jueves, 12 de junio de 2014

Hamburguesas vigorizantes de quinoa y verduras para dioses y mortales




La famosa frase con la que Rhett Butler renuncia definitivamente a la codiciosa Scarlett O’Hara en lo que el viento se llevo: «Francamente querida, me importa un bledo», en inglés original, «Frankly my dear, I don't give a damn», estuvo a punto de no pasar la censura en Estados Unidos por contener una palabra malsonante para la época ("damn") y no llego a pasarla en España.  Por eso, en la traducción española de la película no se pronuncia la frase tal y como se conoce hoy en día sino esta otra más recatada: «Francamente querida, eso no me importa». (Y si no me crees, pincha aquí)



Los traductores españoles de la época (1939), consideraron más apropiado omitir la palabra malsonante ignorando por completo estar destruyendo la que sería votada por el AFI (American Film Institute),  como la mejor frase cinematográfica en 2005. 

Algo similar hicieron los Españoles durante la conquista de América con la quinoa y el amaranto. Cuando los conquistadores llegaron a América los Mayas e Incas tenían como alimentos sagrados granos como el Amaranto y la Quínoa debido a que sus cultivos, además de ser muy nutritivos, eran resistentes al frío, la sequía, la altura y los suelos pobres. Atribuían propiedades vigorizantes, afrodisíacas y hasta esotéricas a estos granos que formaban parte de las ofrendas que se entregaban a los dioses, a los gobernantes y a los muertos en los rituales de sus ceremonias religiosas politeístas.

La quinoa era considerada por los Incas como el 'cereal madre' y cada año, celebraban una ceremonia especial, donde se plantaban las primeras semillas de la temporada y los sacerdotes ofrecían vasijas de oro llenas de quínoa al Inti, el Dios Sol durante el solsticio. El amaranto también era ofrecido a los dioses en forma de figurilla hecha con su harina mezclada con miel de maguey. Las figurillas solían tener formas de animales, guerreros, o dioses y tras finalizar la ceremonia se repartían entre los asistentes, quienes las comían en honor a los dioses.


Debido a la importancia e implicaciones religiosas y culturales que tenían estos cereales para los pueblos precolombinos, los conquistadores los consideraron alimentos paganos peligrosos para la visión religiosa que trataban de imponer y tuvieron,  la genial idea, de exterminar los cultivos del alimento sagrado y prohibir su posesión y consumo. Así el cultivo del principal alimento de estos pueblos,  fue substituido por maíz y patatas y en muy poco tiempo. Ese es, presuntamente, el origen, de la expresión más conocida de Clark Gable: «me importa un bledo». "Bledo" era el nombre por el que los españoles conocían la planta de amaranto, y la expresión hacía referencia al modo despectivo con que los españoles trataban a los indígenas y sus tradiciones.

Por decirlo de otra manera. Destruyeron cultivos enteros de el pseudocereal al que la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) le dedicó un año entero, el 2013. Quien dijo que: “La Quínoa posee el balance de proteínas y nutrientes más cercano al ideal de alimento para el ser humano”. Quemaron y proscribieron el uso del grano que llegaría a ser elegido por la NASA como alimento ideal para astronautas debido a que por si solo, puede proveer una dieta equilibrada.


Los españoles, que sí supieron ver los beneficios de productos como el aguacate, la piña, el tomate, la patata, el maíz, el chocolate, el cacahuete, el tabaco, el algodón, la pimienta o la vainilla, despreciaron y satanizaron uno de los pseudo cereales, más completos de la tierra: la quinoa. Más de 500 años después la quinoa comienza a no importarnos un bledo y a obtener la importancia que se merece.

Segun los estudios más recientes este pseudocereal, es uno de los pocos vegetales que posee en su composición los 9 aminoácidos esenciales para la formación de nuevas proteínas, lo que lo convierte en un alimento muy completo y de fácil digestión ideal para complementar dietas vegearianas y deportistas.

Es también alta en fibra, lo que favorece la eliminación de toxinas y residuos que puedan dañar el organismo, en omega 3, vitaminas del complejo B y E, isoflavonas y almidón de bajo índice glicémico que beneficia a pacientes con diabetes. Los minerales como el hierro, fósforo, potasio, calcio, magnesio y zinc, y un bajo porcentaje de grasas, favorecen la pérdida de peso. Y es un alimento apto para celiacos ya que no contiene gluten.

