viernes, 23 de enero de 2015

Los pastelitos de limón de juego de tronos



Cuando terminé de ver todas las temporadas de juego de tronos en poco más de un mes y me puse a buscar la receta de los pastelitos de limón preferidos de Sansa Stark tenía más o menos asumido que era una pequeña friqui. Cuando descubrí que Chelsea Monroe-Cassel y Sariann Lehrer, dos mujeres bostonianas, no sólo tenían un blog de cocina,  "The inn at the crossroads" (La posada en la encrucijada), dedicada exclusivamente a los banquetes de juego de tronos sino que habían publicado un libro entero, "Festín de hielo y fuego",  sobre el mismo tema, y con bastante éxito, descubrí que lo mio era, de hecho, bastante trivial. Que me hiciese inmediatamente con un ejemplar del libro y que estos pastelitos sean tan solo un ejemplo de las recetas inspiradas en los siete reinos que vendrán a parar al blog es algo que a nadie debería de sorprender.

El libro en cuestión es un recetario inspirado en su mayoría en técnicas de la Edad Media, en el que los platos están divididos por reinos. Cada uno de ellos viene acompañado por una cita del libro en la que aparecen. Cuenta además con un prologo escrito por el mismisimo George R. R. Martin, en el que confiesa su total ineptitud en la cocina. Por soprendente que parezca dice ser incapaz de cocinar nada más sofisticado que los huevos con bacon del desayuno. Lo creas o no, el autor cuya obra ha inspirado un recetario de cocina completo, jamás cocinó ni uno solo de los platos que describe con meticulosa puntualidad en sus libros al igual que tampoco mato de verdad a todos esos personajes. Si lo hubiera hecho sería uno de los mayores asesinos en serie de la historia conocida.

Los 284 aasesinatos de juego de tronos de manera grafica.

Todos sabemos que la piedad, la compasión y la justicia no se cuentan entre sus muchas cualidades. Yo aún no me había recuperado del todo de la dramatica caida de Dumbledore cuando Martin, el compasivo, decidió clavar la cabeza de Edd Stark en un pica. Después de eso la hostilidad siguió en aumento hasta el punto de que he llegado a estar convencida de que no quedará un solo personaje vivo para el final.

Por esta cualidad tan suya de querer acabar con toda su obra Martin ha sido nombrado mayor troll de la literatura, seguido muy de cerca por otro gran aguafiestas llamado William de apellido Shakespeare.



"Aquí tengo la lista de los personajes que mataré. Son basicamente todos vuestros favoritos."



Al ser interrogado por el porqué de su sadismo responde que el lo que busca es sorprender a los lectores, que tengan miedo de pasar la página, y que jamás olviden que su héroe corre peligro, que se acerca el invierno y se está librando una guerra.

Gracias a la tecnologia y el extraño habito que tiene la gente de grabarse mientras ve la tele, es posible ver las reaccciones que suscitó la emisión de su espantosa "boda roja" (red wedding). 



Nadie lo invita ya a ninguna boda.

Otra de las raras cualidades de Martin es el gusto por describir los aspectos más viscerales y humanos de sus personajes sin filtro alguno. Muchos de sus lectores se han mostrado ofendidos con la concrección a la que llegan sus escenas de sexo y muchos más aún han sentido la necesidad de levantarse a comer algo durante el relato minucioso de alguno de los banquetes celebrados en desenbarco del rey. Porque George no se contenta con mencionar los sempiternos cafés y cigarrillos a los que los escritores nos tienen acostumbrados. Y desde luego no es el tipo de escritor que se contente con un sandwich comido de mala manera ante el ordenador. Mientras que en la mayoría de los libros la aparición de la comida es meramente anecdotica, en su obra los platos descritos con minucioso detalle, llegan a tener tanta presencia, que casi puede ser considerados un personaje más. La importancia de este hecho ya la menciono mucho antes que yo y mucho mejor Virginia Woolf:

"Hecho curioso, los novelistas suelen hacernos creer que los almuerzos son memorables, invariablemente, por algo muy agudo que alguien ha dicho o algo muy sensato que se ha hecho. Raramente se molestan en decir palabra de lo que se ha comido. Forma parte de la convección novelística no mencionar la sopa, el salmón ni los patos, como si la sopa, el salmón y los patos no tuvieran la menor importancia, como si nadie fumara nunca un cigarro o bebiera un baso de vino. Voy a tomarme, sin embargo, la libertad de desafiar esta convección y deciros que aquel día el almuerzo empezó con lenguados, servidos en fuente honda y sobre los que el cocinero del colegio había extendido una colcha de crema blanquísima, pero marcada aquí y allá, como los flancos de una gama, de manchas paradas. Luego vinieron las perdices, pero si esto os hace pensar en un par de pájaros pelados y marrones en un plato os equivocáis. Las perdices, numerosas y variadas, llegaron con todo su séquito de salsas y ensaladas, la picante y la dulce; sus patatas, delgadas como monedas, pero no tan duras; sus coles de Bruselas, con tantas hojas como los capullos de una rosa, pero más suculentas. Y en cuanto hubimos terminado con el asado y su séquito, el hombre silencioso que nos servía, quizás el mismo bedel en una manifestación más moderada, colocó ante nosotros, rodeada de una guirnalda de servilletas, una composición que se elevaba, azúcar toda, de las olas. Llamarla pudin y relacionarla así con el arroz y la tapioca sería un insulto. Entretanto los vasos se vino habían tomado una coloración amarilla, luego un rubor carmesí; habían sido vaciados; habían sido llenados. Y así gradualmente, se encendió, a media espina dorsal, que es la sede del alma, no esta dura lucecita eléctrica que llamamos brillantez, que centellea y se apaga sobre nuestros labios, sino este resplandor más profundo, sutil y subterráneo que es la rica llama amarilla de la comunión racional. No es necesario apresurarse. No es necesario brillar. No es necesario ser nadie más que uno mismo. Todos iremos al paraíso y Van Dyck se halla con nosotros: en otras palabras, que agradable le parecía a uno la vida, que dulces sus recompensas, qué trivial este rencor o aquella queja, qué admirable la amistad y la compañía de la gente de su propia especie mientras encendía un buen cigarrillo y se hundía en los cojines de un sillón junto a la ventana."  Virginia Woolf, Una habitación propia.
Pero pongamonos de humor para hacer la receta:



Se preguntó si Sansa Stark también tendría frío, estuviera donde estuviera. Lady Catelyn le había dicho que Sansa era un niña dulce a la que le encantaban los pastelillos de limón, las túnicas de seda y las canciones de caballería, pero aquella niña había visto como decapitaban a su padre y luego la habían obligado a casarse con uno de los asesinos.
Las dos primeras recetas que he utilizado para hacer los pastelitos de limón son muy distintas entre sí. La primera proviene del recetario oficial de juego de tronos que he mencionado anteriormente. Es una receta medieval simple y directa y el resultado deja bastante que desear. Yo solo la recomendaría a fanses de juego de tronos ya con carné y todo o a personas a las que le gusten los pasteles muy rudimentarios que se parecen sospechosamente en todas sus cualidades a las galletas. 


La otra pertenece al chef Tom Colicchio que fue el encargado de diseñar el menú de las furgonetas de comida (food-trucks) de juego de tronos que se desplegaron por distintas ciudades de Estados Unidos para la promoción de la última temporada de la serie. Sé lo que  estás pensando. ¿Es qué tienen una furgoneta de comida para todo? La respuesta es sí, la tienen. 

Dentro del menú que se servía en las furgonetas estaban la trucha crujiente con salsa de almendra y mostaza, el conejo al horno... y por suspuesto los pasteles de limón que puedes probar en casa haciéndolos tu mismo con muy poca dificultad. Al hornearlos se dividen en dos, un bizcocho ligero en la parte superior y una crema de limón sedosa en el fondo. Parece magia pero en realidad es una tontería y si no te disgusta el limón te encantarán.








