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miércoles, 25 de marzo de 2015

El famoso hummus extra cremoso y extra fácil



Nació en el creciente Fértil, también conocido como la cuna de la civilización, lugar donde se considera que se originó la revolución neolítica en Occidente y se inventarón la rueda, la agricultura, la escritura o el vidrio. Ya era guay en los tiempos de la biblia y dicen de el que es sexy, humilde, elegante, polémico, extraordinariamente sano, capaz de solucionar el conflicto de oriente medio y mucho más viejo que Matusalén. Es el nuevo mejor amigo de los deportistas, el antidepresivo más barato y los vegetarianos no sabrían vivir sin el. Habló del hummus, la pasta de garbanzos de origen árabe de la que todo el mundo habla.



Hummus, en árabe, significa literalmente "garbanzo". El nombre completo del plato que conocemos como hummus es "ḥimmaṣ bi ṭaḥīna" que significa "garbanzos con tahina" o garbanzos con pasta de sésamo. Es muy probable que lo estés pronunciando mal, por cierto, porque la hache no es muda sino aspirada, se pronuncia "jummus" y la manera tradicional de comerlo es cogiéndolo con pan de pita del recipiente que se comparte con el resto de comensales. 

Además del garbanzo y la tahina los ingredientes básicos del hummus tradicional son el limón, el ajo y el aceite de oliva en cantidades variables según el gusto del cocinero y del país en el que se elabore. Además suele aderezarse con especias como el comino y el pimentón y aquello que nos gusta llamar nuestro toque personal.


Cuenta el ministro de Turismo de Líbano que en su país es un plato tan omnipresente que  los camareros casi ni te preguntan si lo quieres: dan por hecho que lo vas a tomar. Tanto es así que oriente ha asistido al nacimiento de un nuevo tipo de restaurante especializado, dedicado exclusivamente a su elaboración: las hummuseras. El debate sobre cual de ellas hace el mejor hummus es tan popular allí como lo es aquí el de qué bar hace el mejor pincho de tortilla.

Aunque poco se sabe sobre su origen, y por si israelies, palestinos y libaneses no tuvieran ya suficientes guerras que atender , los tres pueblos llevan años peleándose también en el ámbito gastronómico por la paternidad del hummus.
La guerra comenzó cuando Israel empezó a exportarlo como si fuera un invento nacional propio. Entonces Líbano decidió demandar a sus vecinos por ello ante la justicia internacional. No se oponían a que el plato se denominara como una “especialidad de Oriente Próximo”, pero calificaban de “increíble” que Israel se arrogara la invención del mismo. (El comidista)
Pocos años después de que Israel consiguiera el récord Guiness del plato de hummus más grande jamás creado, Líbano, decidido a no ceder un palmo, se lo arrebató elaborando un mastodonte que duplicó en tamaño, al de sus adversarios. 10452 kilos pesó la broma que tuvo que ser elaborada por 300 cocineros a los que les sobró tiempo para hacer un árbol, bastante apañado, de decoración.

Record guiness Libarnés. 300 cocineros, 8 toneladas de garbanzos, 2 toneladas de tahina, otras 2 toneladas de zumo de limón y 70 kilogramos de aceite de oliva.
Todo esto que parece una chiquillada de patio de colegio del estilo "eres tonto" "y tu más", es en realidad un asunto bastante serio y además de motivos políticos esconde tras los camerinos un negocio que tan solo en los Estados Unidos alcanza ya los 4000 millones de dólares y subiendo. 2/3 de las empresas que se están haciendo las maletas gracias al hummus son empresas israelíes, lo que no ayuda a calmar los ánimos de sus vecinos.

Por si fuera poco, allende los mares, el hummus también es motivo de un intenso debate y de que algunos activistas la líen gorda en los supermercados al son de Lady Gaga, contra el hummus que Sabra and Tribe ,empresa israelí, comercializa allí. El resumen de su proclama es más o menos este: "Deja de comprar, deja de comprar, Sabra and Tribe. Apoya el boicot, no compres al apartheid israelí." 




