes se refiere. Todos ellos deben ser locales, especialmente la albahaca y el aceite. En cuanto al queso se utilizan pecorino y parmesano en cantidades variables dependiendo del gusto de cada uno. Los piñones también es mejor que sean pinoli freschi di Pisa, y nunca deberían faltar tampoco la sal gruesa y el ajo, los dos con medida.

Manarola, Cinque Terre, Liguria.
Si tengo suerte algún día haré un viaje por las Cinque Terre y descansaré en uno de los pueblos más rómanticos y más "pineados" de pinterest, en Mandorla. Me sentaré en una terraza, rodeada de casas de colores y comeré unos trofie al pesto calientes mientras el mediterráneo se mece frente a mi. Pero de momento me basta con mi pesto y mi albahaca de maceta. No será la más auténtica, ni la mejor, pero a mi me parece el mar verde esmeralda más bonito que entró jamás en un bote de cristal y hasta un sueño líquido. Me ha salido el día poético hoy.


Espero que os animéis a hacer pesto también vosotros. Merece la pena tomarse la molestia porque el pesto casero es muy superior a cualquier bote que se pueda adquirir hoy en día en el mercado. Si la hacéis con la batidora estará lista en un visto y no visto. Si no tenéis piñones utilizad almendras o nueces, ningún genovés os demandará por ello, os lo prometo. Nunca hay que disculparse por modificar una receta al gusto, es uno de los derechos que sí tenemos.





miércoles, 3 de junio de 2015

La salsa de tomate definitiva con cebolla y mantequilla





"La palabra debe ser como
la manteca o
el churrasco o los bizcochos calientes, o los anillos de cebolla o
cualquier otra cosa que sea realmente
necesaria. Debería ser casi
posible que agarres las palabras y
te las comas."




Para mi, tampoco hay tantas cosas mejores que encontrar un libro que puedo devorar tanto en el sentido figurado como en el literal y esa es precisamente la mejor definición que puedo encontrar para el libro que estoy leyendo actualmente, "El atlas comestible" de Mina Holland. Uno de esos, para mi, raros libros de cocina que se leen sentada en la cama con la espalda apoyada sobre una hilera de cojines, un té chai con leche humeando en la mesilla y con la imaginación atrapada entre sus páginas deseosa de no conocer el sueño para no tener que dejar de leerlo. 

Es un libro fascinante salpicado de citas literarias, historias personales y recetas básicas e imprescindibles de los cinco continentes. Incluso se le puede perdonar el atrevimiento de haber sido escrito en la era Instagram y no haber incluido ni tan siquiera una foto de aunque fuera una patata. Se le perdona, ya lo digo, porque el texto es tan notable que la comida descrita acaba brillando en la mente del lector en technicolor. Y es que a veces son las historias que acompañan a un plato las que le dan color y presencia.



El Atlas Comestible es un libro para indagar en la despensa de otros países, para reflexionar sobre por qué querría alguien comer chucrut, por ejemplo, y para comenzar a andar en el mundo de la cocina internacional por el principio. Porque las recetas que Holland ha elegido para este libro son recetas sencillas sin pretensión alguna que incluso una persona que vive, como yo, en las afueras de una ciudad pequeña de una provincia mínima puede hacerlas sin grandes dificultades. No importa lo pequeña que sea tu cocina seguro que tu también tienes la mayoría de utensilios necesarios para hacer todas las recetas. Puede que tengas que salir de excursión para comprar algunos ingredientes, pero, ¿acaso no suena eso a un plan estupendo para el viernes?. 

La receta que comparto hoy es el ejemplo más claro de las que podréis encontrar en este libro. Una salsa de tomate tan sencilla como perfecta para la que tan solo necesitareis tres ingredientes y una cazuela. A mi me pareció bastante extraña, yo diría que hasta rebelde, la primera vez que la descubrí. Para empezar y para acabar no tiene sofrito alguno. Ni de pimiento, ni de cebolla ni de ajo, ni de nada. Pensaréis, que empezamos mal, que entonces tampoco puede ser tan buena, y, he ahí el dilema, porque lo es. Es una salsa de tomate maravillosa, la más delicada y sutil que he probado nunca.  El secreto, como tantas otras veces, no está en la masa sino en la mantequilla. Que empuja a los tomates a desarrollar su máximo potencial como el solo el mejor coach podría hacerlo. Tenía guardada la receta desde que Smitten Kitchen, y media blogosfera, se rindieran en elogios sobre ella. El hecho de que Holland la incluyera en su libro tan solo fue la gota que colmó el vaso y la señal inequívoca de que no podía seguir ignorándola mucho tiempo más. 