Según la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura) las semillas, las hojas, los tallos y la ceniza, curan más de veintidós dolencias y afecciones humanas distintas: abscesos al hígado, afecciones hepáticas, analgésico dental, anginas, antifebrífugo, apósitos o cataplasmás, calmante y desinflamante, catarro de vías urinarias, cáustico para las heridas y llagas, cicatrizante, contusiones y conmociones, diurético, galactóforo, control de hemorragias internas, luxaciones, repelente de insectos, resolutivo, saburras estomacales, supuraciones internas, vermífugo y vomitivo.

Además de todo ello, la quinoa tiene un sabor agradable similar al de la nuez que se presta a la elaboración de multitud de platos tanto dulces como salados. Su preparación es muy sencilla, ya que se cocina igual que el arroz. y puede ser utilizada como sustituto de éste la mayoría de las veces.


Nosotros en casa, la solemos hacer con verduras salteadas o al vapor, con carnes o con soja y aceite simplemente. Esta era la primera vez que hacía hamburguesas y no será la última. Las había visto muchas veces en la red y tenía guardadas muchas recetas en mi cajón, de "diez mil y una recetas deliciosas que no tendré tiempo de hacer en toda mi vida". Pero el otro día, al descubrir en la nevera un tupper entero con quinoa del día anterior supe al instante que aquel era el momento perfecto para dar una oportunidad a esta plato. Fui entonces a ojear las recetas que tenía guardadas, pero o bien porque me faltaban la mitad de ingredientes o bien porque no me convencían del todo, resolví crear una personal mezclando todas ellas y añadiendo alguna alegría propia. El resultado fue todo un descubrimiento. Quedaron deliciosas incluso para comerlas frías, lo que unido a su portabilidad, las hace perfectas para un picnic o un día de playa como los que hemos tenido estos días.




{RECETA DE HABURGUESAS DE QUINOA Y VERDURAS}

INGREDIENTES
  • 3 tazas de quinoa cocida (1 taza sin cocer)
  • 1 cebolla pequeña, finamente picada
  • Medio pimiento rojo, finamente picado
  • 3 dientes de ajo, machacado
  • 1 zanahoria, finamente picada
  • Perejil fresco picado
  • 3 huevos
  • 1/2 taza de avena fina
  • 1-2 cucharadas de semillas de chía (opcional)
  • Jengibre fresco rallado
  • Pimienta negra molida, al gusto
  • Pimentón, al gusto
  • Salsa Workchester, al gusto
  • 1-2 cucharadas de salsa de soja 
  • 1/2 taza de pan rallado
  • 1/3 taza polenta o sémola de maíz (opcional)
  • Aceite, para freír.

PREPARACIÓN

1. Cocina la quinoa. Lava la quinoa bien antes de ponerla a cocer para eliminar el sabor amargo de la saponina que suele tener en la superficie del grano. Para ello colócala sobre un colador y bajo el chorro de agua unos minutos moviendo los granos con las manos. Al principio saldrá una especie de espuma, sabrás que esta suficientemente limpia cuando la espuma desaparezca. Echa la quinoa en una cazuela con un poco de aceite y tuesta unos minutos (opcional). Añade el agua (dos partes de agua por una de quinoa) y cuando rompa a hervir baja el fuego y tapa la cazuela. Deja cocinar hasta que el agua se haya evaporado. Deja que se enfrié antes de hacer las hamburguesas. 

2. Pica la cebolla, el pimiento, la zanahoria, el perejil y el ajo. Bate los huevos. Ralla el jengibre y prepara el resto de ingredientes.


3. Echa la quinoa fría, en un bol y añade Las verduras, los huevos, las salsas, las semillas, la avena y las especias. Mezcla todo bien.  (Si crees que la mezcla no ha quedado suficientemente compacta añade un poco de pan rallado).






4. Haz bolas del tamaño que prefieras con las manos. Reboza cada una de ellas, con cuidado, en el pan rallado y aplastalas ligeramente presionando con las manos. 


5. Cubre el fondo de una sartén con aceite y fríe las hamburguesas a fuego medio alto hasta que adquieran un tono dorado.


