martes, 26 de mayo de 2015

El helado de chocolate que quieres cuando quieres helado de chocolate




Pleasing, milky chocolate with superior creaminess. Just like a bar of fine Swiss milk chocolate.

Todo el mundo sabe que Maitane ha comido suficiente helado cuando se sujeta la frente con sus pequeñas manitas de tres años  y empieza a sollozar "ama, min, min, min", que traducido del euskera sería, "ama, duele, duele, duele". A pesar de los disgustos que le da, a Maitane, le encanta el helado y cada vez que se menciona le empiezan a brillar los ojos como dos luciérnagas felices en una noche de verano.

Hace tiempo le hice un helado de fresa del que no estaba muy orgullosa y que ella lleva comiendo meses con una sonrisa de oreja oreja a pesar de que estuviese como una roca ya desde el principio Pensé que se merecía algo mejor para su tercer cumpleaños, más exactamente pensé que se merecía el mejor helado de chocolate del mundo.

Saqué entonces la heladera del fondo del armario en el que ha estado dormitando durante el invierno y teclee en google, no es broma, "el mejor helado de chocolate del mundo". Descubrí, como ya me temía, que en el mundo tenemos cientos de mejores helados de chocolate, lo que es estadísticamente imposible pero bastante lógico si consideramos que el mejor es siempre el que uno hace. Pase un tiempo considerable descartando candidatos a mejor helado y al final me decidí por uno de los helados de Jenny Britton Bauer, la reina del helado de Ohio y por extensión de los Estados Unidos.

Soy una persona bastante inocente en demasiadas cosas y no es raro que un titular lleno de superlativos me persuada con facilidad. Cosas como "el helado de chocolate más lechoso del mundo" (horrenda traducción que acabo de hacer del original "the milkiest chocolate ice-cream of the world") me hacen despertar de mi letargo primaveral, enfundarme el delantal y empezar a dejar a Willy Wonka a la altura del barro.


Admito que titulares como estos me la han metido doblada muchas veces, sin embargo, esta no es una de esas veces. El helado sabe de verdad como una tableta de chocolate con leche suizo del bueno" ("Just like a bar of fine Swiss milk chocolate") y es tan cremoso, fácil y tan aterradoramente bueno que después de hacerlo me compré el libro para hacer helados caseros de Jenny con la firme intención de hacerlos todos este verano. Porque aquí, aunque los pingüinos que se ven por la ventana indiquen lo contrario, no se acerca ningún invierno sino un precioso verano, con sus melones, sus albahacas, y sus maravillosos helados. Y yo, en cuanto mi libro cruce el charco, estaré más que preparada para abrazarlo.

El tema de echarle nubes de gominola (o malvaviscos, o marshmallows) y nueces es producto de una infancia sin resolver que recuerda con nostalgia aquellos 80 y 90 en los que los efectos especiales de Los Goonies eran lo máximo. No es posible que una persona de mi generación no haya querido 1. Ser un goonie. 2. Pulir cera con el señor Miyagi  3.  Que, por favor, Marco encuentre a su madre.


No voy a negar que he vuelto a ver Los Goonies una vez más comiendo este helado y que me he reído con Gordi mucho más que cuando era pequeña. Los clásicos, esto es cierto, nunca mueren. He preguntado a niños actuales si conocen La Historia de Willy el Tuerto y he recibido por respuesta un no altísono de cada uno de ellos. Algo se ha perdido hay, pero supongo que no debe estar nada mal ser un niño en la era Pixar tampoco. Y la vida sigue.

Los que sí la conocéis, sabréis lo mucho que le gustaba a Slooth el chocolate: "¿Chocolate? Quiero, quiero. Chocolate, chocolatina, quiero, quiero." Lo que es probable que no sepáis, yo al menos no lo sabía, es que el helado que le ofrece a Gordi en el sótano es un helado de chocolate con nubes y nueces conocido en los Estados Unidos como Rocky Road. 