Mi hermana y yo somos a la salsa de tomate lo que Homer es al helado. La comemos a cucharadas. No encanta y somos conocidas en el país por comer tomate con pasta en vez de pasta con tomate. De pequeña a mi me gustaba el orlando y se me nublaba el día cada vez que veía una salsa casera con tropiezos y tirando a ácida acercándose a mi plato. Ahora se más. Y la suelo hacer yo misma y en cantidades industriales. Nunca he tenido nada que objetar a mi salsa de tomate. Me gusta mucho tal y como es, a pesar de que nunca sea la misma. No era el caso de Holland que relata en libro la odisea que la condujo a encontrar la que ella describe como la salsa de tomate definitiva.
"La cocina italiana juega malas pasadas al cocinero de fuera. Dejadme que os ponga un ejemplo: todos sabemos que la comida italiana es sencilla, pero yo me tiré años u años intentando conseguir la salsa de tomate perfecta para la pasta. Hoy los espaguetis con salsa de pomodoro son mi comida casera favorita; los como en casa y en restaurantes, para asombro de muchos de mis acompañantes: "¡Pide algo más interesante! ¡Eso te lo puedes hacer en casa!", me increpaban.  Pero el caso era que no podía, o al menos no con esa intensidad, con esa riqueza, dulzura o perversidad que enmascara una bondad curativa. ¿Por qué no me salía? Lo intenté todo: con y sin ajo, con cebolla en juliana, picada, sin cebolla; con semillas de hinojo, con aceite de mejor calidad con leche (por consejo de Nigella Lawson) con nata (por recomendación de Martha Stewart), con orégano, azúcar... de todo.
Con el tiempo descubrí a la difunta cocinera y escritora italoamericana marcella Hazan, conocida por haver llevado los secretos de la cocina italiana a las cocinas de habla inglesa con libros como The essentialas of classic Italian cooking. Las instrucciones de Hazan consistían en vaciar una lata de tomates en una sartén con dos mitades de cebolla hacia abajo y una nuez generosa de mantequilla, taparla y dejar hacerse a fuego lento, con la llama más pequeña del mundo, durante 45 minutos. A los veinte minutos emepecé a oler lo que se estaba cociendo... ¡Lo había conseguido! Estaba haciendo la salsa de pomodoro perfecta con solo cuatro ingredientes (la sal se echa al final). Después de todo el lío resulto que solo hacía falta mantequilla, la dulzura de una cebolla y una cocción muy lenta para que los tomates brillaran en todo su esplendor."  
Mina Holland, El atlas comestible.
Esta es una receta que guardareis seguro en el recetario familiar para dejársela en herencia a vuestros hijos y nietos y que haréis cada vez que el cuerpo os pida unos buenos espaguetis con tomate. Espero que la probéis y que os guste.




{RECETA DE SALSA DE TOMATE DE 3 INGREDIENTES}

INGREDIENTES (para 4)

  • 1 lata de tomates pera enteros de 800gr (Los mejores que encuentres y te puedas permitir)*
  • 2 cebollas blancas o amarillas, peladas y cortadas por la mitad** 
  • 5 cucharadas de mantequilla (70 gr)
  • Sal al gusto
  • Una pizca de azúcar (opcional)
    Para acompañar
    • 400 gr de pasta seca 
    • Pimienta negra y parmesano rallado




    ELABORACIÓN

    1. Coloca las cebollas bocabajo en una olla grande. Echa los tomates por encima y añade la mantequilla. Tapa la cazuela y cocina a fuego lento durante unos 45 minutos. Remueve de vez en cuando para mezclar la mantequilla derretida con el tomate y aplasta ligeramente los tomates hasta obtener la textura deseada.