Está claro que el hummus levanta pasiones y pocos lo saben mejor que Trevor Graham, cineasta estadounidense autor de la película llamada  "Make Hummus Not War" (Haz hummus no la guerra) donde juega con la idea de un oriente unido por los garbanzos de la discordia. Graham, optimista donde los haya, cree que el hummus podría ser el lazo de unión y la solución al conflicto entre los tres países eternamente enfrentados. 

La cuestión ahora es: ¿dónde se invento de verdad el hummus? y la respuesta es: ¿quién mato a Kennedy?. Es difícil aceptar que siempre habrá preguntas que la humanidad no podrá responder. Desde las más importantes ¿de dónde vengo? ¿a dónde voy? ¿cuál es el sentido de mi vida?, hasta las más idiotas ¿Por qué " separado " se escribe todo junto y " todo junto" se escribe separado? ¿por qué apretamos las teclas del mando más fuerte cuando se le acaban las pilas?. El origen de los platos tradicionales obedece casi siempre a este tipo de categoría de pregunta sin respuesta porque cuanto más se retrocede en el tiempo más se pierde la pista y más caminos se bifurcan.


Lo que se sabe sobre el origen de este peculiar paté es que la receta más antigua encontrada hasta la fecha data del siglo XII en Egipto. El escritor israelí Meir Shalev, descubrió que ya en el libro de Ruth de la Biblia se mencionaba un tal humitz, que se utilizaba como afrodisíaco y, se especula, es un posible antepasado del hummus actual. Claudia Roden, una de las máximas autoridades de la gastronomía de Oriente Próximo, opina que es bastante probable  que aquellas recetas se parecieran bien poco al hummus que conocemos hoy en día y duda que ninguna llevará tahina, limón o ajo. Roden apuesta por situar el nacimiento del hummus "moderno" algo más tarde, siglo XIX en Damasco, capital de Siria.

Una de las razones que podría explicar todo este tinglado histórico montado alrededor de un sencillo puré de garbanzos es que además de estar más bueno de lo que cabría esperar de la mezcla de un puñado de ingredientes de los más humildes es que el hummus es posiblemente una de las comidas más sanas del recetario humano. Es rico en proteínas de alta calidad y en hidratos de carbono de absorción lenta que ayudan a combatir los ataques de hambre y mantiene los niveles de azúcar en sangre gracias a su bajo valor glucémico. Por esta razón forma parte importante en las dietas de muchos deportistas además de ser ideal para personas con diabetes. Contiene además altas dosis de minerales como el hierro, fósforo, potasio, calcio y magnesio además de vitamina B, niacina, ácido fólico, tiamina y riboflavina, lo que ayuda a proteger y mejorar el estado de los diferentes órganos de nuestro cuerpo y el sistema muscular y nervioso.
A los garbanzos se le atribuyó durante mucho tiempo poderes afrodisíacos, tanto es así que se pensaba en la Edad Media, en Europa, que el consumo abusivo de esta gramínea era la causante del priapismo en los hombres. (Absolum)
Por si fuera poco se ha descubierto que el garbanzo contiene gran cantidad de triptófano, un aminoacido precursor de la serotonina, el neurotrasmisor que produce, entre otras cosas, la sensación de bienestar que tanto nos gusta. Ninguno de los momentos más felices de tu vida hubiesen sido posibles sin la presencia de la serotonina.


Hacer hummus en casa, especialmente si utilizas garbanzos de bote, es de lo más tonto que hay y no tiene ningún misterio. El único problema que yo he tenido es que me haya quedado seco pero eso se arregla añadiendo más líquido durante la marcha y con esta receta que comparto hoy no sucederá, porque si el hummus debe ser sedoso, cremoso y delicioso, este sin duda lo es. Las cantidades de los ingredientes no son del todo exactas porque dependen del gusto y del humor de cada uno y porque al ser una receta tan sencilla se pueden modificar durante la marcha sin ningún inconveniente. Incluso se pueden añadir innovaciones como el aguacate para hacer hummucate o remolacha, pimiento asado, pimentón, jalapeños... Es un plato de última hora excelente y además se puede guardar en la nevera para comerlo a lo largo de la semana como aperitivo a media tarde o llevarlo a la oficina o a clase en un tupper. Es además una excelente manera de dar de comer a ese amigo vegano que nunca tienes demasiado claro por qué sobrevive y te recuerda siempre que la mantequilla no crece en los arboles.