El helado Rocky Road, ahí donde lo veis, es uno de los diez sabores preferidos de los consumidores estadounidenses. Ya comenté una vez anterior lo mucho que patinan los americanos con el tema de los marshmallows, se lo echan a todo, pero no fue hasta 1929 cuando decidieron añadírselo a los helado también. La idea, fue de William Dreyer, propietario de la empresa Dreyer's Grand Ice Cream Holdings, Inc, que decidió trasladar la combinación de ingredientes del caramelo de chocolate de su entonces compañero de negocios Edy (chocolate, marshmallow y nueces) a su helado. Cogió las tijeras de costura de su mujer un puñado de nueces y los añadió a su helado de chocolate. A la vista está que fue un éxito. Era el año del crac de Wall Street, y la empresa pensó que el nombre más apropiado para el dulce era "rocky road" segun dijeron la razón era dar a la gente "algo porque reír". En castellano, sin embargo, suena como el último helado que elegirías en una heladería: el helado carretera rocosa.


La verdad es que las nubes de gominola no son muy del agrado de mi paladar europeo pero el hecho de añadir gominola a un helado es algo que algunos niños tardarán en olvidar. La textura esponjosa y blandita de las gominolas contrasta con la cremosidad del helado y el carácter siempre adecuado de las nueces crujientes. Es una experiencia que solo podréis tener si lo hacéis en casa porque este helado es prácticamente imposible de encontrar en ningún otro lado aquí. Y aunque no sea por eso, y no necesitéis alimentar vuestra infancia con cursiladas como esta, yo os animo a que hagáis al menos el helado porque seguro que os encantará. Es cremoso, fresco y con un sabor a chocolate muy intenso. Justo como un helado de chocolate debería ser. 

Un amigo me comentaba el otro día que el chocolate de verdad es el chocolate con leche, porque, según sus cálculos, es el que más bueno esta. No entraré a discutir, aquí también, sobre cómo y de cuantas maneras es este argumento invalido y cómo es el chocolate negro, con más contenido de cacao, el chocolate de verdad, pero de la buena. Sé que muchos de vosotros estáis con mi amigo y creéis que los bombones de chocolate negro de las cajas de bombones están de adorno. Este helado es perfecto para todos vosotros. Porque aunque el sabor a chocolate del helado es intenso no presenta ni de lejos el ligero amargor de un buen chocolate negro. Este es el helado de chocolate perfecto para todo el mundo y uno que contentará tanto a los más pequeños como a los más quisquillosos. 

Espero que lo probéis y os guste tanto como a mi.

 

lunes, 18 de mayo de 2015

Guardianes de un sabor. El clásico, apolíneo e infalible bizcocho de yogur de mi ama




No podría seguir esta sección dedicada a los guardianes de sabores de mi alrededor con otra persona menos especial ni importante que mi madre y su clásico, exquisito, apolíneo, facilísimo e infalible bizcocho de yogur.

Mi madre hace este bizcocho con los ojos cerrados, de carrerilla y sin freno. Lo hace mientras guisa el pollo, habla por teléfono con mi amama y ve el secreto de puente viejo. Sin ninguna ceremonia y sin ninguna precaución. Ella se salta todos los pasos que se suele decir que son importantes para hacer un bizcocho. No bate primero los huevos, no tamiza la harina, abre el horno cuando le da la gana y desde luego que no espera a que el bizcocho se enfríe para comerlo. Y aun así, a pesar de ello, o gracias a ello, a ella le sale siempre impoluto, hasta el punto de que todo el mundo le acaba pidiendo la receta.

Yo que siempre me pongo un poco nerviosa al echar todos los ingredientes de golpe y rompiendo tantas reglas, intenté hacer su bizocho de yogur pero con todos los pasos que yo mi perfeccionismo creía que lo mejorarían. Monté los huevos con el azúcar, después añadí el aceite y el yogur con suavidad. Tamicé la harina, dos veces, porque así es como lo hacen los obsesos del control y porque así se añade más aire. El resultado fue esta calamidad:


Un wtf en toda regla. El  bizcocho, la verdad, es que estaba muy bueno pero daba pena verlo. Lo peor de todo fue que no conseguí mi parte favorita, y la caracteristica principal, del bizocho de mi madre, la abertura superior caramelizada y crujiente por la que todo el mundo se pelea. Puede que fuera solo un intento fallido, y que evidentemente se me olvido vigilarlo, pero lo cierto es que se me quitaron las ganas de profanar una receta que ya es perfecta de por si y no lo he vuelto hacer.