    2. Cuando la salsa esté lista descarta las cebollas (o rompelas en pequeños trozos si no te molestan) pruébala y sazónala al gusto con sal y pimienta. (Puede que si las cebollas no son muy dulces y los tomates son especialmente ácidos necesite un pizca de azúcar, lo sabrás si la salsa está algo ácida al finalizar la cocción). Mantén la salsa caliente mientras preparas la pasta.


    3. Prepara la pasta siguiendo las instrucciones del fabricante. (No te fíes demasiado del tiempo, normalmente la pasta estará al dente en menos tiempo del indicado en el paquete. Los italianos dicen que el agua de cocción debe estar tan salada como el mediterráneo y yo creo es un buen consejo.) Cuando estén listos échalos directamente sobre la salsa ya hecha o escurrelos y échalos a un plato grande y vierta la salsa sobre ellos.



    NOTAS

    *Lo ideal sería utilizar tomates san marzano pero debido a que no son fáciles de encontrar en España, bastará con utilizar tomates de buena calidad. Algunos tomates enlatados vienen con algo de sal y puede que no sea necesario que añadas más sal al final, dependerá de tu gusto personal.

    ** Puedes utilizar las cebollas que prefieras siempre que sea una variedad dulce para compensar la acidez del tomate. Yo he utilizado 2 cebollas y media porque una era muy pequeña. 

    FUENTES

    1. El atlas comestible, Mina Holland. (Libro)




    martes, 21 de abril de 2015

    Pesto rojo o pesto siciliano o salsa roja de felicidad instantánea




    Uno de mis grandes fetiches son las tiendas de comida extranjera. Cada vez que veo una me sale la vena más consumista y no me quedo tranquila hasta que entro a curiosear. Es la forma de viaje que practico con más frecuencia. Cuantas más cosas extrañas encuentro en cada tienda en que entro tanto más feliz soy y siempre termino saliendo con algo aparentemente inútil que solamente intuyo para que sirve, a veces ni eso, pero que yo considero un descubrimiento importantísimo a la altura de la rueda. Todos tenemos nuestra pequeña fuga, esa es la mía. Y además, tengo otras más. 

    Impulsada por uno de estos arrebatos el otro día entré en una heladería Italiana con grandes cristaleras exteriores por las que se podía ver, una pequeña selección de productos importados de Italia. Allí encontré por fin, el famoso vino Marsala que había sido incapaz de encontrar en ningún otro sitio. Además de ello me llevé unos tomates secos de un precioso color granate que estaban envueltos en una bolsa transparente y pequeñita, sin etiqueta ni palabra alguna sobre su origen, que a mi me parecieron encantadores.


    Cuando me disponía a pagar, el dueño del establecimiento, un hombre Italiano de mediana edad alto y con una perilla muy cuidada que le daba un aire a D'Artagnan, me hizo una observación sobre la que después, de vuelta a casa, reflexioné bastante. "Una compra curiosa", me dijo con una acento ya bastante menos evidente del que tenía la primera vez que entré. "¿Sí?", le sonreí. "La gente me suele preguntar a ver para qué sirven los tomates secos y el Marsala tampoco es ningún éxito de ventas". Esto me hizo preguntarme lo siguiente, ¿qué os pasa, que no estáis comprando tomates secos? ¿acaso nadie os ha contado lo útiles y fantásticos que son? ¿os estáis perdiendo a posta una de las salsas más ricas y versátiles del universo conocido? Lo dudo bastante. Porque la salsa pesto roja, hecha con tomates secos, albahaca, aceite, parmesano es una de esas salsas universalmente reconocidas por el paladar humano, como un néctar supremo

    El pesto clásico siempre fue mi salsa italiana favorita. Y no me refiero a ese mal llamado pesto en sobre, en bote o en barril a la venta en supermercados. Me refiero a la salsa verde esmeralda, hecha en casa con ingredientes frescos. Una salsa con luz propia, de sabor imposiblemente intenso, fresco y perfecto que sirve tanto para un roto como para un descosido. Para untar en bocadillo, para alegrar una pechuga a la plancha, para dar ese giro brillante a la pizza, para delizar en una ensalada, para cubrir una focaccia, para dar el toque final a un guisado y por supuesto para vestir de fiesta una pasta. El pesto es lo más. Lo digo otra vez para que me entiendan los ingleses, pesto is "the lemony pear", es la pera limonera..