6. Sirve en caliente o en frió y con la salsa que prefieras, con verduras, carnes o con pan.


FUENTES: 
Otro estilo de vida distinto, Quínoa y Amaranto (Duplica)





lunes, 9 de junio de 2014

Los famosos tomates verdes fritos de Whistle Stop Café




"¿Sabes la historia del lago que había aquí antes? Pues un mes de noviembre vino una bandada de patos y se posaron en el lago, la temperatura bajó tan deprisa que el lago se heló, entonces los patos se fueron volando y se llevaron el lago con ellos... dicen que ahora debe estar en algún lugar de Georgia."
Tomates verdes fritos

¿Quién, tras haber visto, llorado y reído "tomates verdes fritos", no ha deseado materializarse derrepente en la Georgia de Idgie y Ruth, tomar asiento en el pequeño café de Whistle Stop y comer sus famosos tomates verdes fritos? 

¿Quien no se ha acordado de la encantadora señora Evelyn y ha sentido el impulso de gritar "Towanda", al sufrir al sinvergüenza de turno en un parking o en un supermercado? 


¿Quién al enamorarse en verano no se ha sentido capaz de cualquier aventura y tan feliz como una persona persona enamorada puede llegar a estarlo? 


Es imposible ver tomates verdes fritos y no aprender nada o no sentirse inspirado para vivir "mejor" la vida. No es tan solo un canto a la cocina, a las mujeres y la vida sureña, también esta llena de lecciones emocionales, vidas que se entrecruzan y personajes imborrables. Es un película intensa, pero amena de las que no se olvidan. En los 136 minuto que dura trata todo lo que alguna vez fue importante: el amor, la amistad, la homosexualidad, el matrimonio, la maternidad, la madurez, la vejez, la menopausia, el racismo, la violencia de genero, el crimen, la enfermedad, la muerte, el duelo, la autoestima, la valentía, la desobediencia etc, etc. 

Para mi nunca es un mal momento para ver esta película y tampoco nunca es un mal momento para salir a comprar tomates verdes, freírlos en aceite y contagiarme del sabor del verano sureño.

Con más razón ahora que nunca pues tras una intensiva búsqueda de la mejor receta original de este plato creo haberlo encontrado en ésta que comparto hoy, que es... deliciosa. Mucho más de lo que cabría esperar de un plato tan humilde. La polenta y el el pan rallado crean una corteza crujiente como un barquillo, que al morderla estalla en la boca junto al tomate, tierno y caliente. Es verdaderamente un plato que se merece una película.




La única dificultad que tiene la receta, al menos para mi, es encontrar tomates verdes ya que, dónde yo vivo, se consideran incomestibles, nadie los quiere para nada y por tanto no se suelen vender. Afortunadamente ahora que el verano esta cerca y los tomates comienzan a brotar los supermercados se han llenado de tomates verdes y es fácil encontrarlos. 

La otra  dificultad es no dejar pasar mucho tiempo desde el momento de comprarlos al de freírlos pues los tomates maduran con bastante facilidad. Como se puede apreciar en la imagen inferior, uno de los tomates que yo compre en dos o tres días ya había madurado y había dejado de ser verde. Aún así, la receta queda muy bien también con tomates un poco más maduros o maduros si los secamos bien antes de rebozarlos. Yo lo suelo hacer así cuando encontrar tomates verdes es una odisea digna de otra película.



{RECETA DE TOMATES VERDES FRITOS}

INGREDIENTES
  • 3 tomates verdes* duros de tamaño medio
  • Sal (al gusto)
  • 1 taza de harina de trigo
  • Cayena molida (al gusto)
  • Pimienta negra molida (al gusto)
  • 1 taza de Buttermilk* o leche 
  • 1 huevo grande
  • 1/3 taza polenta amarilla*
  • 1/2 taza de pan rallado
  • 1/4 taza aceite de oliva o girasol.
  • Una cucharada de mantequilla (opcional)


PREPARACIÓN


1. Corta los tomates en rodajas gruesas de 1-1'5 cm y sazona con sal. (Yo los corto más finos porque los prefiero así). Deja reposar sobre papel absorbente. (La sal ayudará a que expulsen líquido).



2. Prepara 3 recipientes para el rebozado. En el primero pon la harina, la cayena y la pimienta negra. En el segundo la leche y el huevo. Y en el tercero el pan rallado y la polenta.


3. Calienta el aceite y la mantequilla. La mantequilla no es necesaria, pero dará a la corteza un sabor exquisito y un color particular.

4. Reboza los tomates primero en el bol de harina y cayena, después en el de leche y huevo, y finalmente en el de polenta y pan rallado.


5. Fríe los tomates en el aceite caliente hasta que adquieran un tono dorado . Cuando estén listos traspasalos a un plato cubierto con papel absorbente  para eliminar el exceso de aceite.

