Cuando Xabi y Ana escuchan la palabra puré al preguntar por la cena se les agria la cara y se arrastran hacia la cocina como si les hubiesen atado los pies con unos grilletes muy pesados. A mis amigos de 12 y 9 años respectivamente el puré les produce sarpullido y no me creen cuando les digo que a mi me encanta. Lo que harían ellos con las calabazas que les trae su tío del huerto sería algo parecido a lo que hacen esos dos niños con las suyas. Ponerlas en fila y en exposición hasta el fin de los días.
Mi infancia fue otra. Para mi el puré representaba la paz. El único alimento a base de verdura que no terminaba en llanto y que comía sin rechistar. E incluso ahora que estoy dejando de ser aquella niña escrupulosa que fui conservo ese pacto secreto de amistad con el puré. Me gusta en casi todas sus variantes y formas y lo hago tantas veces como puedo.
Lo bueno de los purés es que además de ser saludables y estar deliciosos son extraordinariamente sencillos de hacer. De hecho un principiante en la cocina con aletas de foca en lugar de manos podría acabar haciendo un brebaje bastante respetable y terminar aficionándose a la cocina. Yo comencé mi andadura con el de calabacín de mi madre, el mejor del mundo, y a partir de ahí la cosa ha ido a más y más hasta llegar a este de calabaza tan exótico que comparto hoy.
Lo cierto es que rara vez sigo alguna receta cuando hago puré, suelo confiar en mi experiencia en la materia. Creo que así los hace todo el mundo y que por eso cada casa hace el puré de calabaza a su manera. Algunos lo hacen con caldo, otros con agua. Algunos lo hacen con nata, otros con leche, otros con queso. Hay quien lo anima con especias y quien se lleva las manos a la cabeza al escuchar mencionar las especias. En mi casa, desde que lo hago yo, el lema es el todo vale y por eso el puré nunca es el mismo, está, como todo en la vida, en constante periodo de prueba, en perpetuo ensayo y error.
La razón por la que comparto este y no otro puré de los que suelo hacer es que creo que no es una receta demasiado intuitiva para gente no familiarizada con la cocina tailandesa o con la cocina exótica y que realmente es un mezcla que merece la pena probar porque funciona tan bien como un reloj suizo. Quizá aquí, a las orillas del mar cantábrico, no sea normal mezclar la calabaza con curry y con leche de coco pero normal no es el adjetivo al que debería uno aspirar. Dijo Marilyn Monroe que ella "sólo quería ser maravillosa" y yo estoy de acuerdo ¿no es acaso lo que todo el mundo quiere? ¿incluso un simple puré de calabaza?.
Espero que reunáis la valentía, y deis una oportunidad a este puré sencillamente maravilloso de inspiración tailandesa. No os dejará indiferentes y animo especialmente a probarlo a aquellos enemigos férreos de las especias que comienzan a estornudar al mencionar el curry. Pensad en la salsa de tomate y lo mucho que mejoro cuando a alguien se le ocurrió que quizá con albahaca y orégano estaría más bueno. ¿Alguien se atreve hoy a negar que aquello fue algo menos que una idea maravillosa?
Sin más preámbulos os dejo la receta, espero que os guste.