    Su nombre, pesto, proviene de la palabra genovesa “pestare”, que significa “machacar en un mortero”. Es decir, que el pesto en realidad no deja de ser un majado: algo machacado con un un mortero y con la maja (la mano). Su dificultad en consecuencia es prácticamente nula,  ni que decir tiene si se hace con una batidora eléctrica, que se puede, pero corriendo el riesgo de que algún purista venga y te corte la mano. 

    La variante roja del pesto que comparto hoy es también conocida como pesto siciano o pesto trapanés y suele elaborarse con tomates frescos cuando están en temporada y con los que fueron abiertos en dos, salados y secados al sol en verano cuando no lo están. Su sabor es bastante distinto al pesto genovés lo cual no quiere decir, ni mucho menos, que tenga nada que envidiarle. 



    Cuando tengo tiempo me gusta hacerlo con el mortero. Porque tengo uno muy bonito y porque así cuando ya he terminado me da la sensación de que me lo he ganado un poco más. Creo además que preparar cuidadosamente un pesto con el mortero y mezclarlo con una pasta al dente recién hecha y caliente es una de las maneras más sencillas y bonitas que hay para decirle a alguien que lo quieres y que lo adoras y que ya nada podrá separaros con más estilo y sofisticación que el Señor Fitzwilliam Darcy.

    Va bene, para hacer esta receta he adaptado ligeramente la receta de pesto rojo de gastronomía & Cía. Espero que lo probéis y que os guste tanto como a mi. Buon appetito.



    viernes, 16 de enero de 2015

    Cupcakes de tiramisú de Martha Stewart








    Hasta hace poco sabía que había una señora al otro lado del charco llamada Martha Stewart que era responsable de gran parte del food porn en pinterest. Nunca me preocupé de saber más del tema hasta que leí  un artículo en el país de Mikel López Iturriaga, alias el comidista,  titulado "Twitter mató a la estrella de la cocina" con el que casi me desorino. La estrella, era Martha que, para el que no lo sepa ya, es una empresaria multimillonaria, natural de Nueva Jersey, presentadora y escritora de libros que automáticamente se convierten en bestseller. 

    Algunos la conocen como la diosa de la economía domestica estadounidense y cualquiera que la viera, con su siempre bien peinada melena rubia, su inseparable kitchen aid y su cocina de mundo perfecto, juraría que es Mary Poppins reencarnada: prácticamente perfecta en todo.



    No parece haber problema casero para el que la señora no tenga una solución elegante que ofrecer. Desde cómo hacer una tarta espectacular de trescientos pisos con serpentinas y fuegos artificiales, a cómo plantar un sauce llorón en medio del salón pasando por cómo hacer que el antro al que llamas hogar rezume cursilidad en 3 pasos. Su mundo es el mundo ideal de los armarios ordenados por colores, el de los pequeños detalles, el de las comidas de navidad en las que no se quema un plato y el de las fotos preciosistas de todo tipo de comestibles que harían salivar hasta a una piedra.


    Pero Martha también es otra cosa. Es una mujer seria con mucho carácter y me atrevería a decir que también algo de mala uva que comenzó siendo corredora de bolsa en wall-street y sobrevivió a una temporada en la cárcel. Ella no es el tipo de persona que se muerde la lengua, es más bien alguien dispuesto a meter el dedo índice para chuparlo después en cualquier masa de pastel y frente a quien haga falta, sin inmutarse lo más mínimo y hasta reirse de quien le mencione cuestiones sobre la higiene y la salmonela. Y por ese campechanismo que deja ver en sus programas no me sorprende para nada que, como dice el comidista en su artículo, tuviera la osadía de compartir con sus millones de seguidores imágenes fantasmagóricas, muy por debajo del nivel de cuquismo al que nos tiene acostumbrados, de lo que come a diario:
    @MarthaStewart.Best slow cooked onion soup with baguette croutons and gruyere and Comte cheese melted on top. Garden onions
    "Lo que Martha anuncia como “lechuga iceberg con aliño ruso casero” es un trozaco de esta infame verdura cubierta por una pasta grumosa de color rosa pálido con un aguacate marrón claro al fondo. Las “setas Matsutake con caldo, fragante y muy muy bueno” no las servirían ni en un hospital privatizado. Y la “mejor sopa de cebolla a fuego lento” parece lo que dejas en el retrete cuando sufres de gastroenteritis. Las respuestas a estos tuits han sido tan cómicas como salvajes: “aliño de pota”, “ideal para tu nuevo libro de recetas de prisiones”, “parece un fregadero atascado”… aunque mi favorita, sin duda, es esta: “¿Estás borracha, Martha?”." Mikel López Iturriaga, El país.
    Personalmente me reconforta saber que hasta Mary Poppins se rie y que hasta a ella se le queman a veces las tostadas. Y por eso me divierte sobremanera que Martha haya tenido la osadía de compartir sus cutrefotos sin ningún filtro ni apaño. Creo que el mundo sería un lugar mejor si todos los mitos comenzaran a autodesmontarse compartiendo la vanalidad de la vida cotidiana a la que todos estamos avocados.