6. Sirve mientras estén calientes. Solos,  con salsa remoulade cajún*, con mayonesa con unas gotas de tabasco o con la salsa que más te guste. ¨(Es conveniente servirlos inmediatamente porque de lo contrario la humedad del tomate terminará por ablandar la corteza)


NOTAS

* No prescindas de la polenta realmente marcará la diferencia y hará que la corteza quede mucho más crujiente.

*Si no encuentras tomates verdes, puedes utilizar tomates más maduros, aunque ya no serían tomates verdes fritos. Si lo haces, procura elegir una variedad de tomate con la carne más compacta y seca posible. Yo lo he hecho y el resultado ha sido igual de exquisito.

*El Buttermilk o Suero de leche no es fácil de encontrar en supermercados pero elaborar, algo parecido en casa es muy sencillo. Necesitamos: 250 ml. de leche desnatada o semidesnatada y 1 cucharada de zumo de limón (15 ml.) Echamos el zumo de limón a la leche. Revolvemos y dejamos reposar durante 10 minutos a temperatura ambiente. Tendrá la apariencia de leche cortada o yogur muy líquido. Ésta es la textura que queremos obtener, la revolvemos otra vez y la utilizamos directamente, sin necesidad de colarlo. Para saber más ver:  ¿Cómo se hace Buttermilk casero?


*Para elaborar la salsa remoulade cajún necesitamos: Zumo de ½ limón, 1 taza de mayonesa, un poco de cebolleta picada, un poco de apio verde picado, ajo picado, perejil picado, 1 cucharada de mostaza antigua, 2 cucharadas de ketchup, un chorrito de salsa Perrins, pimentón, pimienta y si la queremos picante, un poquito de tabasco. Lo batimos todo con una batidora de mano, y lo metemos en la nevera.

1. Los tomates verdes fritos quedan muy bien también en tempura.




viernes, 6 de junio de 2014

Hummingbird Cupcakes o cupcakes que no duran mucho




Recuerdo perfectamente la primera vez que vi un colibrí. Yo miraba a través de la ventana de un cuarto misnúsculo de los Estados Unidos. Por la ventana se podía ver un pequeño jardín privado presidido por un enorme árbol que bloqueaba cualquier paisaje más allá de él y del que ya no recuerdo más que su enormidad. Barruntaba yo melancólicamente, lo que sospecho que eran problemas insustanciales de adolescente, cuando de la nada apareció un simpático colibrí a beber del  bebedero para colibríes que teníamos en la casa. Y supe entonces, por qué lo teníamos. Pues aquel pájaro minúsculo, con su pequeño corazón latiendo mil veces por minuto y ese enigmático levitar me pareció un espectáculo digno de ver todos los días de nuestra vida. Lamentablemente la visita fue breve, pues los colibríes parecen siempre muy atareados y nunca se quedan quietos por mucho tiempo en un lugar. 

Si hay, en todo el reino animal, un pájaro que merezca dar nombre a una tarta ese es el colibrí o "Hummingbird" en inglés. La mayor parte de la dieta de este pequeño animal consiste en azúcar que obtiene a tráves del néctar de las flores; y además, no se contenta con cualquier néctar, debe ser uno con un 25% de contenido en azúcar y nunca menos de un 12%. Condición que la tarta "Hummingbird", cumple sobradamente. Esta tarta es un clásico del sur de los Estados Unidos, que contenta a todos los paladares y es sin duda merecedora de su nombre. Se dice, que es tan dulce que ni los colibríes pueden resistirse. 

Aunque realmente nadie sabe muy bien de donde proviene el nombre y además también es conocida con otros como: "Granny's best cake" (La mejor tarta de la abuela), "Nothing Left Cake" (La tarta de la que no queda nada), "Jamaican Cake" (tarta jamaicana) o "Cake That Won't Last" (tarta que no durará mucho). Todos ellos, nos dan una idea de que hablamos de una tarta esencialmente irresistible. 


El motivo de que sea más conocida como Hummingbird Cake, es que la tarta saltó a la fama en febrero de 1978 gracias a una edición de la revista "Southern Living". Aquella receta, que es considerada la original, la envió la señora L.H. Wiggins, que si no me equivoco, es la mujer de la foto. A partir de entonces se convirtió en la receta más demandada de la revista y solo recientemente a sido superada por otra favorita del sur de los Estados Unidos: la tarta de coco. Podéis leer la receta original, en inglés, aquí. 