Si os preguntáis por qué hice dos bizcochos es que mi madre, los hace así. De dos en dos, en plural. Aunque ella  no paso la guerra su madre si que lo hizo y algo de ello debio calar hondo en ella porque su cocina esta planteada para acabar con el hambre en el mundo. Lo peor es que yo también empiezo a presentar síntomas de esta opulencia al cocinar, lo que al ver que he preparado sufieciente arroz para un año, siempre genera un comentario en tono sarcástico de mi padre que pregunta a ver a quien hemos invitado hoy a cenar.

Cuando estudiaba fuera, mi madre me solía meter el segundo bizcocho en la mochila envuelto en papel albal todos las semanas sin fallar una. Después cuando volvia a casa me decía que había adelgazado mucho y me metía otro bizcocho de manzana, mi favorito de entonces (porque ahora me cuesta solo verlo).


Si te gusta la repostería es casi imposible que no hayas hecho un bizcocho de yogur alguna vez. De hecho esta receta es el abc de la repostería casera. Es una bizcocho que sale siempre muy jugoso gracias al yogur y que gusta a todo el mundo. Es con toda seguridad el primer pastel que yo hice y mi primer affair realmente preocupante con mi horno. 

Si aún no lo has hecho debes saber  que esta es una de esas recetas que vas a hacer una y otra y otra vez y que se te quedará grabada en la memoria tanto como en el corazón. Te salvará de más de un apuro de último minuto, lo acabarás amoldando a tus gustos. Lo vestirás de fiesta cubriéndolo de chocolate y nata y soplarás velas de cumpleaños dispuestas sobre el. Lo mejor de todo es que lo puedes empezar a hacer ahora mismo porque, a no ser que seas alguien que vive de cosas que salen de una caja o no tengas horno, tienes todos los ingredientes que te hacen falta para hacerlo. Y digo yo que, ¿a qué esperas?. 

Espero que os guste tanto como a nosotros.




miércoles, 13 de mayo de 2015

El pollo agridulce para los que nunca harían pollo agridulce


 


Nunca me ha gustado la salsa agridulce y tampoco nunca he sentido que el mundo necesitara para nada el ketchup cuando ya hay salsa de tomate. Tengo que confesar que ni una sola vez de todas las veces que he ido a un restaurante chino he pedido nada que contuviese en su nombre la palabra agridulce. Siempre he apartado celosamente lo más lejos posible la salsa agridulce de mi rollito de primavera y la única vez que probé el cerdo agridulce, que más de una persona me ha presentado como su plato favorito, sentí, por ellos, algo cercano a la lástima.

Que yo precisamente comparta una receta de pollo agridulce es casi una ironía pero que además lo haga con la sensación de compartir una de las mejores cosas que he hecho últimamente es, para mi, el colmo. Sin embargo así es la vida, siempre nos sorprende, y de vez en cuando conviene renovarse porque de lo contrario uno puede llegar a no soportar estar dos minutos más consigo mismo. Conviene revisar los prejuicios, limpiar el armario, cortarse el pelo y dar una oportunidad a esas cosas que una vez creiste infames. Como esta receta de pollo que constituye, como ya he dicho, algo así como un cambio de paradigma en mi cocina. Otra cosa a la que le he dado una nueva oportunidad más de una vez es al Ulysses de James Joyce pero ese, a pesar de que me gusten los libros complicados, me sigue pareciendo infumable pasen los años que pasen.