    En mis años adolescentes tuve la suerte de entrevistar a Arzak en su pequeño restaurante de Donosti. Recuerdo que entre las preguntas de manual que le hicimos mis amigas y yo estaba la inevitable: ¿Cuál es tu plato favorito? Aún lo veo responder sonriente que los huevos fritos con pimientos del piquillo. Me pareció maravilloso, que un señor con tres estrellas michelín que había recorrido el mundo en busca de nuevos sabores, que tenía un cámara secreta de especias y había comido pez globo, trufa y hasta búfalo, y yo, una adolescente que no sabía nada de la vida, compartiéramos el gusto por un plato tan rústico como los son los huevos con pimientos del piquillo. Y es que aunque nos gusta complicarla y borrar las pieles de naranja con photoshop y llenarnos la boca diciendo que si tal o cual vino es difícil y presenta ciertas notas de luna menguante la vida, en realidad, la de todos, es mucho más sencilla que todo eso.  Por eso, que Martha compartiera su contidianidad con brutal honestidad solo hizo que me interesara un poco más por ella.


    Desde que descubrí su "aliño de pota", la he visto cocinar tronchandose de risa con Robin Williams, y haciendo brownies verdes mientras rapeaba alegremente con Snoop Dogg. He visto cada uno de los programas sobre cupcakes que tiene en su web. Y además me he atrevido a hacer algunas de sus recetas que sería justo decir que son infalibles. La experiencia con mis primeros cupcakes, fue tan sumamente gratificante que no me cabe duda de que volveré a repetir la experiencia.


    Sus cupcakes de tiramisú, los he hecho 3 veces con las cantidades multiplicadas por dos lo que viene a querer decir que he hecho aproximadamente 80 de estos pastelitos en menos de un mes. Naturalmente no me los he comido yo todos, pero podría haberlo hecho perfectamente porque no hay, punto, coma, ingrediente, ni paso que me gustaría cambiar a esta receta. Es absolutamente perfecta. Y por eso quiero compartirla con todos vosotros. Espero de verdad que os guste o, mejor dicho, estoy segura de que os gustará solo espero que la hagáis.



    domingo, 30 de noviembre de 2014

    Espaguetis a la putanesca el plato italiano más obsceno





    Típica del centro de Italia la putanesca es una salsa de sabor mediterráneo y contundente que debería ser galardonada con el premio a la ingeniería de cocina con conservas ya que prácticamente todos sus ingredientes provienen o pueden provenir de una lata: tomate, alcaparras, aceitunas, anchoa, guindilla, ajo y perejil.  


    Su nombre tiene mucho que ver con la palabra más grande del cartel de este señor, de hecho si fuera italiano el hombre hubiese dicho que los políticos sono unos figli di puttana, locución nominal de carácter malsonante de la que los italianos abusan tanto como los españoles. Y si puttana quiere decir puta, o prostituta para los más refinados, en italiano, puttanesca, obviamente, viene a querer decir algo así como "al estilo prostituta". La razón de semejante nombre no esta clara aunque la teoría más difundida afirma que fue durante la edad media y entre las prostitutas y marineros que se reunían por las calles de Nápoles donde comenzó su historia. 


    Algunos cuentan que la salsa se creo debido a que las costumbres nocturnas de las pobres mujeres eran incompatibles con los madrugones del mercado y que para cuando llegaban, si lo hacían, debían contentarse con aquellos productos que el resto no había querido, productos en salazón etc. 

