viernes, 5 de septiembre de 2014

Salmón al horno con costra aromatizada con lima y especias





Si hay una habilidad que nos defina como especie será probablemente nuestro don para complicarnos la vida. No hay en todo el reino animal nadie capaz de competir con nosotros. Somos los mejores.

Algunos dirán que me equivoco, que lo que nos define es el habla. Pero la lengua, la cultura, los zapatos de tacón, el aceite con sabor a agua del Kilimanjaro, los gin tonics con flores de atardecer en marte, la burocracia y el letargo de los domingos son todos parte de la misma cosa, nuestra sobresaliente capacidad para retorcer el rizo. Para ver en algo lo que no es. Para decir cosas como: "tengo alegre la tristeza" o "me moriré si no me compró ese vestido". Para pasar meses planeando unas vacaciones en el amazonas que te han costado un dineral y que no has disfrutado porque tienes fobia a los insectos y nunca habías visto hierba antes. Para pensar que, el cree que tu crees que ellos creen que nosotros creemos que tu crees que te complicas demasiado la vida.

Estamos solos en esto, pero debemos admitir que algunos animales lo hacen francamente bien. Muchos simplemente por imitación del maestro (léase: nosotros). Como los orangutanes de Borneo que no contentos con los árboles y la digestión decidieron un buen día dedicarse a la lavandería.



O los monos alcohólicos del Caribe, que ya lo eran antes de que los humanos montaran sus exóticos chiringuitos pero que han traspasado la barrera de chupar cañas de azúcar fermentadas y ahora se dedican a beber refinados mojitos, cubalibres y piñas coladas. Después de eso, a ver quien se contenta con el palo.




Pero el caso más grave es el del salmón. El salmón es un pez que se tomo muy a pecho aquello que dijo Robet Frost: 
"Dos caminos divergieron en un bosque,
Yo tomé el menos transitado,
Y eso ha representado toda la diferencia."

El salmón nace en el rio. Un mes más tarde ya ha preparado las maletas para comenzar su viaje corriente abajo hacia el mar. Viaje que dura siete años. Su estancia en las profundidades del mar dura tres o cuatro años más y cuando llega la época de desove este pez vuelve de nuevo a su patria en un viaje que no tendría sentido si no fuera porque conocemos ese sentimiento tan humano que es la nostalgia. Cual héroe de cuento, el pez nada a contracorriente por un río plagado de osos hambrientos, corrientes enfurecidas y todo tipo de obstáculos con la tenue esperanza de llegar con vida y encontrar una pareja con la que procrear y morir en paz. 

No es fácil ser un salmón. Quizá sea el pez que más se complica la vida del océano, y del rió. Si tuviera alas probablemente subiría a lo alto del Everest a incubar los huevos. Es un inconformista. Es el hipster de los peces. 



Curiosamente el salmón es el pez menos complicado de cocinar del mundo. El sólo se basta. El salmón a la plancha es perfecto tan sólo con un poco de sal y pimienta, ni siquiera necesita aceite. Lo mismo al horno y a la parrilla. En casa nos gusta hacerlo en la sartén. Poco hecho y con fuego alto para que el exterior quede tostado y perfecto. 

Pero a veces es bueno cambiar. Y desde hace un tiempo estoy interesada en encontrar una manera de cocinar y combinar este pescado. Una de ellas es esta receta que ha resultado estar a la altura y ser lo suficientemente buena como para querer compartirla. Para hacerla me he inspirado en la receta de salmón con costra de naranja y parmesano de gastronomía y cía, pero la he adaptado un poco (bastante) con cosas que he visto por red y algunos toques personales.

El resultado es un salmón jugoso, aunque no tanto como en la sartén, con una costra crujiente y deliciosa que complementa perfectamente al pescado y le da ese manto de glamour que se merece.



{RECETA DE SALMÓN AL HORNO CON COSTRA AROMATIZADA}

INGREDIENTES
  • 4 lomos de salmón frescos
  • 40 gr de panko (o miga de pan seca desmenuzada)
  • Ralladura de una lima (u otro cítrico)
  • 1/2 cucharadita de ajo en polvo
  • 1/2 cucharadita de cebolla picada seca
  • 1/4 de cucharadita de jengibre en polvo
  • 1/2 cucharadita de eneldo
  • 1-2 cucharadas de perejil fresco picado
  • Una pizca de cayena molida
  • 50 gr de aceite de oliva
  • Una pizca de sal (o 15 gr de queso parmesano)
  • Mostaza
  • Pimienta negra molida
  • Sal



PREPARACIÓN

1. Precalienta el horno a 210ºC. Calor arriba y abajo. Cubre una bandeja de horno con papel de horno o papel de aluminio y pincela con aceite.

2. En un bol mediano, mezcla el panko con la ralladura y las especias (ajo, cebolla, jengibre, eneldo, perejil y cayena). Añade el aceite poco a poco hasta que la mezcla que se una al presionarla con los dedos. Quizá no sea necesario añadir todo el aceite ya que no es interesante que quede encharcada.



3. Limpia y quita las espinas, si las tubiera, al salmón. Después seca los lomos con papel de cocina.

4. Coloca el pescado sobre la bandeja de horno y salpimenta al gusto. Pincela los lomos con mostaza. (La mostaza servirá de pegamento y además dara aportara un extra de sabor)


5. Cubre los lomos con la mezcla de panko y presiona ligeramente.


6. Hornea, bajo el grill, durante 15 minutos. (El tiempo dependerá de cómo de hecho te guste el pescado).

7. Sirve.


NOTAS

1. Si no tienes o lo prefieres puedes sustituir la cebolla seca por cebolla, cebolleta o chalota picada. También puedes adaptar las especias al gusto, añadir 15 gr de almendra picada etc.

2. El panko es una especie de pan rallado japonés. Se puede encontrar con facilidad en tiendas de productos orientales o japoneses y en algunos supermercados.


FUENTES

1. Gastronomia y cía, Salmón al horno con costra de naranja y parmesano