No es ninguna tonteria superar al Sheldon Cooper que todos llevamos dentro y aceptar que uno puede a veces equivocarse y cambiar. Equivocarse con el camino que ha elegido, una tonteria que ha hecho, los zapatos que ha comprado, algo que ha dicho o equivocarse al pensar que porque algo no te haya gustado una vez tiene que seguir siendo así el resto de tu vida. Es necesario no tomarse tan en serio a uno mismo y dejar entrar el aire, el viento y la luz a ese pequeño rincón de autosuficiecia que quien más quien menos tenemos. Es importante tener siempre presente que ninguna persona lo sería si además no se contradijese a cada rato. Esa lección yo aún la sigo intentando aprender pero con este pollo lo he hecho más que bien.


El pollo agridulce es una versión del cerdo agridulce que a su vez es uno de los platos que nunca suele fallar en la carta de los restaurantes chinos occidentales. Parece ser que su origen se remonta al menos al siglo XVIII, en la provincia de Cantón. Entonces era un alimento reservado a las grandes familias de la zona del condado de Shunde. Fue durante el siglo XX, cuando este plato en concreto, y la gastronomía china en general, se dieron a conocer gracias a las poblaciones chinas que comenzaron a emigrar Estados Unidos y abrir allí sus restaurantes. Al comienzo ni siquiera se llamaba cerdo agridulce sino "chop suey", un nombre generico para platos que combinan carnes y verduras. 

Es un pollo extraordinariamente fácil de resolver que gusta a todo el mundo y además está listo en un santiamén. Esta es una de las cualidades que yo más admiro de la cocina asiática, la rapidez y simpleza con la que uno consigue un plato lleno de sabores, aromas y contrastes que además puede perfectamente funcionar como plato único y contentar a todos. 

Comparto esta receta con la firme convicción de que os gustará tanto como a nosotros. Espero que lo probéis y lo adaptéis a vuestro gusto.

{Con esta receta participo en el reto con premio de la comida lo primero}



viernes, 8 de mayo de 2015

Pollo satay tailandés con salsa picante de cacahuete. O elogio a un palo.





No sé si mucha gente es consciente de que cuando Arquimides dijo aquello de "dadme un punto de apoyo y moveré el mundo" se refería a que lo movería con un simple palo. Palanca lo llaman, pero no deja de ser un palo. ¿Sabía el niño del anuncio esto? ¿Era en esto en lo que pensaba cuando casi revienta de alegría cuando le regalaron el suyo? Nunca lo sabremos. 



Lo que sí sabemos es que damos por hecho los palos como damos por hecho los montes y las montañas. Parece que no nos interesan un rábano y sin embargo cada cada vez que alguien inventa algo ensartado en un palo el mundo enloquece. Primero las armas, la escoba y la fregona, después los caramelos  con palito, las piruletas de corazón, las gildas, las aceitunas con palillo de los martinis, los cake pops, los helados y por supuesto los pinchos morunos. Ahora esa locura de los palos para selfie. 



No parece haber nada ajeno a ser mejorado pinchándolo con un palo. Hasta los insultos mejoran en rotundidad cuando los pinchas con el "y una mierda pinchada en un palo".

Yo juraría que la misma carne de un pincho moruno ingerida sin pringarse ni siquiera un poco las manos ni mordisquearla cual castor pierde parte de su sabor y de su encanto. Puede que objetivamente la carne sea la misma pero forma parte del plato en sí y de la experiencia que se tiene del mismo todo el ritual que lo rodea.

Existen muchos rituales de este tipo en torno a la comida. El más claro quizá es el caso del chupa chups que no deja de ser un caramelo ensartado en un palo pero que, en realidad, es un caramelo que se come de manera muy distinta a los demás, pues el hecho de que venga con un palo permite sacárselo de la boca y comerlo más pausadamente además de ser un elemento lúdico que nos da licencia para jugar con la comida. 

Las oreos son otro ejemplo clásico de cuando el ritual es tan importante como el alimento en si. O ¿acaso no tienes tú una teoría de como se come correctamente una oreo? Puede que la abras en dos, puede que no, puede que la untes en leche, puede que no, puede que te la comas sin más (¿ pero cómo se te ocurre?).