No solo esta buenísima sino que además es también muy fácil de hacer (ni siquiera es necesario tener una batidora) y es una de las favoritas para reuniones en las que hay que alimentar a mucha gente porque se conserva y congela muy bien y además se debe servir en pequeñas porciones, porque la riqueza del bizcocho junto al frosting hacen que sea más saciante de lo habitual. 

Yo he optado por el formato cupcake en honor a los colibríes y su encantadora pequeñez. Y he usado la espectacular receta del blog DeNikatessen (un poco más elaborada que la original). Los cupcakes estaban deliciosos y han volado con la misma celeridad que los pajaritos que les dan nombre.


{RECETA DE HUMMINGBIRD CUPCAKES}

 INGREDIENTES (Para 10-12 cupcakes)
Para la base:
  • 1 cup (130 gr.) de harina de trigo común
  • ¼ cucharadita (tsp) de bicarbonato sódico
  • ¼ cucharadita (tsp) de canela 
  • ⅛ cucharadita (tsp) de sal
  • 1 huevo mediano
  • ½-⅔ cup (100-135 gr.) de azúcar blanco*
  • ¼ cup (60 ml.) de aceite de girasol
  • ½ cucharadita (tsp) de extracto de vainilla
  • ⅔ cup (150 gr.) de plátano maduro machacado (aprox. 1 plátano grande )
  • 75 gr. de piña machacada (en mi caso piña de lata en su jugo)
  • ¼ cup (20 gr.) de coco seco rallado
  • ⅓ cup (35 gr.) de nueces pacanas picadas (en mi caso nueces normales)
Para el Whipped Cream Cheese Frosting:
  • 200 gr. de queso tipo Philadelphia
  • 100 gr. de azúcar glas
  • ⅓ cup (80 ml.) de nata para montar (35% m.g.)
  • ½ cucharadita (tsp) de extracto de vainilla
Para la decoración (opcional)
  • Semillas de amapola o nueces picadas

PREPARACIÓN

1. Precalienta el horno a 175º C, con la rejilla en el centro del horno, y prepara los moldes de papel.

2. Tamiza la harina, la canela, el bicarbonato y la sal en un bol mediano. Reserva.

3. Aplasta con un tenedor el plátano hasta obtener un puré fino. Reserva.


4. Machaca o pica la piña con un tenedor o un cuchillo hasta conseguir trocitos muy pequeños. Reserva la piña junto al jugo que ha soltado al trocearla.


5. En un bol grande, bate el huevo con el azúcar hasta obtener una crema espesa de color pálido (2-3 minutos)




6. Añade el extracto de vainilla y el aceite y continua batiendo hasta que se hayan incorporado.


7. Añade el plátano, la piña (con su zumo), el coco y las nueces. Bate hasta que queden bien distribuidos.




8. Incorpórala la harina a la mezcla con ayuda de una espátula hasta obtener una mezcla homogénea.



9. Con ayuda de una cuchara o manga pastelera, rellena los moldes y hornea durante 18-20 minutos o hasta que al insertar un palillo en el centro del cupcake, éste salga limpio.


10 Saca el molde del horno y deja que repose 5 minutos antes de desmoldar. Después deja que se enfríen sobre una rejilla antes de decorarlos.


11. Para el frosting. Tamiza el azúcar glas.


12. En un bol mediano bate el queso junto con el azúcar a velocidad media-alta, hasta obtener una mezcla cremosa. (1-2 minutos).



13. Añade la nata líquida y extracto de vainilla. Continua batiendo hasta que la crema se vuelva suave y espesa. (2-3 minutos.).


14. Cubre el bol con plástico y mételo en la nevera hasta el momento de decorar los cupcakes.

15. Decora los cupcakes con ayuda de una manga pastelera y espolvorea unas cuantas semillas o nueces sobre el frosting.



NOTAS

*La cantidad de azúcar dependerá del tipo de plátano y piña que utilicemos. Cuanto más dulces sean menos azúcar necesitaremos. 

1. Debido a que los sabores de estos cupcakes son delicados y sutiles es recomendable utilizar aceites muy suaves y descartar los de oliva.

2. El coco, se puede omitir y la piña, si es de lata, es preferible utilizar la que viene en su jugo en vez de en almíbar.

3. Los cupcakes se conservan bien unos días en la nevera.

4. Las semillas de amapola, las compré en la sección "bio" de un supermercado grande.