lunes, 9 de junio de 2014

Los famosos tomates verdes fritos de Whistle Stop Café




"¿Sabes la historia del lago que había aquí antes? Pues un mes de noviembre vino una bandada de patos y se posaron en el lago, la temperatura bajó tan deprisa que el lago se heló, entonces los patos se fueron volando y se llevaron el lago con ellos... dicen que ahora debe estar en algún lugar de Georgia."
Tomates verdes fritos

¿Quién, tras haber visto, llorado y reído "tomates verdes fritos", no ha deseado materializarse derrepente en la Georgia de Idgie y Ruth, tomar asiento en el pequeño café de Whistle Stop y comer sus famosos tomates verdes fritos? 

¿Quien no se ha acordado de la encantadora señora Evelyn y ha sentido el impulso de gritar "Towanda", al sufrir al sinvergüenza de turno en un parking o en un supermercado? 


¿Quién al enamorarse en verano no se ha sentido capaz de cualquier aventura y tan feliz como una persona persona enamorada puede llegar a estarlo? 


Es imposible ver tomates verdes fritos y no aprender nada o no sentirse inspirado para vivir "mejor" la vida. No es tan solo un canto a la cocina, a las mujeres y la vida sureña, también esta llena de lecciones emocionales, vidas que se entrecruzan y personajes imborrables. Es un película intensa, pero amena de las que no se olvidan. En los 136 minuto que dura trata todo lo que alguna vez fue importante: el amor, la amistad, la homosexualidad, el matrimonio, la maternidad, la madurez, la vejez, la menopausia, el racismo, la violencia de genero, el crimen, la enfermedad, la muerte, el duelo, la autoestima, la valentía, la desobediencia etc, etc. 

Para mi nunca es un mal momento para ver esta película y tampoco nunca es un mal momento para salir a comprar tomates verdes, freírlos en aceite y contagiarme del sabor del verano sureño.

Con más razón ahora que nunca pues tras una intensiva búsqueda de la mejor receta original de este plato creo haberlo encontrado en ésta que comparto hoy, que es... deliciosa. Mucho más de lo que cabría esperar de un plato tan humilde. La polenta y el el pan rallado crean una corteza crujiente como un barquillo, que al morderla estalla en la boca junto al tomate, tierno y caliente. Es verdaderamente un plato que se merece una película.




La única dificultad que tiene la receta, al menos para mi, es encontrar tomates verdes ya que, dónde yo vivo, se consideran incomestibles, nadie los quiere para nada y por tanto no se suelen vender. Afortunadamente ahora que el verano esta cerca y los tomates comienzan a brotar los supermercados se han llenado de tomates verdes y es fácil encontrarlos. 

La otra  dificultad es no dejar pasar mucho tiempo desde el momento de comprarlos al de freírlos pues los tomates maduran con bastante facilidad. Como se puede apreciar en la imagen inferior, uno de los tomates que yo compre en dos o tres días ya había madurado y había dejado de ser verde. Aún así, la receta queda muy bien también con tomates un poco más maduros o maduros si los secamos bien antes de rebozarlos. Yo lo suelo hacer así cuando encontrar tomates verdes es una odisea digna de otra película.



{RECETA DE TOMATES VERDES FRITOS}

INGREDIENTES
  • 3 tomates verdes* duros de tamaño medio
  • Sal (al gusto)
  • 1 taza de harina de trigo
  • Cayena molida (al gusto)
  • Pimienta negra molida (al gusto)
  • 1 taza de Buttermilk* o leche 
  • 1 huevo grande
  • 1/3 taza polenta amarilla*
  • 1/2 taza de pan rallado
  • 1/4 taza aceite de oliva o girasol.
  • Una cucharada de mantequilla (opcional)


PREPARACIÓN


1. Corta los tomates en rodajas gruesas de 1-1'5 cm y sazona con sal. (Yo los corto más finos porque los prefiero así). Deja reposar sobre papel absorbente. (La sal ayudará a que expulsen líquido).



2. Prepara 3 recipientes para el rebozado. En el primero pon la harina, la cayena y la pimienta negra. En el segundo la leche y el huevo. Y en el tercero el pan rallado y la polenta.


3. Calienta el aceite y la mantequilla. La mantequilla no es necesaria, pero dará a la corteza un sabor exquisito y un color particular.

4. Reboza los tomates primero en el bol de harina y cayena, después en el de leche y huevo, y finalmente en el de polenta y pan rallado.


5. Fríe los tomates en el aceite caliente hasta que adquieran un tono dorado . Cuando estén listos traspasalos a un plato cubierto con papel absorbente  para eliminar el exceso de aceite.

6. Sirve mientras estén calientes. Solos,  con salsa remoulade cajún*, con mayonesa con unas gotas de tabasco o con la salsa que más te guste. ¨(Es conveniente servirlos inmediatamente porque de lo contrario la humedad del tomate terminará por ablandar la corteza)


NOTAS

* No prescindas de la polenta realmente marcará la diferencia y hará que la corteza quede mucho más crujiente.

*Si no encuentras tomates verdes, puedes utilizar tomates más maduros, aunque ya no serían tomates verdes fritos. Si lo haces, procura elegir una variedad de tomate con la carne más compacta y seca posible. Yo lo he hecho y el resultado ha sido igual de exquisito.

*El Buttermilk o Suero de leche no es fácil de encontrar en supermercados pero elaborar, algo parecido en casa es muy sencillo. Necesitamos: 250 ml. de leche desnatada o semidesnatada y 1 cucharada de zumo de limón (15 ml.) Echamos el zumo de limón a la leche. Revolvemos y dejamos reposar durante 10 minutos a temperatura ambiente. Tendrá la apariencia de leche cortada o yogur muy líquido. Ésta es la textura que queremos obtener, la revolvemos otra vez y la utilizamos directamente, sin necesidad de colarlo. Para saber más ver:  ¿Cómo se hace Buttermilk casero?


*Para elaborar la salsa remoulade cajún necesitamos: Zumo de ½ limón, 1 taza de mayonesa, un poco de cebolleta picada, un poco de apio verde picado, ajo picado, perejil picado, 1 cucharada de mostaza antigua, 2 cucharadas de ketchup, un chorrito de salsa Perrins, pimentón, pimienta y si la queremos picante, un poquito de tabasco. Lo batimos todo con una batidora de mano, y lo metemos en la nevera.

1. Los tomates verdes fritos quedan muy bien también en tempura.