¿Acaso sabe la coronita mejor por poner un limón en la boca de la botella? Seguramente no. ¿Es necesario? bueno sino no sería una coronita ¿verdad? .Y ¿qué decir de esta persona?, en serio, ¿qué le pasa?.


Tenemos muchas más opiniones sobre la correcta ingestión de la comida de las que pensamos. Yo al menos tengo un millón y además tengo una bastante clara. Cuando esta permitido comer con las manos, hay que comer con las manos. Y si la receta dice que debes pinchar la carne en un palo, debes pinchar la carne en un palo. Nada malo puede ocurrir si lo haces. Al contrario todo serán elogios y fiestas y banderines. Porque las el ser humano capaz de resistirse a una brocheta de pollo está aún por nacer.

El pollo satay es un aperitivo clásico y exquisito de la comida callejera de Indonesia y de otros países del Sureste Asiático. La carne, que también puede ser de cerdo, ternera, marisco etc, es marinada, espetada en pinchos de bambú y asada a la parrilla. Se suele servir con salsa de cacahuete y verduras. 

Esta versión de pollo satay que comparto hoy es una variante tailandesa del satay clásico. La he adaptado de distintas recetas como la de Rasa Malasya. Decidí hacer la versión tailandesa para dar otras salidas a la pasta de curry rojo que siempre tengo en casa desde que que descubrí el pollo al curry rojo. Creo que aún le haré algunas mejoras más a la receta pero como ha sido un éxito rotundo cada vez que la he hecho, hasta el punto de que nunca parece haber brochetas suficientes para todos, he decidido compartirla para que también vosotros podáis probarla. 

La salsa de cacahuete, por otro lado, merecería un capítulo aparte. Solo diré que un aficionado al cacahuete no debería morir sin probarla. Yo he descubierto además que me gusta más con el arroz que con el pollo. De hecho me gusta tanto con arroz que puede que pronto comparta algún invento con los dos. Tiempo al tiempo.

Espero que lo probéis y os guste tanto como a nosotros. Y si creéis que podéis mejorar la receta de alguna manera, o haceis el Satay de otra manera, no dudéis en contactar conmigo esteré encantada de aprender. 





{RECETA DE POLLO SATAY CON SALSA DE CACAHUETE}

INGREDIENTES
Para el pollo marinado
  • 180 ml de leche de coco (o de yogur) 
  • 1 cucharada (tbsp) de jengibre fresco rallado
  • 2 ajos machacados
  • 1 cucharadita de cúrcuma en polvo
  • 1 cucharada (tbsp) de pasta de curry rojo*
  • 1 cucharada (tbsp) de salsa de pescado*
  • 1 cucharada de aceite de sésamo (opcional)*
  • 1 cucharada de salsa de soja
  • 1 cucharada de sirope de agave (o azúcar moreno o miel)
  • El zumo de dos limas
  • 3-4 Pechugas o muslos de pollo cortado en tiras grandes
Para la salsa de cacahuete
  • 1/2 taza (125 gr) de mantequilla de cacahuete
  • 3/4 de taza (180 ml) de leche de coco
  • Zumo de una lima
  • 1 tbsp de pasta de curry rojo (2 si te gusta el picante)
  • 1 diente de ajo macahacado
  • 1 cucharada de azúcar moreno (o sirope de agave, o miel)
  • 1 cucharada de kecap manis (salsa de soja dulce o normal)
  • Sal (al gusto)
  • Agua (opcional)
  • Cilantro, albahaca o perejil


ELABORACIÓN


1. Prepara todos los ingredientes del marinado y mezclalos en un bol.





2. Echa el pollo dentro del marinado y remueve bien. Tapa el bol con film transparente y deja que repose en la nevera durante todo la noche o 24 horas. Si tienes mucha prisa, lo mínimo serán 2 horas.