Espero que os guste.



martes, 28 de octubre de 2014

Tarta falsa de chocolate con crema de coco sin azúcar y sin harina para mi hermana





Mi hermana pequeña y su móvil samsung con funda rosa son inseparables. En él tiene una aplicación que al parecer cuenta las calorías que come durante el día. Algo así como el infierno. Ha dejado de comer carbohidratos y todo tipo de cosas engordantes que hacen que mi vida tenga sentido como la mantequilla, el azúcar, las salsas y los pasteles de zanahoria. Mi hermana pequeña acaba de cumplir 21 años muy bien cumplidos. Aún no sabe lo guapa que es, aún no es consciente de lo que vale. 

Mi hermana pequeña es la encargada de hacerme saber que los pantalones negros y la camiseta negra que he elegido no están de moda,  que llevo unos botines muy poco stysish, que me he despertado con cara sapo y que tengo los pies grandes. Mi hermana pequeña es la persona que después se infiltra en mi armario out of fashion y me quita todos los básicos porque ella se ha gastado todo el presupuesto comprandose vestidos y collares multicolores más propios de una alfrombra roja que de un pueblo de 3000 habitantes. 

Nuestro deporte favorito es discutir, y lo hacemos en todos los registros de voz, en cualquier momento y por cualquier cosa desde la más insustancial hasta la más importante. He perdido la cuenta de las veces que le he retirado la palabra para siempre y aún no he decidido cual de las dos es más terca.


La quiero con el mismo amor con que la odio por no reponer el papel de baño -nunca- o por esperar que la basura mute en un ser con patas que se tire a si mismo. 

Mi hermana es más vaga que la chaqueta de un guardia y es capaz de pasarse el día entero durmiendo. Pero también es una de esas pocas personas honradas que hay en el mundo y que hacen que vivir en el merezca la pena. Es simple divertida y tan inocente que da miedo. Nacio un 25 de octubre en el baño de nuestra antigua casa, con una tremenda prisa por llegar y de estrenar su peculiar y encantador carácter, sus tacones, sus maleta-bolsos y sus lápices de ojos.

Antes le encantaban mis brownies pero ahora dice que no son light, o fit o aptos indistintamente y se niega a comerlos. He aprendido muchas cosas sobre cocina sana teniendo que cocinar para ella y una de las más destacables es este pastel de chocolate sin harina y sin azúcar que aunque no es la tarta sacher que a mi me hubiera gustado hacer, ni los brownies con los que ella solía soñar, ha resultado ser una tarta bastante interesante, con una textura densa y sabor intenso similares a los de un brownie. A mi hermana le ha encantado y la única pega que le hemos encontrado, y que corregiremos la siguiente vez, es que la cantidad de crema de coco que lleva, y que nos ha enamorado, debería ser el doble. Es una excelente opción para personas con dietas restringidas de todo tipo. Se podría incluso hacer una versión vegana, substituyendo los huevos por plátano o compota de manzana. Hasta las personas que no sigan dieta alguna quedarán gratamente sorprendidas con ella y es probable que nadie se de cuenta de que no lleva ni azúcar, ni harina si no lo mencionas. 

Para hacer esta tarta he adapatado la receta de "spoonfool of sugar free" Espero que la probéis, y os guste.





{RECETA DE TARTA FALSA DE CHOCOLATE CON CREMA DE COCO}

INGREDIENTES

  • 200 gr de almendra molida
  • 50 gr (1/4 cup) de cacao puro en polvo
  • 1/2 cucharadita (tsp) de bicarbonato sódico
  • Una pizca de sal
  • 1+1/2 tazas de dátiles tiernos
  • 1/2 taza de agua
  • 3 huevos (en mi caso 2 huevos y una banana pequeña machacada)*
  • 2 cucharadas (tbsp) de aceite de coco
  • 2 tsp de esencia de vainilla
  • Ralladura de una naranja (opcional)
  • 1/2 taza de nueces troceadas (opcional)
  • 1/2 taza de chocolate sin azúcar troceado (opcional)
Para la crema batida de coco
  • 1 lata de leche de coco o de crema de coco (muy fria)* 
  • 2 cucharadas de queso crema frio
  • Sirope de agave al gusto (o miel, sirope de arce, estevia...)
  • 1 cucharadita de esencia de vainilla