{RECETA DE PASTELITOS DE LIMÓN MEDIEVALES}

INGREDIENTES
  • 2 y 1/2 tazas (cups) de harina 
  • 2 tazas de azúcar 
  • 6 cucharadas (tbsp) o 90gr  de matequilla 
  • Ralladura de 2 limones
  • 1 huevo 
  • 2 yemas de huevo
Para el glaseado
  • 1/3 de taza (cup) de azúcar glas (o icing sugar)
  • 1 y 1/2 cucharaditas (tsp) de leche 



ELABORACIÓN

1. Precalienta el horno a 180 ºC

2. En un bol mezcla la harina, el bicarbonato y el azúcar.


3. Añade la mantequilla y desmenuzala con los dedos o con un tenedor hasta formar una especie de crumble.


4. Añade la rayadura de limón y las yemas de huevo. Mezcla bien hasta formar una pasta que no se pegue a las manos y sea facilmente moldeable en pequeñas bolitas. Quizá sea necesario añadir más harina para este propósito.



5. Forma pequeñas bolitias con las manos y colocalas en una bandeja de horno cubierta con papel de horno (se aplanarán durante el horneado). Hornea durante 10-15 minutos o hasta que comiencen a adquirir un tono dorado en la superficie.



6. Prepara el glaseado pra ello: mezcla el azúcar y la leche. Añade colorante si lo deseas. Reserva.


7. Deja que los pastelitos de limon se enfrien antes de decorarlas con el glaseado. Cuando esten listas. Mete el glaseado en una manga pastelera o bolsa de congelado y haz un pequeño orificio en la punta. Dibuja pequeñas rayas sobre los pastelitos y deja que se seque antes de servirlas.





{RECETA DE PASTELITOS DE LIMÓN DE TOM COLICCHIO}

INGREDIENTES
  • 1/2 cup de azúcar (115 gr)
  • 2 huevos L
  • 3 cucharadas + 1tsp de harina (34 gr)
  • Una pizca de sal
  • 2/3 de taza de buttermilk (o la misma cantidad de leche+ 2 cucharaditas (tsp) de zumo de limón)
  • Ralladura de 1 limón y 1/2

ELABORACIÓN

1. Precalienta el horno a 150ºC

2. Mezcla la leche con 2 cucharaditas de zumo de limón para formar una especie de buttermilk casero.

3. Cubre el interior de los ramekines con mantequilla y azúcar. Reserva.


4. En un bol mediano, bate las claras de huevo a punto de nieve. Reserva.



5. Por otra parte, tamiza la harina, el azúcar y la sal. Reserva.

6. Bate la leche (buttermilk) con el zumo de limón, las yemas de huevo y la rayadura de limón hasta formar una mezcla homogénea.




7. Añade la mezcla de harina tamizada poco a poco. Bate hasta que quede integrada y no más.


8. Con una espatula y con moviemientos envolventes, añade las claras de huevo a punto de nieve.


9. Rellena los ramekines hasta un poco más de la mitad. Colocalas sobre una bandeja honda y rellena el fondo con agua caliente (mejor directamente en la bandeja de horno para evitar accidentes). Cubre con papel de aluminio y hornea al baño María durante 25 minutos. Pasado ese tiempo deberían haber subido.


10. Hornea los pasteles durante 15 minutos más destapados, hasta que adquieran un tono dorado en la superfie. Sacalos y deja que reposen 10 minutos antes de desmoldar. (Es importante dejar que reposen para que la crema del fondo repose y se cuaje bien porque de lo contrario se demoronaría.)



Sé paciente o te pasará esto, estas avisado:



FUENTES

1. A feast of ice and fire (libro)
2. Castes and cooks, Tom Colicchios lemon cakes
3. Juego de tronos club, cómo prepara los pastelistos de limón de Game of Thrones
4. Gordipan, Juego de tronos, pastelitos de limón
5. Not your mommas cookie, Game of Thrones lemon cakes
6. The inn at the crossroads, lemon cakes
7. El cocinista, la comida de juego de tronos.