3. Si vas a cocinar el pollo a la brasa, pon en remojo los palillos 10 minutos antes para evitar que se quemen.

4. Monta los pinchos ensartando las tiras de pollo, primero por uno de los extremos, seguido del centro y del otro extremo de forma que recuerden a un acordeón. Es importante hacerlo así para evitar qye se desmonten una vez cocinados. Descarta el marinado sobrante.




5. En una sartén antiadherente con un poco de aceite (o si tienes en una barbacoa mejor) y a fuego medio alto cocina los pinchos por los cuatro costados durante 5-10 minutos o hasta que todos los lados se hayan dorado bien y el pollo esté hecho. (Puedes hacerlos también al horno)


6. Para la salsa de cacahuete. La puedes preparar con días de antelación o mientras se hace el pollo. Para ello vierte todos los ingredientes excepto las hierbas frescas (si las utilizas) sobre una cazuela y cocina a fuego medio hasta que empiece a hervir. Prueba la sazón y haz los ajustes que creas convenientes. (Yo añadíi algo más de agua y de leche de coco para suavizarla un poco). Yo añadí albahaca fresca en hoja al final para dar a la salsa algo más de color y de frescor. Es totalmente opcional y puedes sustituirla por cilantro por ejemplo.










NOTAS

1. La pasta de curry rojo, salsa de pescado y el aceite de sésamo se encuentran con facilidad en tiendas especializadas en alimentación oriental. También en la sección internacional de algunos supermercados grandes o en internet. También lo puedes hacer en casa (instrucciones de cómo hacerlo abajo en la sección de notas) aunque para estas cantidades no muy rentable además de que es bastante más didicil encontrar los ingredientes que la pasta en sí. Si no tienes ni quieres comprarla ni hacerla, puedes sustituirla por 3 chalotas hechas puré, hierva limonerao lemongrass si tienes y/o curry en polvo.

2. Puedes hacer tu propia mantequilla de cacahuete casera con tan solo unos cacahuetes tostados y algo de aciete y sal. Puedes ver la receta que tengo en el blog pinchando aquí.






FUENTES
1. Food Network, Chicken satay with peanut sauce
2. Chow, Chicken satay with spicy peanut sauce
3. Rasa Malasya, Peanut sauce
4. Rasa Malsya, Thai chicken sate




jueves, 30 de abril de 2015

La lubina con refrito de kétchup y salsa de soja de Martín Berasategui





Al principio mi madre me miraba raro cuando echaba salsa de soja a mi parte del pescado y, aunque nunca me he sentido culpable por ello, si que pensaba que realmente iba en contra del dogma de la religión vasca hacer este tipo de mezclas y añadir especias o salsas "exóticas" a productos que, como se suele decir, ya son buenos de por si y no necesitan ninguna floritura. Aquí es a veces casi palpable la hostilidad de la gente cuando se mencionan productos como el jengibre, el curry o la salsa de soja y esta hostilidad adquiere su cota máxima cuando son utilizadas en platos tan tradicionales como el pescado a la parrilla. Pero las cosas están cambiando y aunque pensaba que era el perro verde del lugar, por echarle soja al pescado como los japoneses, el otro día vi en youtube a Martín Berasategui, alias 4 estrellas michelín y suprema autoridad de la nueva cocina vasca, haciendo esta receta y sinceramente me subió la moral arriba.

No es que me guste el pescado con soja, es que el pescado con salsa de soja y yo somos pareja. Siempre he pensado además que la salsa de soja es el Chanel Nº5 de la gastronomía. Vale para todo y la invito prácticamente a todas mis preparaciones. Cuando la añado al pescado normalmente lo hago directamente sobre mi plato como sustituto de la sal. La mezcla de la soja con ketchup la había probado en recetas de pollo, de carne y de arroz,  pero curiosamente nunca en una de pescado y la verdad es que no se me ocurre por qué. Aunque suene raro al principio, la unión de las dos salsas es una receta ganadora que es muy común en la gastronomía oriental. Es como si las dos hubieran nacido  la una para la otra, se complementan perfectamente. Una es alegre, ácida y dulce. La otra es seria, profunda y salada. Juntas forman una de las salsas agridulces más sutiles y diplomaticas que hay. 