ELABORACIÓN

1. El día o la noche anterior. Mete la leche de coco en la nevera y pon en remojo los datiles. (Si se te olvida poner en romojo los dátiles simplemente remojalos en agua caliente un poco antes de hacer la tarta)

2. Precalienta el horno a 165ºC

3. Mezcla los ingredientes secos: almendra molida, sal, bicarbonato y el cacao.



4. Aplasta el platano en un mortero o con un tenedor hasta hacerlo puré.



5. En un procesador de alimentos tritura los dátiles con el agua hasta conseguir un crema pegajosa lo más homogénea posible.



6. Mezcla los ingredientes húmedos: bate los huevos y añade el aceite de coco, la vainilla, la ralladura de naranja, el platano machacado y remueve bien.




7. Añade el pure  la crema de datil. Mezcla todo bien hasta formar una masa homogenea.



8. Vierte la mezcla de ingredientes líquidos a las de los solidos y mezcla hasta queden bien integrados.  Después añade las nueces y el chocolate en trozos y remueve hasta distribuirlos bien.




9.  Vierte la masa en un molde aceitado


10. Hornea durante 25-30 minutos o hasta que al insertar un palillo en el centro del pastel, éste salga limpio. Deja que el pastel repose y se enfrie antes de desmoldar.

11. Prepara la crema batida de coco. Con una cucharada recoge solo la crema de coco que ha quedado en la superficie procurando no añadir nada de agua que estará más al fondo. Ve echando la crema a otro bol. (El agua sobrante se puede utilizar, p.j, para hacer batidos de fruta)





12. Añade el queso crema y bate a velocidad media baja hasta que comience a montar.


13. Añade el endulzante y la esencia de vainilla y continua mezclando hasta que adquiera la consistencia parecida a la de la nata montada (no quedará tan firme como la nata ni creara picos tan pronunciados).


14. Esparce la crema de coco sobre el pastel ya frío con una espátula o un cuchillo y conserva la tarta en la nevera hasta su consumo.






NOTAS

* Puedes substituir el huevo por 1/4 de taza de puré de plátano (aproximadamente medio plátano) o 1/3 de taza de compota de manzana  por cada huevo. Yo utilice tan sólo un platano porque no tenía más y la próxima vez no utilizare ninguno, creo que quedará mejor con compota de manzana porque tiene un sabor más suave y el plátano me resulta demasiado potente.

** La leche de coco light, con el porcentaje de grasa reducido, no servirá para hacer esta receta. Según tengo entendido también se vende crema de coco natural (sin azúcar) enlatada pero yo no la he encontrado. Si puedes conseguir crema de coco te facilitarás el trabajo pero deberás tener en cuenta que una lata equivaldría al doble del contenido en crema de coco que se obtiene de una lata de leche de coco.
Si como yo utilizas una lata de leche de coco deberás tener en cuenta que el resultado cambiará dependiendo de la marca que utilices. Yo he añadido el queso crema solo para crear un poco más de consistencia pero podría no ser necesario con otro tipo de leche  de coco.  Si ves que la crema no monta como deseas y no te preocupa añadir lácteos o calorías podrías añadir un poco de nata para mejorar la consistencia aunque siguiendo los pasos indicados no deberías tener ningún problema.




FUENTES

1. Give me some oven, Coconut Whipped Cream.
2. Spoonfull Of Sugar Free, Flourless Chocolate Cake {Made with Almonds}
3. Chef in You, Egg substitutions



jueves, 28 de agosto de 2014

Los mochis de la abuela de Joy Uyeno, los más tiernos del mundo




Encontré a Joy Uyeno cuando me estuve documentando para hacer los daifucumochi que compartí aqui y que tanto me gustaron.