    Otros afirman que fue a causa de los marineros. Tras sus largas jornadas de pesca éstos solían refugiarse en los burdeles de la ciudad donde adquirieron la costumbre de pagar a las mujeres con el fruto de su labor, la anchoa, o el jamón del mar como lo llaman algunos. También hay quien rumorea que así como las sirenas de Ulises cantaban para atraer a los navegantes las prostitutas napolitanas, cocinaban nutritivos platos de pasta con salsa putanesca para tentar a sus clientes antes y durante la espera. 

    Se dice además que la salsa putanesca se llama así porque es una salsa rápida, fácil y picante y que las prostitutas solían hacerla por no disponer de mucho tiempo más para cocinar e incluso que era el plato que las mujeres casadas hacían cuando tenían prisa por reunirse con el amante. 

    Versiones hay para todos los gustos, la más desconcertante que he leído y que me niego a creer, porque no creo que semejante cochinada tuviera éxito ni siquiera en la edad media, es que las prostitutas utilizaban un ingrediente de lo más escatológico para hacer la salsa: la menstruación.

    Sea como fuere la húmilde, rápida y salvaje puttanesca sigue siendo una de las salsas italianas más queridas de hoy en día y si no la has probado te animo a que lo hagas ya mismo incluso si no te gustea la anchoa porque esta salsa, esta comprobado, gusta hasta los anchofobos más radicales.

    Espero que os guste.





    martes, 23 de septiembre de 2014

    Los espagueti a la carbonara auténticos





    Si sueles preparar los espagueti a la carbonara con nata, champiñones o incluso cebolla deberías saber que según la cocina italiana más tradicional estas comentiendo un delito capaz de escandalizar a más de un romano. Si lo que haces es comprarla en bote o en sobres no solo cometes un delito sino que además estas llevando a cabo un acto imposible ya que la salsa de la de la carbonara original no es sino una mezcla de huevo crudo batido y queso que al mezclarla con la pasta aún caliente crea un manto brillante, cremoso y delicioso absolutamente imposible de enfrascar.

    La pasta carbonara es uno de los platos de pasta más populares en Roma. Su nombre deriva de la palabra carbone, que en italiano significa carbón. Algunos aseguran que la razón es que fue un plato típico de los carboneros de la zona de los Apeninos. Al parecer los carboneros solían comerla fría y hecha un bloque como si de un bocadillo se tratara. Otros piensan que es más probable que su nombre se deba al empleo de la pimienta negra para aderezar la salsa que recuerda vagamente al carbón

    Para hacer este plato he adaptado ligeramente la receta de Antonio Carluccio, al que podeís ver preparando estos espagueti en el canal de foodtube de youtube. Nos han gustado mucho, mucho, mucho y me he prometido a mi misma que de ahora en adelante no llamaré carbonara a cualquier cosa y que a la carbonara con nata la rebautizaré carbonata, no sea que un día de estos un amable romano me arreste.




    {RECETA DE ESPAGUETI A LA CARBONARA}

    INGREDIENTES (Para dos raciones)
    • 200g de espagueti (100 gr por persona)
    • 60g  de panceta o guanciale, cortada en tiras o dados
    • 2 cucharadas de aceite de oliva
    • 2 huevos y una yema (la yema es opcional)
    • 50g de queso parmesano o pecorino, recién rallado.
    • Pimienta negra recién molida
    • Agua y sal.



    ELABORACIÓN

    1. Cuece los espagueti en abundante agua salada (10gr de sal por litro) hirviendo hasta que estén al dente. (La mejor manera de saber que estan listos es probando uno)

    2. Mientras la pasta se hace, calienta el aceite en una sartén y dora la panceta con un poco de pimienta molida hasta que esté crujiente.



    3. Bate bien los huevos y mezclalos con el queso.


    4. Cuando los espaguetti estén listos echalos sobre la sartén con la panceta. Mezcla bien y retira del fuego.



    5. Vierte la mezcla de huevo batido y queso sobre los espagueti y mezcla bien. Añade un poco de pimienta molida.


    6. Sirve inmediatamente.






    FUENTES

    1. Antonio Caluccio, Real spaguetti carbonara



    2. Wikipedia, Carbonara

    3. Directo al paladar, salsa carbonara tradicional.