Con lo de la soja Martín ya me había ganado, pero otra de las cosas que me animaron a hacer el plato es que la lubina se cocina a la plancha en una sartén en lugar de en el horno como es habitual. Lo mejor de esto es que el pescado adquiere la tonalidad de caramelo en la superficie, la costra, que es, siempre y en todas partes, lo mejor de cualquier cosa.



Aunque ya los romanos lo consideraban uno de los pescados más nobles, la lubina, no siempre ha sido tan sofisticada, festiva y cara como lo es hoy en día sino que, más bien, ha sido denostada durante mucho tiempo como una variedad sosa y como comida para enfermos. Parece ser que el culpable del renacer de la lubina, uno de ellos al menos, fue pedro Subijana, con su famosa lubina a la pimienta verde que preparó por primera vez en aquel Akelarre de entonces (1977-78), tan distinto al de ahora. Yo no la he probado pero por su aspecto lo haré imperativamente. Ya tengo preparada la receta. 

Lubina a la pimienta verde con emplatado viejuno


¿Inventó Subijana la lubina? No. Una de las recetas con más renombre internacional es la lubina en papillote, creada por el cocinero del Papa León III (s. VIII) y servida en la coronación del emperador Carlo Magno. Desde entonces los cocineros no han parado de crear platos con ella y hoy se pueden encontrar recetas con azafrán, hinojo pimienta verde tomillo, calvados algas salvia, menta, txakoli, estragón y hasta esta que traigo yo hoy.

Coronación de Carlomagno por el papa León III, Estancias del Vaticano, Rafael Sanzio

Como curiosidad del día decir que el nombre de la lubina viene del latín lupus que todo el mundo sabe, gracias a Hobbes ("Homo homini lupus") y a las clases de filosofia, que quiere decir lobo. La lubina es literalmente el lobo de mar (y por tanto Jack London estaba equivocado). No es ningún chiste, la lubina aunque es pequeña comparada con  un lobo o un tiburón también es muy voraz y rápida en el ataque. Además es omnivora, como nosotros, y sus presas son de todo tipo y condición. Se alimenta de crustáceos, pequeños pulpos o peces e incluso de algas y gusanos. Si le dieses pasteles quien sabe si se los comería también.

Otra cosa en la que se parece a nosotros los humanos, es que cuando se pesca una, la otra se queda días en el sitio esperando su regreso. Lo cual, sinceramente, da bastante pena.

Aunque esta completamente prohibido hacerlo, todavía hay desalmados que la pescan detonando explosivos al encontrar bancos ella. Por suerte la mayoría de pescadores no utilizan técnicas tan abusivas. Estos pescadores viven una vida difícil porque la lubina no debe ser una especie fácil de engañar ni de pescar. No sé si es por ello que la mayoría de lubinas que encontramos en la pescadería provienen de piscifactorías. 

Hace poco vi un vídeo que me gusto tanto que he decidido compartirlo solo porque tiene algo que ver y puede interesar a alguien. En el vídeo Dan Barber, un chef neoyorquino, cuenta la historia de cómo se enamoro de un pez. Un pez criado en el parque natural de Veta la Palma, España, donde se practica una agricultura sostenible que ojalá fuera más habitual de lo que es. Allí se crían las mejores lubinas de cultivos acuícolas del país y probablemente del mundo. (Ved el vídeo si os interesa, esta es inglés pero podéis activar los subtitutos en castellano si lo necesitas)




Aunque me hubiese gustado mi lubina no era oriunda de Veta la Palma, ni del medirterraneo, ni del atlántico, pero estaba muy buena también. Al hacerla cometí el error de utilizar salsa de soja oscura en lugar de clara. Lo hice porque se me había terminado la clara y es por eso que el pescado tiene un aspecto algo más negro de lo ideal. Como ya he dicho nos gustó mucho de todas maneras, y repetiremos seguro, pero si lo vas a hacer recuerda utilizar salsa de soja clara si puedes. Espero que os guste.