Joy Uyeno afirma en su blog que su abuela hacía los mejores mochis del mundo. Tanto le gustaban aquellos delicadisimos dulces japoneses que cada vez que su abuela le llevaba una bandeja llena de ellos ella se los racionaba para que le durasen más tiempo y la espera se hiciese más corta.

Yo, que me confieso una enamorada de los mochi, no podía dejar de probar aquello. Un mochi extra tierno con leche de coco y vainilla, horneado lentamente sonaba demasiado bien para morirme sin probarlo.


Así que lo hice. Y, lo que no pasa muchas veces, el resultado ha sido exactamente el que esperaba. Un mochi tierno, extremadamente delicado,  con un sabor dulce muy peculiar a arroz, coco y vainillla que se funde en la boca y tan fácil que parece mentira.


Para el que nunca haya probado un mochi, he de decir que compararlo con algo conocido es complicado. Quizá se parezcan un poco, a las delicias turcas. De aspecto son clavados. También, por la textura y el dulzor, a las nubes de gominola. Aunque los mochis tienen más cuerpo y sería más conveniente describirlos como el resultado de que una nube de gominola y el arroz glutinoso hiciesen el amor... Bueno lo mejor es que lo probéis. Y si es la primera vez que los hacéis esta es la mejor receta. Fácil, sin complicaciones y prácticamente imposible de chafar. A los niños les encantará y es tan fácil que podéis incluso invitarlos a la cocina a que metan las manos en la masa sin miedo a que se quemen o se corten el dedo o el brazo.

Espero que lo probéis porque estoy segura de que os encantarán.



{RECETA DE MOCHIS EXTRA BLANDOS}

INGREDIENTES

  • 450 gr de mochiko (harina de arroz glutinoso) *
  • 2 ¼ cup (tazas) de azúcar
  • 1 tsp (cucharadita) de levadura
  • 1 tsp (cucharadita) de extracto de vainilla
  • 2 cups (tazas) de agua
  • 1 lata de leche de coco
  • Maizena o fécula de patata 
  • Colorante rojo (opcional)**



PREPARACIÓN


1. Precalienta el horno a 135-140ºC. Engrasa un molde rectangular de 33 x 23 x 5 cm (o dos más pequeños) con aceite. 

2. Mezcla la harina de arroz con el azúcar y la levadura.


3. En otro bol, mezcla el agua, la leche de coco y la vainilla.


4. Mezcla los ingredientes húmedos y los secos usando las manos o una cuchara de madera. Es posible que aparezcan grumos, sigue mezclando hasta que prácticamente no quede ninguno)


5. Si decides usarlo, añade ahora el colorante de tu elección. (yo he usado un colorante en pasta rojo potente del que solo hace falta añadir una pizca para conseguir un color rosa pálido)


6. Vierte la mezcla en el molde engrasado y cubre con papel de aluminio, bien cerrado.





7. Hornea durante 90 minutos. (Antes de sacarlo comprueba que el mochi esta listo, lo sabrás porque al mover el molde el centro temblara un poco pero no estará líquido, sí lo esta, sigue horneando hasta que este bien cocido)


8. Saca el molde del horno, destápalo y deja que se enfrié completamente. Cuando se enfrié completamente puedes o bien cortarlo o bien volverlo a tapar y dejar que repose 10-12 horas más para que el mochi quede aún más blando.


9. Con un cuchillo de plástico, corta el mochi en pequeños trozos y rebózalos en maizena de tal manera que queden cubiertos de una fina película de polvo. Después envuélvelos en plástico transparente o papel vegetal (opcional). Conserva en la nevera.




NOTAS

* La harina de arroz glutinoso no se puede sustituir por harina de arroz normal. Esta harina especial para hacer mochis se puede encontrar en supermercados orientales con facilidad o en internet.

** En mi caso colorante rojo en pasta

1. Si te resulta raro cubrir los pastelitos de maizena y piensas que con azúcar glas podría quedar mejor. No te animo a que lo pruebes. Yo lo hice y el azúcar se funde haciendo exactamente lo contrario de lo que sería su función, es decir, evitar que el mochi sea pegajoso. Suena extraño pero la capa de maizena es muy fina y el sabor es indistingible.







FUENTE

1. Frock Files.com, super soft mochi.